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Hace dieciséis años, durante los días 2, 3 y 4 de diciembre de 1992, se dieron cita en Oviedo dieciséis poetas para hablar de poesía y recitar sus poemas.

César Antonio Molina, Luis Alberto de Cuenca, Manuel Vázquez Montalbán, Antonio Martínez Sarrión, Ana Rossetti, Luis Antonio de Villena, Juan Luis Panero, Luis García Montero, Concha García, Jordi Virallonga, Almudena Guzmán, Jon Juaristi, Leopoldo Sánchez Torre, Luis Muñoz, José Luis Piquero, y Vicente Gallego fueron los escritores convocados.

Todos ellos, junto a otros de sus mismas promociones que no estuvieron en Oviedo, dieron forma al cuarto libro de Los Encuentros, Últimos veinte años de la poesía española. Un repaso a la lírica más reciente, coordinado por Miguel Munárriz.

En él se recogen los debates que tuvieron lugar entre estos poetas invitados y una «breve muestra» de un poema elegido por cada uno de ellos. También una antología, «Las horas contadas», dirigida por Ricardo Labra, en la que participan Jesús Munárriz, Miguel D’ors, Alejandro Duque Amusco, José Luis García Martín, Herme G. Donis, Fernando Beltrán, Alberto Vega, Ramiro Fonte, José María Parreño, Felipe Benítez Reyes, Jorge Riechmann e Immaculada Mengíbar. La antología se completa con reflexiones del quehacer poético de cada uno.

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Miguel Munárriz, el artífice de Los Encuentros, escribió en el prólogo titulado «Oficio del poeta»:

«[…] Últimos veinte años de poesía española es una muestra del momento poético presente. Como podrá leerse en este libro, unos poetas apuestan por una personal meditación interior, por un ahondar en su mundo más recóndito, y otros, tal vez, por una propuesta «civil» comprometida con la realidad social que les rodea. Es, posiblemente, un tiempo de espera por una renovación poética, un tiempo de búsqueda por formas que traigan aires nuevos que añadir a nuestra importante tradición. Son, en cualquier caso, buenos tiempos para la lírica siquiera por la cantidad de poetas, porque ya se sabe que, de entre todo lo que hoy existe, el tiempo dejará escapar el agua para que el oro sedimente bien en el cedazo».

Y Ricardo Labra, en la presentación de la antología «Las horas contadas», lo que sigue:

«[…] Quizás en ninguna otra promoción literaria como ésta, se haya buscado con mayor empeño —más aún que en la generación o grupo del 50— la complicidad, el guiño fraternal, con el posible lector. Lo que parece que lleva a esta poesía, cada vez más, a «entrometerse» o «encarnarse» en los acontecimientos puntuales que invaden la cotidianidad, a no permanecer indiferente ante el acontecer humano. Para ello, y a través de elaborados personajes poemáticos que visten el ropaje de nuestros días e incorporan la voz —auténticos álter ego— del autor, intentan transmitir ciertos valores morales y éticos, una manera de ser, de estar, de permanecer, ante las construcciones y convencionalismos sociales, el sentido de la amistad, la relación amorosa o las leyes inapelables de la vida, como el paso del tiempo.

Son autores que huyen en sus textos poéticos de la irracionalidad, que desarrollan una poesía que responde y está gobernada por criterios lógicos, hecha a partir de un cierto distanciamiento escéptico —signo de nuestros días— y en todo momento bajo el dominio tutelar de la inteligencia. Que saben, que todo libro de poemas acaba siempre en las manos adecuadas.

Puede que al final de su producción poética los autores de esta tendencia literaria se encuentren, como en el cuento de Borges, ante su propio rostro. Y nosotros en él, nuestras emociones e interrogantes; las horas contadas de nuestro tiempo».

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Las reflexiones de «Las horas contadas» fueron solicitadas por Ricardo Labra a cada participante «a través de cinco preguntas formuladas» acerca del método, motivaciones, impresiones sobre la evolución de la poesía, consideraciones teóricas y reflexión introductoria a la propia obra.

Transcribimos las de Alberto Vega:

1. No debo hablar de método de trabajo porque, para mí, escribir poemas no supone una ocupación, sino más bien una pre-ocupación. Cuando un primer borrador llega al papel ya tiene vocación de poema que el tiempo y las revisiones periódicas se encargan de «cerrar». De igual modo, a partir de un buen número de poemas en ciernes y de otros desechados, ellos mismos aportan los indicios y las pistas necesarias para transcrecer y conformarse en libro o colección de poemas.

2. Hay que dar por supuesto que una obra poética no se desarrolla únicamente tras una manera de sentir la literatura, sino —acaso y sobre todo— de sentir la vida. Me dicen más (y no es ninguna pose) algunas líneas cantadas de Luis Eduardo Aute, Silvio Rodríguez o Joaquín Sabina que todos los Guillenes, Aleixandres o Rafaeles que son y han sido. En cuanto a mis versos, creo que me colmaría el hecho de que «pudieran ser leídos / en noches como ésta / por gente como yo».

3. El poeta únicamente debería encontrarse inmerso en un personal e intransferible proceso de creación. Sospecho que hay otras gentes llamadas a colocar etiquetas y establecer rasgos comunes o diferenciales entre su hacer y el de otros. Son las mismas gentes las que supongo tengan impresiones sistematizadas sobre la evolución poética de los últimos veinticinco años o las últimas veinticinco décadas.

