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«Subí con curioso entusiasmo, como siempre, hacia el altillo poético de la librería Ojanguren, uno de esos días en los que Lloviedo hace honor a su nombre más íntimo, y unos minutos después aquel tranquilo orbayo exterior se había transformado en un brusco, radiante y desapacible aguacero.

Abrir libros al azar tuvo siempre ese riesgo. Y un culpable esta vez con nombre y título en mis manos. Un desconocido Alberto Vega y un Memoria de la noche en el que creí encontrar la confirmación de que algo distinto estaba empezando a ocurrir en el panorama poético de aquellos primeros años ochenta. Por eso, lo desapacible de pronto del día en su sentido más literal. En su sentido más hermoso, más poético también. Unos versos que agitaban el corazón de aquel lector al azar.

Veinticinco años después, o un siglo después, o tanto tiempo después, a secas, y que cada uno ponga aquí la medida, el armario o las ventanas de sus cuartos crecientes, aquel autor alcanza su particular Plenilunio al reunirse ahora en un tomo imprescindible la totalidad de una obra que vararía después de aquella inicial Memoria, en títulos tan emblemáticos como Cuaderno de la ciudad, La luz usada o Historia de un nudo, por citar tan sólo tres desapacibles vetas de una obra cuyos títulos sirven por sí solos para intuir la fuerza ámbar y la verde o roja intemperie sucesiva de un poeta de la ciudad y para la ciudad, entendida ésta, por supuesto, en su sentido más simbólico e interior. O sea, el de la vida misma. Ese semáforo roto.

Porque Alberto Vega, poeta desde la experiencia más viva, poeta entrometido hasta las entrañas más profundas de todas aquellas superficies —grandes y pequeñas— que habitó con los ojos abiertos de sus palabras, habló siempre en sus versos de las cosas que pasan y los días que no ocurren, consciente de que no hay realidad sin imaginación, ni sueño remoto que no pueda viajar sentado de pronto en el asiento de al lado del tren o el autobús de cada mañana.

Que todos estos versos lo sean ahora a título póstumo, porque Alberto Vega (Langreo, 1956-2006) se viera abocado a encender antes de tiempo el largo cigarrillo de la muerte, es tan sólo un dato biográfico más, ajeno por entero a una columna que sólo lo será en esta ocasión, como aquel primer día, de llovida y radiante celebración porque los versos de uno de los poetas esenciales de los últimos tiempos están ahora a nuestro alcance en esta cuidadísima edición confeccionada con mimo y exigencia por sus amigos poetas del grupo Luna de Abajo —Miguel Munárriz, Ricardo Labra, Noelí Puente y Helios Pandiella— y porque el corazón de seres irrepetibles como Alberto Vega puede pararse, pero nunca muere…»

Fernando Beltrán

***

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↑Presentación de la tercera edición corregida y aumentada de Guía para un encuentro con Ángel González, en el Club Prensa Asturiana de La Nueva España (Oviedo). Esta presentación formó parte del programa de actos de las jornadas Ángel González en la generación del 50. Diálogo con los poetas de la experiencia que Tribuna Ciudadana de Oviedo organizó los días 7 y 8 de noviembre de 1997. De izquierda a derecha, Noelí Puente, Alberto Vega, Ángel González, Ricardo Labra, Miguel Munárriz, Helios Pandiella y Fernando Beltrán. Arriba, Fernando Beltrán en primer plano, abre el acto. Abajo, Alberto Vega en un momento de su intervención. (Fotografías: Luisma Murias)

•••

Un año antes de fallecer Alberto Vega (2006), el 28 de junio de 2005 se presentaba en la Casa de Cultura de La Felguera (Asturias) su libro Estudio melódico del grito, editado por Visor. El acto, en el que participaron, por deseo del propio Alberto, sus compañeros de Luna de Abajo Ricardo Labra, Miguel Munárriz, Noelí Puente y Helios Pandiella, estuvo organizado por la Asociación Cauce del Nalón que preside Francisco Villar, referente ineludible de organización ciudadana en el actual Valle del Nalón.

