El fósil vivo

Alfredo Hernández García dice asumir la idea freudiana de que «en la exageración está la verdad». En la entrevista realizada por Javier Lasheras en Literarias lo explica: «[…] en mi opinión lo que no produce extrañamiento es rutinario y excesivamente real. La exageración es uno de los mecanismos que empleo para conseguir el extrañamiento».

No hay duda de que en las páginas de su novela El fósil vivo el lector experimentará ese extrañamiento del que habla.

 «Mi novela cuenta algo que sucede en un mundo nuevo. Para hablar de ese mundo tuve que crearlo desde la fantasía, y además inventé un personaje —Ausonio— al que doté de características maravillosas, como por ejemplo una memoria inaudita que le hace recitar todo lo ocurrido en ese mundo, amén de tener en su cabeza todo un mamotreto o «sacrotocho», que es y que cuenta la historia de una generación de sobresalidos humanos comandados por un enviado, también llamado Primer Decente, cuyo nombre de pila es Modesto Bauer. Todo ello con el tiempo dislocado, con un personaje real que hace las veces de cuidadora de mi personaje principal, el tal Ausonio, quien además de mantener intacta toda la inocencia es un fósil vivo. El lugar en el que desarrollo casi toda la acción es en un museo estadounidense.»

El fósil vivo es una novela a contracorriente, donde la realidad, la ficción, la fantasía y el humor se entrecruzan. En Issuu se puede leer el texto completo:


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