4. La poesía puede ser, en ocasiones, un objeto lingüístico de contemplación estética, una forma de comunicación, un singular método de conocimiento y —no por el contrario, sino además de— responder, en otros casos, a un buen número de distintos planteamientos. Ante asunto tan complejo, uno escribe y se describe entre la intuición y la mímesis (más o menos asumida), pero con escasa consideración a la teórica esa.

5. Dije en alguna ocasión, antes de dar título a uno de mis libros, que —consciente o inconscientemente— siempre se escribe para matar el Tiempo. Yo no lo conseguí ni creo lo consiga jamás, pero me consta —porque releo algunas noches poemas de quien fui— que algunas líneas certeras, emponzoñadas de cosas fáciles y verdaderas, lo han convocado de nuevo, entregado por unos instantes, aunque un tanto maltrecho.

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Últimos veinte años de la poesía española. Un repaso a la lírica más reciente
• 1993
• 22 x 28 cm, 224 páginas.
• 1.000 ejemplares.
Edita: Ayuntamiento de Oviedo
• Coordinación: Miguel Munárriz
• ISBN: 84-606-1596-0

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Hoy recordamos nuestra aportación gráfica a Los Encuentros titulados ¡Viva la literatura viva! que se celebraron los días 28 y 29 de noviembre de 1994 en el Salón de Té del Centro Cultural Campoamor de Oviedo.

Los Encuentros fue el evento literario anual más importante de Asturias en los noventa. Lo organizaba el Ayuntamiento de Oviedo a través de la Fundación Municipal de Cultura de entonces, y lo dirigía Miguel Munárriz.


Se iniciaron en mayo de 1987 con Encuentros con el 50. La voz poética de una generación, que contó con la presencia nada más y nada menos que de Claudio Rodríguez, Francisco Brines, Ángel González, José Agustín Goytisolo, José Manuel Caballero Bonald y Carlos Barral, entre otros.

Continuó con Los Encuentros: Narrativa 80 (1988), Encuentros Hispanoamericanos. Realidad y Ficción I (1990) y II (1991), Últimos veinte años de poesía española (1992), Otra mirada sobre el mismo paisaje. Encuentro con mujeres escritoras (1993), ¡Viva la literatura viva! (1994), 50 propuestas para el próximo milenio (1995), Ejercicios de estilo (1996), Para envolver el pescado (1997), Lunáticos (1998), y Opiniones contundentes (2000).

El libro ¡Viva la literatura viva!, cuya cubierta reproducimos, se editó en 1996 y en él se recogen las inervenciones de Mercedes Abad, Andrés Amorós, Mariano Arias, José Manuel Caballero Bonald, Fernando G. Delgado, Luis García Montero, Javier García Sánchez, Almudena Grandes, Ángel González, José María Guelbenzu, Juan Madrid y Rosa Regás que aportaron su experiencia lectora, hablaron de su libro favorito y respondieron a la pregunta «¿por qué leer a los clásicos?». Todo ello entre concursos de cuentos y poesía, talleres literarios, conciertos de jazz, animación teatral y un homenaje a Julio Cortázar, que inspiró la cabecera de El Glíglico, programa en formato periódico donde se recogían todo estas actividades.

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¡Viva la literatura viva!
• 1996
• 22 x 28 cm, 176 páginas.
• 1.000 ejemplares.
Edita: Ayuntamiento de Oviedo
• Coordinación: Miguel Munárriz
• ISBN: 84-88951-29-9

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↑Ángel González, el pasado 3 de diciembre, en el paraninfo de la Universidad de Oviedo.
Ha fallecido Ángel González, el poeta de la «inmediatez de la vida». Dos días después de la anterior entrada de este blog que abría con una caligrafía-retrato de Ángel realizada por Lázaro Enríquez para el cuaderno de Luna de abajo Angelgrafías, en 1999.

Conocí a Ángel González a través de Luna de Abajo, de mis amigos Ricardo Labra, Miguel Munárriz, Noelí Puente y Alberto Vega —también tristemente fallecido hace año y medio y al que Ángel González dedicó algunas elogiosas palabras en más de una ocasión—. Con mis compañeros de aventuras literarias he compartido muchas emociones poéticas. Una de ellas, especialmente intensa, fue la preparación y edición del libro Guía para un encuentro con Ángel González, en cuyo proceso editorial pudimos tratarlo en persona. Siempre hemos agradecido su generosa participación, la afectuosa amistad que inició.

Recuerdo con especial emoción la primera recepción que ofrecimos a Ángel, acompañado por Susana Rivera, en el patio de la casa de Alberto Vega, La Felguera, en julio de 1984. La respetuosa distancia protocolaria inicial que en apenas dos horas dio paso a la cercanía y confianza que sólo una guitarra y unos boleros de por medio pueden lograr. Y hubo más encuentros y más noches.

Aunque fui un asiduo lector de poesía hasta esos años ochenta, en Luna de Abajo era el grafista, no me dedicaba a escribir; una posición que establecía un punto de vista diferente en la elaboración de los proyectos. Pero gracias a mis amigos de Luna de Abajo empecé a leer a Cernuda, Gil de Biedma, Goytisolo, Brines y, por supuesto, a Ángel González.