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↑En la mesa, presentando Estudio melódico del grito, Alberto Vega en el centro, acompañado por Ricardo Labra, Helios Pandiella Noelí Puente y Miguel Munárriz (fotografía de Fernando Castro). [Ampliar]

En esa fecha, a Cauce del Nalón le faltaban unos meses para cumplir diez años de actividad y en la memoria editada posteriormente con motivo de este décimo aniversario, le tocó a Ricardo Labra hacer un repaso de las actividades poéticas organizadas por la asociación. De la presentación del libro de Albero Vega y de su poesía, escribió lo que sigue:

«De todos los actos poéticos organizados por Cauce en estos diez años, puede que el más destacado y emotivo haya sido la presentación del libro de Alberto Vega Estudio melódico del grito, celebrado el 28 de junio de 2005, en la Casa de la Cultura de la Felguera. Esta presentación estuvo llena de profundos significados. Fue un acto definitivo para Alberto Vega, que ya no está con nosotros, para Luna de Abajo, que ya nunca volverá a reunirse de nuevo, para sus familiares, amigos, lectores y seguidores. Alberto Vega ha sido un poeta germinativo y fundamental para este valle, al que puso en hora poética, en el minuto exacto del vendaval estético de estos últimos años. Inteligente, sensitivo y hermético, salvo con las palabras más esenciales y necesarias, Alberto Vega trazó una obra unitaria en la que late con fuerza un personaje urbano, un antihéroe de la epopeya humana en la que estamos inmersos, lleno de valores, de solidaridad, de bonhomía. Alberto agita en sus versos la rabia de un mundo adocenado y en sordina, con la intención de restablecer, aunque sea por un instante, las dignidades perdidas y los sueños rotos. Su poesía es un canto de juventud, tan viejo como la juventud, tan joven como el mundo que se abre en nuestros ojos cada día como una página no hoyada. Sus noches y sus lunas, sus gatos y sus aceras, preludian la otra realidad, la única que puede modificar las cosas y acaso redimirnos o salvarnos de un vulgar destino escrito por la mano espuria de los convencionalismos castradores. Alberto Vega no precisó salir de esta comarca para escribir una obra de interés universal. Su ciudad es cualquier ciudad, por eso su ciudad es Langreo. El tiempo siempre corre a favor de los buenos poetas, y Alberto Vega no hará más que crecer en la valoración de su poesía. Su obra es un legado para todos nosotros.»

***

Poeta en sol menor

Cuando era un enano, feliz y despeinado,
antes del buenas noches o el beso de mi madre
tenía la costumbre de arrugar las tardes,
para meterlas al abrigo de mi cama
de contrabando, en una manga del pijama.

Me demoraba luego en el umbral del sueño
desplegando de nuevo el mapa de sus horas,
reviviendo a mi modo los dones de ese día
—la cita con charito, el gol de la victoria—
con una sonrisa ancha de párpados cerrados.

Siempre a la luz oscura del silencio.

También recuerdo que tendía los agravios,
las afrentas, las ofensas, los muchos ninguneos
a un sol menor al que llamaba olvido.

Lo malo, lo peor, es que a esta fecha
aún no han secado del todo y apenas los sacudo
salpican mi memoria, mis lentes, mis poemas…

***

Puerto Paula

En ocasiones, con más humor que morbo
y sin nada en qué pensar, útil o provechoso,
así, como quien cursa
una imposible instancia a las alturas,
me demoro eligiendo un final para mi suerte,
la última secuencia de mi propia existencia.

Quiero dejarlo escrito: en ese trance siempre
la resaca de tu cuerpo me arrastra sin remedio
y sonrío lascivo y acabo deseando
morir frente a tus costas, compañera.
Desnudo como un náufrago en tus playas,
extraviado y feliz en nuestro mar de sábanas.

***

Quizás un corazón recoja lluvia

Probablemente buceando en mi escritorio
halle las letras o, no sé, las claves
de un nuevo y sumergido abecedario.

Tal vez en el fondo del vaso largo
de gin con agua tónica
o en la página cien de los libros más cercanos,
aquellos que al abrirlos cada día
crecen al ritmo de tu propia historia.

Quizá ni estén en este cuarto, han de traer
el aroma cabal de lo que ya no es
o el presagio futuro de lo que aún no ha sido.

Unas palabras, encontrar tan sólo unas palabras
y dirigirlas a todos y a cualquiera.
Pero de uno en uno: irrepetibles y secretas…

***

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↑Con Ángel González el 30 de mayo de 2005, en la cena de Casa Adela en Lada (Langreo, Asturias), posterior a un encuentro con el poeta organizado por Cauce y un mes antes de la presentación de Estudio melódico del grito, de Alberto Vega. De izquierda a derecha, de pie: Noelí Puente, Helios Pandiella, Ángel González, Fernanda Burón; sentados: Paula Granados, Alberto Vega y Ricardo Labra. [Ampliar]

***

Manifiesto

La palabra es muy útil, mas no sirve
para fertilizar el sexo de una espiga.
Sólo cuando roncan borrachos de fortuna
sueñan los gatos negros con números trece.

