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Un texto breve de Manuel Herrero, de su novela inédita Se rifa canario rojo cantor. Personaje y escena al estilo de Herrero, entre lo real y esperpéntico pero muy divertido. Aparece en el número 3 de la colección «Minimal» de Literarias, la revista de la Asociación de Escritores de Asturias.

Salimos a la limón del armario José Emilio y yo. Desde los tiempos de la Facultad vivimos, mejor dicho soñamos, un amor prohibido, silencioso, sin palabras, de gestos bajo la tutela del disimulo. Cobardes nos acurrucabamos en las circunstancias oficiales: anillados por la Iglesia, peques intratables, alquileres furtivos y esporádicos, y desahogos en internet a la luz de un flexo. Abandonamos la decencia legal tras el brindis con cava que celebraba el veinticinco aniversario del fin de carrera. Con un simple guiño del ojo derecho. Nos escondimos en el WC y nos dimos a maza, morreamos hasta que crujieron los implantes y nos la machacamos mutuamente hasta dejar las vesículas seminales secas como las arenas del Kalahari. Ninguno de los presentes, incluidas nuestras esposas queridas, advirtieron que inaugurábamos nueva cara. Fue la nuestra una homosexualidad hipócrita, a fin de cuentas es lo que los otros querían. […]

Léanlo en la página de Issuu de la AEA.


«Las cosas del sexo no pintaron bien a los que nacimos en el cincuenta. Mis primeros pasos en los salones de la educación fueron en el colegio de las reverendas madres Ursulinas. Me resultó una vida muy extraña y, como fui prematuro en conocer la estupidez, diría que también muy estúpida. Por ejemplo, para hacer pipí (aguas menores) o popó (aguas de mayor cuantía y consistentes), le decíamos a la monja que si mère, permission sortie, pipí o popó. Y cuando recitábamos los Diez Mandamientos en la fila, al llegar al sexto nos obligaban a canturrear un tralará tralará.

Salvo Marcelino, pan y vino y otras majaderías de Pablito Calvo, el cine era de mayores de dieciocho años (3), de mayores con reparos (3r), y gravemente peligrosa (4). A este grupo de malditas, de pecado mortal, pertenecían películas como La gata sobre el tejado de zinc o El manantial de la doncella, que recuerde. En cuestión de libros, mejor no hablar, como gran cosa desvirgamos cuatro neuronas leyendo el Diario de Daniel, el Diario de Ana María y La vida sale al encuentro del exjesuíta Martín Vigil. A las esclavas de Sinuhé el egipcio de Mika Waltari le dedicamos nuestro primer pecado mortal en solitario. Las revistas de tías en pelotas, Play boy y Penthouse, eran paja mayor. Y nos fiamos de Desmond Morris, dice en El mono desnudo que de doscientas cópulas sólo una hace diana. La generación del penalti nunca pondrá el nombre del farsante antropólogo a una de sus calles.

Luego vimos en todao el parto de Helga, rodeados de enfermeras de la Cruz Roja, por si los desmayos. Y cuando Franco pedía pista, afloraron las primeras tetas al cinemascope, de la mano de Kubrick y su Naranja mecánica. Poco importaba la historia de Burgess, y mucho los cuatros segundos de pezón a tejavana.

Franco se fue al Cielo, como estaba previsto, y dejó el solar patrio abonado para que floreciesen salas x, top-less, libs, caperucitas rojas y putas, siete enanitos perversos y videos pornos de mete, saca y chupa, y final de fiesta sobre la alfombra del cuarto de estar.

Caímos en la pornografía dura y olvidamos que el sexo es bello.

Omara la trapecista puede ser el libro que leímos los del cincuenta en nuestros sueños húmedos de adolescentes. De vez en cuando me recreo con su lectura y me gano un boleto para el infierno.»

[Manuel Herrero Montoto (introducción)]

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• Título: Omara la Trapecista
• Autor: Manuel Herrero Montoto
• Edita: Septem Ediciones
• ISBN: 84-95687-24-0
• Año: 2001
• 14 x 21 cm, 192 páginas.

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• Premio Motiva de 2001, en la categoría Cubierta de libro.
• Seleccionado en el Premio de Diseño Editorial Daniel Gil, 2003

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Bibliografía:
Motiva 2000-2003 (catálogo), Oviedo: Asociación de Diseñadores Gráficos de Asturias (AGA), 2003, p. 171. (ISBN: 84-607-8901-2)
Los herederos de Daniel Gil, Madrid, Blur Ediciones, 2003 (ISBN: 84-607-8819-9)
— Sala, Marius: Editorial Made in Spain, Barcelona, Index Book, 2002, pág. 70 (ISBN: 84-8994-61-7)
Is Book Design, IS Design Series 2, China: Shantou University Press, 2003, pp. 19, 30, 106 y 109. (ISBN: 7-81036-621-1/J.58 )

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Luna de abajo número 2/7. «Poesía y pintura» (1999):

José Hierro, Manuel Herrero, Fernando Beltrán, Luis Alberto de Cuenca y Luis Antonio de Villena.

• Composiciones caligráficas de dos poemas de Ángel González por Lázaro Enríquez e ilustraciones de Elías y Antonio Acebal.

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La poesía está inmersa en cada una de las experiencias y de los procesos humanos, en nuestra relación simbólica con el tiempo, también en la más prosaica, señalada por la cotidianeidad. Perfilar el perímetro de la poesía, establecer sus contornos, podría conducirnos al último rincón de la memoria.