Después, el tiempo que he dedicado a la lectura poética se tornó ocasional, disperso; pero siempre es una cita obligada releer a Ángel González, disfrutar con la lucidez y la inteligencia que manifiestan las condensadas reflexiones que dan forma a sus poemas, dotados de esa expresividad capaz de rebasar el género literario al que pertenecen. Sin perder su esencia poética, logran despertar el interés de cualquier lector no habituado a la poesía, como sólo los grandes saben hacerlo.

«Helios, se nos fue el calígrafo», fueron las palabras de Ángel que me dirigió tras saludarnos por última vez el pasado 3 de diciembre, al finalizar el acto homenaje de su investidura como doctor honoris causa en el paraninfo de la Universidad de Oviedo. Sirva otra angelgrafía de despedida, seguida de un texto inédito del propio Ángel González dedicado a las caligrafías de Lázaro Enríquez.

Descanse en paz.

Helios Pandiella

***

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Todo amor es efímero

Ninguna era tan bella como tú
durante el fugaz momento en que te amaba:
urante el fugaz momento en que te amabaa:mi vida
entera.

(de Prosemas o menos, 1985)

***
Para la caligrafía de Lázaro Enríquez

Tocadas por las manos del calígrafo, las palabras escritas cantan en silencio. En realidad, la canción ha cesado ya tiempo, pero las evoluciones y los giros de su melodía no se desvanecieron en el aire. La huella de su vuelo persiste en el papel, y la canción se ve, se oye con los ojos.

Cantan las letras, se colorean, se agrupan a se dispersan en direcciones impensables. El calígrafo es, ante todo, pintor, un pintor figurativo cuyo modelo es el alfabeto. Las palabras aparecen como formas bellas en sí mismas, y el asombro ante esa belleza inesperada puede ser la causa de que en un primer momento nos desentendamos de su significado. Pero pasado ese primer momento de sorpresa, las palabras recuperan de pronto su cualidad de signos. Encontrar la belleza del significado de un texto tras haberlo admirado como forma pura es siempre un descubrimiento que nos coge por sorpresa. Y lo leemos al fin como nunca lo habíamos leído. El poema que surge por debajo de la caligrafía de Lázaro Enríquez es siempre un poema inédito, nuevo, lustral.

Ángel González

«Subí con curioso entusiasmo, como siempre, hacia el altillo poético de la librería Ojanguren, uno de esos días en los que Lloviedo hace honor a su nombre más íntimo, y unos minutos después aquel tranquilo orbayo exterior se había transformado en un brusco, radiante y desapacible aguacero.

Abrir libros al azar tuvo siempre ese riesgo. Y un culpable esta vez con nombre y título en mis manos. Un desconocido Alberto Vega y un Memoria de la noche en el que creí encontrar la confirmación de que algo distinto estaba empezando a ocurrir en el panorama poético de aquellos primeros años ochenta. Por eso, lo desapacible de pronto del día en su sentido más literal. En su sentido más hermoso, más poético también. Unos versos que agitaban el corazón de aquel lector al azar.

Veinticinco años después, o un siglo después, o tanto tiempo después, a secas, y que cada uno ponga aquí la medida, el armario o las ventanas de sus cuartos crecientes, aquel autor alcanza su particular Plenilunio al reunirse ahora en un tomo imprescindible la totalidad de una obra que vararía después de aquella inicial Memoria, en títulos tan emblemáticos como Cuaderno de la ciudad, La luz usada o Historia de un nudo, por citar tan sólo tres desapacibles vetas de una obra cuyos títulos sirven por sí solos para intuir la fuerza ámbar y la verde o roja intemperie sucesiva de un poeta de la ciudad y para la ciudad, entendida ésta, por supuesto, en su sentido más simbólico e interior. O sea, el de la vida misma. Ese semáforo roto.

Porque Alberto Vega, poeta desde la experiencia más viva, poeta entrometido hasta las entrañas más profundas de todas aquellas superficies —grandes y pequeñas— que habitó con los ojos abiertos de sus palabras, habló siempre en sus versos de las cosas que pasan y los días que no ocurren, consciente de que no hay realidad sin imaginación, ni sueño remoto que no pueda viajar sentado de pronto en el asiento de al lado del tren o el autobús de cada mañana.

Que todos estos versos lo sean ahora a título póstumo, porque Alberto Vega (Langreo, 1956-2006) se viera abocado a encender antes de tiempo el largo cigarrillo de la muerte, es tan sólo un dato biográfico más, ajeno por entero a una columna que sólo lo será en esta ocasión, como aquel primer día, de llovida y radiante celebración porque los versos de uno de los poetas esenciales de los últimos tiempos están ahora a nuestro alcance en esta cuidadísima edición confeccionada con mimo y exigencia por sus amigos poetas del grupo Luna de Abajo —Miguel Munárriz, Ricardo Labra, Noelí Puente y Helios Pandiella— y porque el corazón de seres irrepetibles como Alberto Vega puede pararse, pero nunca muere…»

Fernando Beltrán

***

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↑Presentación de la tercera edición corregida y aumentada de Guía para un encuentro con Ángel González, en el Club Prensa Asturiana de La Nueva España (Oviedo). Esta presentación formó parte del programa de actos de las jornadas Ángel González en la generación del 50. Diálogo con los poetas de la experiencia que Tribuna Ciudadana de Oviedo organizó los días 7 y 8 de noviembre de 1997. De izquierda a derecha, Noelí Puente, Alberto Vega, Ángel González, Ricardo Labra, Miguel Munárriz, Helios Pandiella y Fernando Beltrán. Arriba, Fernando Beltrán en primer plano, abre el acto. Abajo, Alberto Vega en un momento de su intervención. (Fotografías: Luisma Murias)