Las canciones más tristes anidan
sólo en algunas noches.

Lo malo del presente es que vivimos
grapados al dossier de los recuerdos.

Aunque fundar poemas reinventa su inventario
y abrasa un sol por venir, mientras le dibujamos
zapatos a los árboles, alas a los vasos,
puntiagudos violines al ruido del silencio…

***

Isla Tabarca

Según vendía el folleto de la agencia de viajes
aquellas calas, breves y escarpadas,
habían sido refugio de piratas
que hace siglos asolaron las costas que ahora son
residencia estival de sus tataranietos.

Yo estaba enmimismado, reactivando
lecturas juveniles (defoe, salgari, stevenson…),
ellas, a unos metros, jugaban desnudas a las palas
y de cuando en cuando se vestían de mar,
coronaban sus gracias de espuma y luz salada.

Apagué la sombrilla, encendí un ducados,
tras sacudir la toalla y replegar el diario
me alejé derrotado, silbando distraído
la balada más hermosa y amarga
escrita, en horas bajas, por un tal leonard cohen…

(La ausencia era la única arma posible
contra el supremo arsenal de sus cuerpos.)

***

Elecciones en el purgatorio

Antes no era distinto: los políticos,
cautelosos y limpios como gatos domésticos,
ya ocultaban su mierda entre nuestras cenizas.
Pero este tiempo de eurodólares enfermos
es bastante más cutre, más canalla.

Me salva el hecho —y cito textualmente
unas líneas a las que siempre vuelvo—
de que me gusten tanto los domingos mingos
y, muchísimo más, los martes mates,
besar sus pechos (sí, besar tus pechos),
echarme en su regazo y despeinarme.

He aparcado mi esperanza en doble fila,
me finjo un buen gregario y me demoro
sin rumbo ni sentido por las calles.
Y deposito en la urna de cada papelera
el inútil y abstracto voto en blanco de mi nadie.

***

Economía de medios (mejor: de miedos)

A veces suena el timbre del teléfono
y entra en casa el cartero, disfrazado de fax.

No le presto atención, mas algo en mi interior
me dice que una noche vendrá Dios
a cobrar la demora en la hipoteca de mi vida
simulando que me trae la cerveza y las pizzas
o un recibo impagado de la empresa del gas.

Entonces hará frío, será tarde
y en toda la ciudad no habrá un maldito
Banco de Horas abierto que me avale.

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↑Viñeta de la cubierta de Estudio melódico del grito. [Ampliar]

***
• Alverto Vega: Estudio melódico del grito
Colección Visor de Poesía, n.º 591
• Visor, 2005 (ISBN: 84-7522-591-8)
• 56 páginas.

***



Plenilunio

Roza pues con tus labios el dormido
pubis de la luna,
embriágate de lúbricas mareas,
azul bajo los astros, efímero, insaciable
recobra tus caminos, vuela o calla.

Neblina sigilosa o beso errante
vuélcate sin cuidado, sé tú mismo,
cabalga en el espacio que ambicionas
para tu suerte próxima
a lomos de una estrella incontenible.

Tendrás la llave de todo paraíso.

Cuesta un sueño abrazarse a los orígenes.

***

En 1981 Alberto Vega y yo pusimos en marcha la editorial Plenilunio, nombre elegido por Alberto. Memoria de la noche (1981) es el único libro editado bajo esta marca (el primero fue Brisas ligeras, en 1980, publicado como edición de autor) antes de ser impugnada administrativamente por su similitud con otra ya registrada. «Plenilunio» es también el título de uno de los poemas de Memoria de la noche y, gracias a Ricardo Labra, que lo supo ver de manera inmediata, el del libro que recopila toda su obra, Alberto Vega. Plenilunio (obra completa 1980-2005).

«Cuesta un sueño abrazarse a los orígenes», el último verso del poema, resultó premonitorio.

Borges nos daría la pista con su Luna de enfrente para reiniciar la aventura como Luna de Abajo, en 1982, con la decisiva colaboración de Álvaro Díaz Huici, editor de referencia (y amigo para siempre) al frente de su entonces ya mítica colección Aeda de poesía. Pero esto ya es otra historia.

Memoria de la noche consta de tres partes, «I. Memoria de la noche», «II. Signos de amor y muerte» y «III. Fatalidades». Cada una de ellas lleva una portadilla con el dibujo de una escalera exterior que da a una vieja casa, el mismo espacio escénico en el que se representan diferentes motivos y que se reproduce solitario en la cubierta del libro.