A las relaciones que se pueden considerar como evidentes, «poesía y teatro», «poesía y cine», habría que ir añadiendo otras cada vez más sutiles «poesía y poder», «poesía y democracia», o aquellas de índole más íntima, de marcado acento subjetivo, «poesía y soledad», «poesía y pasión», e incluso las aparentemente paradójicas, «poesía y lenguaje matemático», «poesía y ciencia»; la enumeración podría ser incesante. Quizás, porque nuestro conocimiento de lo que entendemos por realidad, tanto física como emocional, material como temporal, está basado en la analogía, la contradicción, la paradoja, la sinécdoque, la metáfora… Sustancia que no esencia de lo poético.

Pocas expresiones artísticas, si exceptuamos a la música, mantienen una relación tan rica y compleja con la poesía como la pintura, aun tratándose de dos artes tan distintas en lo que se refiere a sus medios de expresión y modos de percepción.

Decía Leonardo da Vinci que la pintura debía ser considerada «hermana de la música»; pienso que no resulta arriesgado trasladar este paralelismo a la poesía, que también está hermanada con la pintura, ya que la pintura se ha servido de la poesía para elaborar interesantes propuestas estéticas, y no digamos a la inversa. Sólo hace falta contemplar los numerosos movimientos poéticos y pictóricos de este siglo, buena prueba de las estrechas interrelaciones que existen entre los dos territorios creativos.

La pintura es un arte espacial; la poesía, un arte temporal. Muchos son los pintores que han intentado vencer el límite preciso de su frontera creativa para acercarse a la dimensión temporal de la literatura, cargando de acentos la materia de sus cuadros. En el caso de los poetas, por llevarlo a un extremo, el ideal sería alcanzar la metáfora en la que estén implícitas todas las demás; es decir, alcanzar el símbolo primordial, el grafismo cargado de profunda significación y, al mismo tiempo, de esencialidad espacial.

Dos orillas creativas, dos ángulos que tratan de iluminar el mosaico en el que estamos inmersos; hay cuadros que tenemos la impresión de haber leído y poemas que en nuestra memoria permanecen representados como un lienzo.

Ricardo Labra (Langreo, marzo de 1999)

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• Compuesto con la familia tipográfica Mrs Eaves, diseñada por Zuzana Licko de Emigre, en 1996.

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En el cuadernillo Mrs Eaves editado por Emigre en 1996, Zuzana Licko nos cuenta las razones que le indujeron a diseñar el tipo Mrs Eaves. A Zuzana siempre le había sorprendido la gran diferencia existente entre el diseño de un tipo impreso tipográficamente y el obtenido mediante fotocomposición del mismo diseño tipográfico; no tanto por las diferencias obvias entre medios tecnológicos diferentes, como por la falta de viveza obtenida por el sistema de la fotocomposición, aún a pesar de haber logrado una gran perfección en el aprovechamiento del espacio.

La renovación digital propagó el desarrollo en esa dirección, la de perfeccionar las mejoras técnicas logradas por la fotocomposición, al mismo tiempo que, según ella, reducidos los inconvenientes mecánicos, potenciaría la libertad expresiva y variedad de interpretaciones en la formación de los tipos basados en los del pasado. Y lo reflexiona, resucitando un «viejo favorito», pero desafiando el común método reduccionista de interpretar a los clásicos.

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(↑El cuaderno Mrs Eaves abierto. Hacer click para aumentar)

Manifiesta sentirse muy atraída por Baskerville e identificada con él, por haber sido muy criticada su obra tipográfica en su vida y posteriormente. Cita algunos textos, como el de D. B. Updike, en su libro Printing types (1922): «Por lo que vemos en las hojas impresas de Baskerville, las fuentes parecen muy perfectas, y sin embargo, en cierto modo, no tienen nada del sencillo encanto de la letra de Caslon. Es cierto que los tipos tientan a la vista. Los coetáneos de Baskerville, que también pensaban así, lo atribuían a su papel satinado y a su densa tinta negra. ¿Era este el defecto real? la dificultad era, supongo yo, que en sus diseños de tipos, la mano del experto en escritura se traicionaba a sí mismo al hacerlos demasiado iguales, demasiado perfectos, demasiado ‘elegantes’, y por eso atraían demasiado aparente y artificialmente, con una especie de refinamiento afectado, estéril.», e incide en su tesis de que los tipos legibles lo son por los hábitos de los lectores aferrados por la exposición repetida de determinados tipos, hábitos que cambian cada cierto tiempo.

El tipo Baskerville es de los denominados de transición por sus contrastes entre los trazos gruesos y finos —pocos años más tarde estos contrastes los desarrollaría Bodoni de manera más radical—, y ha sido asimilado como un tipo clásico de texto, a pesar de la vehemencia crítica con que se le trató.

No obstante, Zuzana Licko se plantea el reto de explorar un sendero no recorrido. El tipo Baskerville podía ser nuevo en su época gracias al desarrollo de las tecnologías de impresión y de fabricación de papel y su reto estaba motivado por el desarrollo de papeles más suaves y blancos, así como de una tinta de imprimir negra intensa. Pero lo que Zuzana ha intentado retener del tipo Baskerville es su claridad y ligereza, reduciendo el contraste, dibujando los caracteres de caja baja con una proporción más ancha que los de caja alta, y reduciendo la altura de la «x» con respecto a éstos. Por eso Mrs Eaves tiene el aspecto de un cuerpo menor que las minúsculas de las figuras tipográficas corrientes. Es su interpretación de la legible Baskerville.

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Luna de abajo número 2/7. «Poesía y pintura» (1999)
• 16,5 x 24 cm, 32 páginas.
• Impreso a cuatricromía.
• Tirada: 1.000 ejemplares.
• [Agotado]

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• Premio Motiva de 1999, en la categoría Diseño Editorial. Publicaciones periódicas.

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Bibliografía:
Premios Motiva 99, Oviedo, Asociación de Diseñadores Gráficos de Asturias (AGA), catálogo, 2000, pág. 14.

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