•••

Un año antes de fallecer Alberto Vega (2006), el 28 de junio de 2005 se presentaba en la Casa de Cultura de La Felguera (Asturias) su libro Estudio melódico del grito, editado por Visor. El acto, en el que participaron, por deseo del propio Alberto, sus compañeros de Luna de Abajo Ricardo Labra, Miguel Munárriz, Noelí Puente y Helios Pandiella, estuvo organizado por la Asociación Cauce del Nalón que preside Francisco Villar, referente ineludible de organización ciudadana en el actual Valle del Nalón.

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↑En la mesa, presentando Estudio melódico del grito, Alberto Vega en el centro, acompañado por Ricardo Labra, Helios Pandiella Noelí Puente y Miguel Munárriz (fotografía de Fernando Castro). [Ampliar]

En esa fecha, a Cauce del Nalón le faltaban unos meses para cumplir diez años de actividad y en la memoria editada posteriormente con motivo de este décimo aniversario, le tocó a Ricardo Labra hacer un repaso de las actividades poéticas organizadas por la asociación. De la presentación del libro de Albero Vega y de su poesía, escribió lo que sigue:

«De todos los actos poéticos organizados por Cauce en estos diez años, puede que el más destacado y emotivo haya sido la presentación del libro de Alberto Vega Estudio melódico del grito, celebrado el 28 de junio de 2005, en la Casa de la Cultura de la Felguera. Esta presentación estuvo llena de profundos significados. Fue un acto definitivo para Alberto Vega, que ya no está con nosotros, para Luna de Abajo, que ya nunca volverá a reunirse de nuevo, para sus familiares, amigos, lectores y seguidores. Alberto Vega ha sido un poeta germinativo y fundamental para este valle, al que puso en hora poética, en el minuto exacto del vendaval estético de estos últimos años. Inteligente, sensitivo y hermético, salvo con las palabras más esenciales y necesarias, Alberto Vega trazó una obra unitaria en la que late con fuerza un personaje urbano, un antihéroe de la epopeya humana en la que estamos inmersos, lleno de valores, de solidaridad, de bonhomía. Alberto agita en sus versos la rabia de un mundo adocenado y en sordina, con la intención de restablecer, aunque sea por un instante, las dignidades perdidas y los sueños rotos. Su poesía es un canto de juventud, tan viejo como la juventud, tan joven como el mundo que se abre en nuestros ojos cada día como una página no hoyada. Sus noches y sus lunas, sus gatos y sus aceras, preludian la otra realidad, la única que puede modificar las cosas y acaso redimirnos o salvarnos de un vulgar destino escrito por la mano espuria de los convencionalismos castradores. Alberto Vega no precisó salir de esta comarca para escribir una obra de interés universal. Su ciudad es cualquier ciudad, por eso su ciudad es Langreo. El tiempo siempre corre a favor de los buenos poetas, y Alberto Vega no hará más que crecer en la valoración de su poesía. Su obra es un legado para todos nosotros.»

***

Poeta en sol menor

Cuando era un enano, feliz y despeinado,
antes del buenas noches o el beso de mi madre
tenía la costumbre de arrugar las tardes,
para meterlas al abrigo de mi cama
de contrabando, en una manga del pijama.

Me demoraba luego en el umbral del sueño
desplegando de nuevo el mapa de sus horas,
reviviendo a mi modo los dones de ese día
—la cita con charito, el gol de la victoria—
con una sonrisa ancha de párpados cerrados.

Siempre a la luz oscura del silencio.

También recuerdo que tendía los agravios,
las afrentas, las ofensas, los muchos ninguneos
a un sol menor al que llamaba olvido.

Lo malo, lo peor, es que a esta fecha
aún no han secado del todo y apenas los sacudo
salpican mi memoria, mis lentes, mis poemas…

***

Puerto Paula

En ocasiones, con más humor que morbo
y sin nada en qué pensar, útil o provechoso,
así, como quien cursa
una imposible instancia a las alturas,
me demoro eligiendo un final para mi suerte,
la última secuencia de mi propia existencia.

Quiero dejarlo escrito: en ese trance siempre
la resaca de tu cuerpo me arrastra sin remedio
y sonrío lascivo y acabo deseando
morir frente a tus costas, compañera.
Desnudo como un náufrago en tus playas,
extraviado y feliz en nuestro mar de sábanas.

***

Quizás un corazón recoja lluvia

Probablemente buceando en mi escritorio
halle las letras o, no sé, las claves
de un nuevo y sumergido abecedario.

Tal vez en el fondo del vaso largo
de gin con agua tónica
o en la página cien de los libros más cercanos,
aquellos que al abrirlos cada día
crecen al ritmo de tu propia historia.

Quizá ni estén en este cuarto, han de traer
el aroma cabal de lo que ya no es
o el presagio futuro de lo que aún no ha sido.