Helios Pandiella

***
De «I. Memoria de la noche»:

Noches: panteras del recuerdo

Pudieran ser
montañas vertebradas o infinitas
arenas de un reloj,

sombras desnudas que a tientas agolparan
gestos y miradas anteriores
a su regreso álgido y confuso.

Innumerablemente me abandono
a sus múltiples huellas:

ciertas noches vividas aún me turban,
como panteras inquietantes del recuerdo
vibran bajo las formas del poema.

***

Nocturno

Esos días son reptiles que te asaltan.

Y vuelves, tú lo sabes, desgarrado,
con esa llama sutil de interrogantes
bailándote en los ojos.

Y apartas los libros casi a manotazos
—fiebre, ginebra insomne,
música helada y sábanas de olvido—.

Y te hundes en la noche de tu cuarto
atroz y solitario
como un perro que se lame los testículos.

***

El texto que sigue aparecíó escrito en las solapas de Memoria de la noche y es de Eugenio Torrecilla, alma de la tertulia literaria de Langreo y de alguna forma maestro admirado por la generación del poeta:

«Con esta nueva entrega, esa voz de la noche que es el verso de Alberto Vega vuelve a dejarse oír. Ya su libro anterior, mejor que Brisas ligeras, título engañoso y excesivamente modesto, podía haberse llamado muy bien «Fuego nocturno», porque entre sus sombras —y abundan en él las sombras— crepita la llama que devora al poeta. Desvelado por frustraciones muy hondas (los sueños de la vigilia, alimentados por el ideal —esa «suelta llama del fuego» que prende en los corazones jóvenes— son difíciles de cumplir y dejan en el ánimo un regusto amargo) Alberto Vega parecía rehuir la confrontación del día y refugiarse en las tinieblas. «Y fue la noche suficiente cómplice», leíamos en el prólogo del libro, cuyo poema inicial repetía: «Vidas imposibles / cabalgando / la cintura de la noche».

De la continuidad de su tránsito por esa oscuridad propicia, nos da referencia ahora en Memoria de la noche. Y entre la algarabía confusa que nos despierta a los plácidos burgueses, por encima de «el ruido y la furia» desatados por los muchachos que cruzan bajo nuestras ventanas arrastrando «la pobre loba» de su juventud —que decía Machado— llega de nuevo esta voz articulada y precisa, intérprete del clamor de estos «ciudadanos de la noche / pálidos restos de luna y marihuana» cuyo paso nos inquieta. En la poética que abre el libro, deja bien claro su propósito de «ahondar en el grito ritual» y bucear en el «infortunio colectivo», traduciendo aquel grito en «equivalencias literarias».

Debe el lector, por tanto, hacer un esfuerzo y descifrar el mensaje de una generación incomprendida que le llega en estos versos.

Hay desencanto en el presente Memoria, hay rabia contenida. Son noches sin lunas decorativas las de Alberto Vega, aunque en ellas clarea el consuelo humano del amor —si bien amor y muerte van ligados en el título de uno de los tres capítulos que componen el tomo.

Le es difícil a nuestro poeta encontrar su camino vital en la oscuridad. Por algo acude a estos versos de García Lorca para reunir el primer grupo de poemas: «He visto que las cosas / cuando buscan su curso encuentran su vacío».

Se trata del vacío existencial que se extiende ante el hombre, más allá de la zanja donde yacen las ilusiones. La lucidez engendra desiertos, pero aún en ellos existe un caudal de agua subterránea que se manifiesta en la maravilla de los espejismos. Y es necesario avanzar sobre la arena estéril, o entre las sombras, avanzar siempre con un sueño en la mente. «Sueña el árbol…» ¿Cómo no ha de soñar el hombre, «sombra incierta cobijada / bajo sueños…»? Efectivamente, Alberto Vega, «así el hombre».

***

De «II. Signos de amor y muerte»:

III. Rito

No, no hay nada aquí
(o apenas un constante desatino).
Nada en el cuarto:
únicamente el mundo que se agolpa.

(Nosotros, una gota que desborda
la música del vaso.
Auténticos al menos si libres la quimera.
Nosotros, conciencia de los necios
que fingen y envejecen
en tanto apuestan la derrota de su vida
a una carta marcada por la dueña costumbre).