Unas palabras, encontrar tan sólo unas palabras
y dirigirlas a todos y a cualquiera.
Pero de uno en uno: irrepetibles y secretas…

***

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↑Con Ángel González el 30 de mayo de 2005, en la cena de Casa Adela en Lada (Langreo, Asturias), posterior a un encuentro con el poeta organizado por Cauce y un mes antes de la presentación de Estudio melódico del grito, de Alberto Vega. De izquierda a derecha, de pie: Noelí Puente, Helios Pandiella, Ángel González, Fernanda Burón; sentados: Paula Granados, Alberto Vega y Ricardo Labra. [Ampliar]

***

Manifiesto

La palabra es muy útil, mas no sirve
para fertilizar el sexo de una espiga.
Sólo cuando roncan borrachos de fortuna
sueñan los gatos negros con números trece.

Las canciones más tristes anidan
sólo en algunas noches.

Lo malo del presente es que vivimos
grapados al dossier de los recuerdos.

Aunque fundar poemas reinventa su inventario
y abrasa un sol por venir, mientras le dibujamos
zapatos a los árboles, alas a los vasos,
puntiagudos violines al ruido del silencio…

***

Isla Tabarca

Según vendía el folleto de la agencia de viajes
aquellas calas, breves y escarpadas,
habían sido refugio de piratas
que hace siglos asolaron las costas que ahora son
residencia estival de sus tataranietos.

Yo estaba enmimismado, reactivando
lecturas juveniles (defoe, salgari, stevenson…),
ellas, a unos metros, jugaban desnudas a las palas
y de cuando en cuando se vestían de mar,
coronaban sus gracias de espuma y luz salada.

Apagué la sombrilla, encendí un ducados,
tras sacudir la toalla y replegar el diario
me alejé derrotado, silbando distraído
la balada más hermosa y amarga
escrita, en horas bajas, por un tal leonard cohen…

(La ausencia era la única arma posible
contra el supremo arsenal de sus cuerpos.)

***

Elecciones en el purgatorio

Antes no era distinto: los políticos,
cautelosos y limpios como gatos domésticos,
ya ocultaban su mierda entre nuestras cenizas.
Pero este tiempo de eurodólares enfermos
es bastante más cutre, más canalla.

Me salva el hecho —y cito textualmente
unas líneas a las que siempre vuelvo—
de que me gusten tanto los domingos mingos
y, muchísimo más, los martes mates,
besar sus pechos (sí, besar tus pechos),
echarme en su regazo y despeinarme.

He aparcado mi esperanza en doble fila,
me finjo un buen gregario y me demoro
sin rumbo ni sentido por las calles.
Y deposito en la urna de cada papelera
el inútil y abstracto voto en blanco de mi nadie.

***

Economía de medios (mejor: de miedos)

A veces suena el timbre del teléfono
y entra en casa el cartero, disfrazado de fax.

No le presto atención, mas algo en mi interior
me dice que una noche vendrá Dios
a cobrar la demora en la hipoteca de mi vida
simulando que me trae la cerveza y las pizzas
o un recibo impagado de la empresa del gas.

Entonces hará frío, será tarde
y en toda la ciudad no habrá un maldito
Banco de Horas abierto que me avale.

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↑Viñeta de la cubierta de Estudio melódico del grito. [Ampliar]

***
• Alverto Vega: Estudio melódico del grito
Colección Visor de Poesía, n.º 591
• Visor, 2005 (ISBN: 84-7522-591-8)
• 56 páginas.

***



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Buenas noches, amigos, ciudadanos, espías…

Te aguardaba en estos versos.

Entre la niebla cotidiana y unos granos de opio
elegí este horizonte de noches y fonemas
para mirar tus ojos frontalmente.

Ahora soy un príncipe encantado
bajo este aspecto de sapo un tanto lírico
que deberás besar
si quieres que este cuento acabe bien
para nosotros.
Créeme: Crée Créeme:
no hay orgullo ni bajeza en mis palabras.

Yo te aguardaba en estos versos desde siempre.

***

Aunque se publicó en enero de 1986, Para matar el Tiempo, de Alberto Vega, entró en imprenta en diciembre de 1985, el año más fructífero de Luna de Abajo, el de Guía para un encuentro con Ángel González y los libros Vivir de milagro, de Miguel Munárriz y Último territorio, de Ricardo Labra. Para matar el tiempo fue el colofón de una intensa actividad que no se repetiría. Luna de Abajo dejaría de responder a la fuerza gravitatoria que la fijaba a «los charcos de la bocamina» (*) e iniciaría una trayectoria sin órbita fija, errática.

(*) Del poema Luna de abajo que Ángel González nos dedicó.

A continuación, se reproduce el texto de Alberto Vega que a modo de «explicación» abre Para matar el Tiempo y unos poemas del libro.

***

Debo una explicación al posible lector. A lo largo de varios años se han ido agrupando estos poemas, escritos en su mayoría como puro ejercicio, como hipotética producción de un personaje de ficción —Manuel Pomar— nacido y recreado en horas de papel, soledad y domésticos fantasmas personales. A ello, probablemente, se deban los cambios de estilo, humor y concepción del poema que pudieran advertirse en el conjunto.

Después de las dudas pertinentes, decido firmar el libro con el propio nombre por varias razones, unas de orden lógico y otras de orden mágico.

Por una parte ocurre que, sencillamente, no me apetece jugar al juego de los heterónimos (los honorarios de un psiquiatra no están al alcance de cualquier economía).

De otro lado, dos líneas de Gil-Albert, recientemente leídas por azar en una vieja publicación periódica, arrojaron la luz última y definitiva sobre mi confusión y mis prejuicios:

Nos solemNos solemos disfrazar de lo que somos.
Nos solemSin saberlo, claro.

Al presente Para matar el tiempo, en un primer borrador, seguía un subtítulo: Infancia, delirio, amor y muerte de Manuel Pomar.

Creo que yo, ocasionalmente, me he disfrazado de ese hombre (es decir, de mí mismo).

Alberto Vega (noviembre de 1985)

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***

Parábola del hombre afortunado

Del sacamuelas aquel, mezquino, sifilítico,
entrampado y miserable hasta el sombrero,
que se fue sin dejar rastro, únicamente
tuvo noticia un primo algo lejano.

Parece que contaba (entre otras cosas
de interés limitado) lo bien que le había ido
en cierta isla exótica, gozando del cuidado
que algunas buenas gentes le prestaron.

Cualquier incrédulo podría ver las fotos:

él rodeado de frutos y mujeres,
él abrazado por jefes y hechiceros
que adornaban el pecho con extraños collares
de muelas cariadas y enseñaban
grotescos y felices sus dentaduras de oro.

***

El doble

Hay un problema entre nosotros: tú
sonríes a los gatos por la calle,
mientras yo cruzo los dedos y les temo
su memoria salvaje.

Pasan rostros anónimos y tú
les vas poniendo nombres y señales,
yo en cambio me descuido entre las nubes
y silbo si me place.

Hay un problema entre nosotros: tú
vives dentro de mí y eso es muy grave.

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***

Partimos con el sol naciente
albergando la frágil convicción
de que al fin todo acabaría siendo
aventura propicia para sentirnos uno
entre tanto sentimiento amordazado,
tanta vida y tanta muerte superpuestas.

Los segundos, estatuas de agua,
crecían al azar deshilvanando el tiempo.

Las nubes arriba, tambores de silencio
para el paso inexorable de los días.

Presentíamos la duda como espada enemiga
con quien batirnos en cada encrucijada.
El camino era incierto,
soñábamos con bellos precipicios
donde arrojar lo que de amargo pudiera acompañarnos.

***

Se adivinaban ya ríos ocultos
apenas iniciados
al viaje fabuloso, a las arduas geografías
coronadas por un rumor creciente
de cántaros y peces.

Una suerte de frutas abismales
—agridulces, lejanas—
fue el hallazgo primero de nuestros labios secos.

Luego una extraña alquimia de pieles recobradas,
un ligero sopor desde las sienes
(Rastros, lugares, encuentros clamorosos
volvían bajo un signo azul y cósmico
nacido como llama entre la nieve).

Al despertar nos deslumbró la imagen imperfecta
de una estrella labrada en espejos infinitos.

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***

Enamorados de Maureen O’Sullivan

Aunque sabíamos que era de otro hombre
nuestra envidia fue siempre
más que dudosa

(Tú Tar-zán.
Yo-ser-com- Yo-ser-com-pa-ñe-ra).

Y es que en el fondo nunca descubrimos
si aquella lúbrica mujer en blanco y negro
amaba al Rey veloz y suficiente
o al tímido salvaje amigo de los monos.

***

La chica del anuncio

Bien podría comprar esas bragas que anuncia
o tratar de encontrarla a través de su agencia,
pero no,
nada nada de eso,
tuve que enamorarme
como un niño de su imán y diariamente
mirarla de reojo por las calles más céntricas.

Últimamente pienso que si cambia la chica
de las vallas que nos venden su sonrisa
no haré por encontrarla a través de su agencia:

Compraré, por despecho, esas bragas que anuncia.

***

Dios ha muerto, Marx ha muerto
(y yo últimamente no me encuentro
nada bien)

El caso es que me busco entre las cosas
vecinas, entre tanto
vino bastardo y tertulia de provincias,
jugándome los pasos a una carta
marcada en la baraja del destino
con orlas de colores y falsos paraísos,
desafiando al tiempo entre mitos y flautas.

Por lo demás, ningún problema. Gracias.

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***
Características:
• Año 1986 (ISBN: 84-86375-04-05)
• 14,5 x 20,5 cm, 56 páginas.
• Tirada: 700 ejemplares.
• [Agotado]

***

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El Ayuntamiento de Langreo, con María Esther Díaz García de alcaldesa, ha tenido el acierto de editar, a propuesta de la asociación Cauce del Nalón presidida por Francisco Villar, el libro Alberto Vega. Plenilunio (obra completa 1980-2005) que recopila toda la poesía del langreano Alberto Vega (1956-2005). Una iniciativa que constituye un doble reconocimiento y homenaje al que es un importante poeta español contemporáneo y al que fuera empleado municipal, responsable del Área de Cultura y Juventud del Ayuntamiento de Langreo desde 1985 e impulsor de numerosos proyectos culturales.

En su edición hemos participado sus compañeros de Luna de Abajo Ricardo Labra, Miguel Munárriz, Noelí Puente y Helios Pandiella. Luna de Abajo figura como marca editorial en el libro.

A continuación, cuatro fragmentos de los textos introductorios escritos por cada uno de nosotros para el libro, intercalados con poemas que Alberto nos dedicó en diferentes entregas poéticas.