No hay geometrías, ni lazos, ni verdades,
ni paraísos líquidos, ni huellas.
Tan sólo un cuerpo, un ser tan sólo,
despoblado, mar de dos, forjado a tientas.

***

VI. Fin

Piensa en quien así habla,
sólo un hombre
o soberbio mendigo, voz resuelta
que llama pan al lecho y aborrece
las horas destempladas como flechas,

que se embriaga de sol y de aguacero
tras el paisaje de la hembra luminosa
en esas noches absolutas y confusas,
plenas de libertad y encrucijadas,
decrépitas de estrellas, gritos, almas.

(Y mirabas al techo y te decía:
en amor nos embarcamos ciegamente
para eludir nuestra esclava condición
de hombres atravesados por la urgencia
de lo que no poseemos…)

***

De «III. Fatalidades»:

Así el hombre

Sueña el árbol en su trono solitario
un capricho de trinos y alamedas.
Las ciudades con un soplo de azahares.

La vieja luna besa
el delicado cuello de los cisnes.
Araña tierra seca el vertebrado rayo.

Brama el toro, se miente
nacido para el asta de su fuerza.
La errante nave ondea su esperanza imbatida.

Así el hombre:
sombra incierta cobijada
bajo sueños,
pasiones pa pasiones
pasiopasiopasiopasioy megalomanías.

***

Legado del buen suicida

«Su ritmo se quebró, mi voz abriga
ladridos de silencio.

Lo confieso, ya no estoy enamorado
de la canción aquella que os decía,
si en mis labios duelen versos de infortunio
sabed que los leí de vuestros ojos.

Amargo fin de mis híbridas pasiones,
de mis gentiles máscaras,
de todo
lo que fuera tan mío y tan ajeno…

Si en mis labios duelen versos de infortunio
también en vuestros ojos, también en vuestros ojos».

***
Característcas:
• Año 1981 (ISBN: 84-300-5325-5)
• 15 x 21 cm, 48 páginas.
• Impreso a una tinta.
• Tirada: 1.000 ejemplares.
• [Agotado]

***

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El Ayuntamiento de Langreo, con María Esther Díaz García de alcaldesa, ha tenido el acierto de editar, a propuesta de la asociación Cauce del Nalón presidida por Francisco Villar, el libro Alberto Vega. Plenilunio (obra completa 1980-2005) que recopila toda la poesía del langreano Alberto Vega (1956-2005). Una iniciativa que constituye un doble reconocimiento y homenaje al que es un importante poeta español contemporáneo y al que fuera empleado municipal, responsable del Área de Cultura y Juventud del Ayuntamiento de Langreo desde 1985 e impulsor de numerosos proyectos culturales.

En su edición hemos participado sus compañeros de Luna de Abajo Ricardo Labra, Miguel Munárriz, Noelí Puente y Helios Pandiella. Luna de Abajo figura como marca editorial en el libro.

A continuación, cuatro fragmentos de los textos introductorios escritos por cada uno de nosotros para el libro, intercalados con poemas que Alberto nos dedicó en diferentes entregas poéticas.

***
El título Plenilunio de esta recopilación de la obra de Alberto Vega, lo explica Ricardo Labra:

[…] «Plenilunio no es un facsímile de los libros de Alberto Vega, pero sí contiene cada uno de sus poemas, de sus palabras, de sus guiños y destellos, para que de sus páginas surjan las lecturas sosegadas, las antologías temáticas y los estudios críticos que pongan en valor su valiosa obra.

El título de esta recopilación, Plenilunio, lo puso el propio Vega con la intención de nombrar a una editorial de poesía, sin saber que en aquel momento le estaba poniendo nombre a su obra poética. ¿Quién podía saberlo entonces? Al realizar las últimas correcciones del libro nos hemos dado cuenta de ello, por eso, con emoción, se lo devolvemos.» […]

***
Centro

para Ricardo

Hay un sabor a nada en cada trago,
en cada gesto avanza una prisa sin olas,
sin sentido los pájaros
sobrevuelan la luz roja de un semáforo,

fruta imposible y vana. Crece un canto
de peces de latón y hojas enfermas
en oídos abstractos,
un rumor a hombre solo por debajo del ruido.

Yo camino despacio

(Es decir, estoy vivo).