***
El título Plenilunio de esta recopilación de la obra de Alberto Vega, lo explica Ricardo Labra:

[…] «Plenilunio no es un facsímile de los libros de Alberto Vega, pero sí contiene cada uno de sus poemas, de sus palabras, de sus guiños y destellos, para que de sus páginas surjan las lecturas sosegadas, las antologías temáticas y los estudios críticos que pongan en valor su valiosa obra.

El título de esta recopilación, Plenilunio, lo puso el propio Vega con la intención de nombrar a una editorial de poesía, sin saber que en aquel momento le estaba poniendo nombre a su obra poética. ¿Quién podía saberlo entonces? Al realizar las últimas correcciones del libro nos hemos dado cuenta de ello, por eso, con emoción, se lo devolvemos.» […]

***
Centro

para Ricardo

Hay un sabor a nada en cada trago,
en cada gesto avanza una prisa sin olas,
sin sentido los pájaros
sobrevuelan la luz roja de un semáforo,

fruta imposible y vana. Crece un canto
de peces de latón y hojas enfermas
en oídos abstractos,
un rumor a hombre solo por debajo del ruido.

Yo camino despacio

(Es decir, estoy vivo).

De Cuaderno de la Ciudad (1984)

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Noelí Puente:

[…] «Un poeta local y universal a la vez. Local porque muchos de sus poemas se desarrollan en un paisaje físico que reconocemos, en una ciudad que es la nuestra, nuestra cuenca, nuestra Felguera. Y universal porque a la vez trasciende esos límites físicos y ese espacio se convierte en la ciudad que cada lector lleva dentro, encuéntrese éste en La Felguera o en Madrid, en Sevilla o en Nueva York. Es un poeta moderno, en el sentido bodeleriano, que deja meridianamente clara su actitud ética en cada uno de sus poemas. Una clase de poeta que demuestra cómo escribir verdadera poesía no es un ejercicio de bibliografía aplicada, sino un acto de talento creador cruzado con la vida.» […]

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Día martes no trece

Con Noelí Puente

Era incapaz de escribir una palabra
ese martes cualquiera que refiero.

Era un martes —ya dije— como otro cualquiera,
si al menos fuera lunes —me dije— qué sencillo
culparle del asunto: Quién no sabe
que es un día nefasto y sin ningún prestigio.

Era un ir y venir de pensamientos romos
tras la castrada lujuria de las letras,
una trampa tendida en lo más hondo:
Allí donde no reina más que el tedio

(Era el silencio quien rondaba por mi casa,
quien se acercaba de puntillas a mis versos)

De Historia de un nudo (1992)

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Miguel Munárriz:

«[…] Si la poesía moderna y la modernidad existe por Baudelaire tú también has inventado esa ciudad cosmopolita en la que nunca viviste y le aceleraste el corazón y la convertiste en ti mismo y peleaste en ella la palabra aristocrática y esbelta con el vulgo apestoso y maloliente del crimen. Inventaste como él los dominios excelsos de la poesía que sube del infierno y busca la protección del Ángel, el tiempo perdido y recobrado por la voz que redime la poesía. […]»

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Perfume de una flor pisada en las aceras

Con Miguel Munárriz

Demasiadas aceras, hemos visto
cruzar miles de rostros
anónimos en busca de un pensamiento claro.

Podría cambiar todo
si existiera un dios cercano y bondadoso
en la ciudad del agobio y la costumbre.

Podría cambiar todo
al embriagarnos de gestos y palabras
si no sabe ya el vino más que a niebla

(Al descubrir que ser feliz no estriba
en hacer únicamente lo que quieres,
sino en querer simplemente lo que haces).

De Historia de un nudo (1992)

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Helios Pandiella:

[…] Alberto decía que el poeta es un «solitario solidario», un defensor de lo inútil, «aquello que no tiene valor de cambio en una sociedad instrumentalizada», solidario con «la soledad de fondo de cada hombre». Razones éticas y estéticas profundas con las que explicaba su vocación y dedicación a la poesía que, para un descreído como yo, no avalan por sí mismas al buen poeta. Y Alberto es un buen poeta, universal, las cualidades de su poesía se deben únicamente a su personal voz, a su intransferible manera de decir; por lo que nunca precisó una oficina de política lingüística para existir. Buen poeta no porque quiso, sino porque pudo.

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Trama

para Helios

Al norte del recuerdo cuántas horas
de fatigar aceras…

Qué niño fuimos, qué dibujo de tiza
lentamente se borra de los muros,
dónde la adolescente imaginada
como un beso profundo entre dos sueños,
o es acaso mentira que solíamos
de bar en bar desalojar el miedo
y alzar guitarras contra el aire clandestino,
que todos los caminos se incendiaron
para nosotros de falsos paraísos
y luego el duro golpe de un cuerpo despoblado…

Tal vez es la ciudad quien nos inventa
y a su capricho traza nuestras vidas
como intrincados signos de su propia historia.

De Cuaderno de la Ciudad (1984)

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Y el poema que cierra su último libro Estudio melódico del grito (Visor, 2005):

Un soneto disonante

No quisiera morirme sin haber vivido,
sin haber exprimido el zumo de mis horas.
Como quien rompe un acta levantado a solas
multiplico por cero las cifras del destino.

Siempre olvido el paraguas en el bar,
el sombrero del tiempo sobre mi cabeza.
Algunos días grises me inyecto en las arterias
la gota que rebosa el vaso del azar.

Deshilvanados trazos de rimas arrimadas.
Balas que silban a espaldas del presente.
Fronteras transgredidas con pasaporte falso.

Soy transparente a la luz de la memoria.
Vuelvo a calzar los pasos en mis zapatos viejos.
Y lamo las heridas del tiempo en estos versos…

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Características:
• 15,5 x 21,5 cm, 296 páginas.
• Impreso a una (interior) y dos (cubierta) tintas.
• Tirada: 2.000 ejemplares
• PVP: 8 €
• Interesados: info@pandiellayocio.com

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↑Beltrán, Aute, oficiando la Misa Poética, y Munárriz en la Capilla de los Dolores de Grado

Ayer, 28 de septiembre, día en que Ibarreche lanzó su desafío secesionista anunciando un referéndum (perdón por la excrecencia), nos dirigimos a Grado a ver a Luis Eduardo Aute. Este artista tiene en su haber un puñado de canciones memorables para nuestra generación, además de una importante trayectoria pictórica. El acto se desarrolló en la Capilla de los Dolores, organizado por el Aula de las Metáforas Fernando Beltrán.

Qué mejor marco para albergar este acto que el de una capilla restaurada en 1986 como sala polivalente destinada a exposiciones, obras de teatro, conciertos y lecturas poéticas. Esta construcción de carácter eclesiástico ha sido rehabilitada de nuevo para el culto. No el religioso, por supuesto, sino el que con una función análoga se profesa al Arte, la Música, la Poesía…

Un Luis Eduardo Aute encantador, natural, accesible, ayudado por Fernando Beltrán, fervoroso creyente de la Orden de la Poesía y el laico Miguel Munárriz, colaborador de esa Orden en el ámbito de la prosa, leyó a la feligresía devota y entregada un buen número de poemigas, como él gusta nombrar a las propuestas audiovisuales de su animaLhada.

Poechistes, también cabría decir, pues la línea que separa al chiste de la poesía, y no digamos desde las vanguardias hasta hoy, es en numerosos casos muy difusa, casi inexistente, no sólo en los poemas de Aute (no se entienda como crítica, al contrario). El júbilo de los asistentes manifestado con sus risas tras cada «poemiga» leído, fue prueba irrefutable de que Aute logró con éxito el objetivo poético y estético de suscitar una emoción en el oyente y hacerlo partícipe de su juego.

Así que, finalizada la ceremonia Litúrgica de la Palabra Poética, todos salimos purificados.

Al menos, que nos salve la poesía. Y si es con humor, mejor.

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Luna de abajo número dos. Poesía en Asturias (II) (1984)

José Luis García Martín, Fernando Menéndez, Pedro Luis Menéndez, Miguel Munárriz, Alberto Vega.

Ilustraciones de Bonhome, Manuel Beltrán, Kiker, Legazpi, Lombardía y Vicente Iglesias.

« […] no existe el verdadero sentido de un texto. Ni autoridad del autor. Sea lo que sea lo que haya querido decir, ha escrito lo que ha escrito. Una vez publicado, un texto es como un aparato que cada cual puede utilizar a su guisa y según sus medios, no puede asegurarse que el constructor lo use mejor que otro. Por lo demás, si sabe bien lo que quiso hacer, ese conocimiento le enturbiará siempre la percepción de lo que ha hecho.»

Paul Valéry

• 20 x 52 cm, 64 páginas.
• Impreso a una y dos tintas tintas.
• Tirada: 777 ejemplares.
• [Agotado]

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Luna de abajo número cinco (1990)

Arthur Rimbaud y Paul Verlaine, James Fenton, Roger Wolfe, Carlos Bousoño, José Agustín Goytisolo, Carlos Barral, Ángel González, Mario Benedetti, Emilio Alarcos Llorach, Ricardo Labra, Daniel Moyano, Bárbara Jacobs, Luis Sepúlveda, Hugo Martínez y Alberto Piquero.

Fotografías de Nieto, Herminio Sánchez. Esculturas de Adolfo Manzano.

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«Cuando un cuadro se pinta sobre otro cuadro, ocultando el anterior, un secreto vínculo los une para siempre, se produce una ósmosis de formas y colores, un sucederse de líneas con unas relaciones muy sutiles. De modo que el cuadro resultante, el que nosotros percibimos, no sería el mismo sin el otro: la parte más profunda que lo sustenta. Como nosotros no seríamos los mismos sin nuestros sueños, sin nuestras obsesiones, sin nuestro pasado.

Un poema suele escribirse de forma parecida (aunque el autor no pueda percatarse de ello) sobre otros muchos poemas. Los desechados anteriormente, las palabras eliminadas como una materia sobrante, los poemas leídos de otros poetas que forman parte del universo literario de cada escritor, la tradición de la propia lengua, esa otra lectura parecida a la herencia de la sangre; lo mismo puede decirse de otros estilos literarios.

Al presentar este cuaderno tenemos la impresión de que ha sido escrito sobre otros muchos cuadernos. Porque muchos han sido los deseos y los trazados que desde la oscuridad —no desde el olvido— mantienen firmes los caracteres y los grafismos de estas páginas. […]»

(Ricardo Labra, Langreo, octubre de 1990)

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• 17 x 24 cm, 160 páginas.
• Impreso a una y dos tintas.
• Tirada: 500 ejemplares.
• [20 euros]

(Últimos ejemplares)

Contacto:
helios@pandiellayocio.com

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