De Cuaderno de la Ciudad (1984)

***
Noelí Puente:

[…] «Un poeta local y universal a la vez. Local porque muchos de sus poemas se desarrollan en un paisaje físico que reconocemos, en una ciudad que es la nuestra, nuestra cuenca, nuestra Felguera. Y universal porque a la vez trasciende esos límites físicos y ese espacio se convierte en la ciudad que cada lector lleva dentro, encuéntrese éste en La Felguera o en Madrid, en Sevilla o en Nueva York. Es un poeta moderno, en el sentido bodeleriano, que deja meridianamente clara su actitud ética en cada uno de sus poemas. Una clase de poeta que demuestra cómo escribir verdadera poesía no es un ejercicio de bibliografía aplicada, sino un acto de talento creador cruzado con la vida.» […]

***
Día martes no trece

Con Noelí Puente

Era incapaz de escribir una palabra
ese martes cualquiera que refiero.

Era un martes —ya dije— como otro cualquiera,
si al menos fuera lunes —me dije— qué sencillo
culparle del asunto: Quién no sabe
que es un día nefasto y sin ningún prestigio.

Era un ir y venir de pensamientos romos
tras la castrada lujuria de las letras,
una trampa tendida en lo más hondo:
Allí donde no reina más que el tedio

(Era el silencio quien rondaba por mi casa,
quien se acercaba de puntillas a mis versos)

De Historia de un nudo (1992)

***
Miguel Munárriz:

«[…] Si la poesía moderna y la modernidad existe por Baudelaire tú también has inventado esa ciudad cosmopolita en la que nunca viviste y le aceleraste el corazón y la convertiste en ti mismo y peleaste en ella la palabra aristocrática y esbelta con el vulgo apestoso y maloliente del crimen. Inventaste como él los dominios excelsos de la poesía que sube del infierno y busca la protección del Ángel, el tiempo perdido y recobrado por la voz que redime la poesía. […]»

***
Perfume de una flor pisada en las aceras

Con Miguel Munárriz

Demasiadas aceras, hemos visto
cruzar miles de rostros
anónimos en busca de un pensamiento claro.

Podría cambiar todo
si existiera un dios cercano y bondadoso
en la ciudad del agobio y la costumbre.

Podría cambiar todo
al embriagarnos de gestos y palabras
si no sabe ya el vino más que a niebla

(Al descubrir que ser feliz no estriba
en hacer únicamente lo que quieres,
sino en querer simplemente lo que haces).

De Historia de un nudo (1992)

***
Helios Pandiella:

[…] Alberto decía que el poeta es un «solitario solidario», un defensor de lo inútil, «aquello que no tiene valor de cambio en una sociedad instrumentalizada», solidario con «la soledad de fondo de cada hombre». Razones éticas y estéticas profundas con las que explicaba su vocación y dedicación a la poesía que, para un descreído como yo, no avalan por sí mismas al buen poeta. Y Alberto es un buen poeta, universal, las cualidades de su poesía se deben únicamente a su personal voz, a su intransferible manera de decir; por lo que nunca precisó una oficina de política lingüística para existir. Buen poeta no porque quiso, sino porque pudo.

***
Trama

para Helios

Al norte del recuerdo cuántas horas
de fatigar aceras…

Qué niño fuimos, qué dibujo de tiza
lentamente se borra de los muros,
dónde la adolescente imaginada
como un beso profundo entre dos sueños,
o es acaso mentira que solíamos
de bar en bar desalojar el miedo
y alzar guitarras contra el aire clandestino,
que todos los caminos se incendiaron
para nosotros de falsos paraísos
y luego el duro golpe de un cuerpo despoblado…

Tal vez es la ciudad quien nos inventa
y a su capricho traza nuestras vidas
como intrincados signos de su propia historia.

De Cuaderno de la Ciudad (1984)

***
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Y el poema que cierra su último libro Estudio melódico del grito (Visor, 2005):

Un soneto disonante

No quisiera morirme sin haber vivido,
sin haber exprimido el zumo de mis horas.
Como quien rompe un acta levantado a solas
multiplico por cero las cifras del destino.

Siempre olvido el paraguas en el bar,
el sombrero del tiempo sobre mi cabeza.
Algunos días grises me inyecto en las arterias
la gota que rebosa el vaso del azar.

Deshilvanados trazos de rimas arrimadas.
Balas que silban a espaldas del presente.
Fronteras transgredidas con pasaporte falso.

Soy transparente a la luz de la memoria.
Vuelvo a calzar los pasos en mis zapatos viejos.
Y lamo las heridas del tiempo en estos versos…

***
Características:
• 15,5 x 21,5 cm, 296 páginas.
• Impreso a una (interior) y dos (cubierta) tintas.
• Tirada: 2.000 ejemplares
• PVP: 8 €
• Interesados: info@pandiellayocio.com

***