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La segunda novela de Alfredo Hernández García que se publica con la marca Luna de Abajo se presenta mañana en la Librería Cervantes de Oviedo, a las 19.00 h

La venganza del objeto es una novela crítica e irónica con el mundo puramente instrumental de la Ciencia. Chiripa, el científico protagonista, con su afán de aritmetizar y calcular todo, recibirá la venganza del objeto maltratado y cuantificado. En contrapartida, la novela se puebla de personajes poblados de sentimientos. Valiente, padre de Chiripa, es el mejor contrapunto a la frialdad del científico con el siguiente anhelo: «algún día tendré yo un hijo: será la superación de esta guerra fratricida […] ¡de tan grande! No tendrá patria, porque será de las galaxias… ¡Gigantesco!… No conocerá el miedo. No tendrá apego a tradición alguna […] ¡No se encapuchará bajo ningún gremio! Repudiará la Ciencia que constriñe, la Política que envenena, las morales mojigatas, y el mundo será su casa»

Toda la novela aquí, en la nueva página de Luna de Abajo que hemos abierto en Issuu:

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http://issuu.com/lunadeabajo/docs/la_venganza_del_objeto

Guia-para-un-encuentro-con-Angel-Gonzalez-issuu
Hemos subido a Issuu el libro Luna de abajo número tres. Guía para un encuentro con Ángel González, en la versión que dio forma a la tercera edición impresa de 1997 (la primera es de 1985), con algunos retoques de adaptación a esta edición digital de 2013.

Decir Ángel González es pronunciar el nombre de una ciudad, de un poeta mayor de una generación fundamental en la literatura contemporánea española, de un modo de hacer y de entender la poesía, de una forma de estar y de permanecer en el tiempo. Para el grupo de amigos que en su día formamos Luna de abajo, Ángel González, es un punto de encuentro, sin quiebra, que moviliza afectos muy profundos. Su nombre se confunde con nuestros sueños y nuestras biografías. Con él hemos comprendido que toda publicación no deja de ser un misterio más que se añade a nuestro universo cotidiano. Y este libro, y Ángel González, continúan siéndolo. Nosotros bien lo sabemos.


La Asociación Foro por la Poesía de la Cuenca del Nalón publicó hace un par de meses el libro-disco La trama de los días, en el que se recoge una muestra de poemas de Alberto Vega seleccionados por Noelí Puente para ser recitados. Nosotros hemos colaborado con el diseño de la cubierta.

Noelí, amiga de Alberto y nuestra, que formó parte el grupo Luna de Abajo, pone su hermosa voz en la lectura de los poemas. La acompañan Alberto del Mazo y Baldomero Gutiérrez tocando el saxo, aportando cada uno su propia música, y Julio Arbesú, el coordinador de la publicación, con la guitarra. Ángel Morales Doménech es el encargado de la parte técnica, la producción y de alguna composición musical. También participa May Rodríguez, otra amiga de Alberto,convirtiendo en canciones cuatro poemas de Alberto, acompañada de su guitarra.

Y ya que esta entrada ha servido para recordar al poeta Alberto Vega, aprovechamos lo del Premio de las Letras 2011 concedido a Leonard Cohen por la Fundación Príncipe de Asturias para reproducir un poema que Alberto Vega le dedicó en su libro Memoria de la Noche, de 1981:

Este poema y todos los de Alberto se reúnen en el libro Alberto Vega. Plenilunio (obra completa 1980-2005) (El título enlaza con otra entrada de este blog con más información).

La edición impresa es de 2007 y fue posible gracias al Ayuntamiento de Langreo. Estos días hemos realizado la edición electrónica que podéis consultar y leer en Issuu:

Destacamos en el blog, por su importancia, las siguientes referencias al libro de Eugenio Torrecilla La vida por la letra.

La primera, esta magnífica fotografía que abre la entrada. La hizo Mario Rojas en nuestra exposición de la Escuela de Arte de Oviedo, dentro de las actividades programadas en Motiva 2010 que reseñamos en la entrada anterior. La persona que aparece de espaldas, observando el panel que reproduce la cubierta y sobrecubierta del libro de Eugenio Torrecilla, es Pablo Amargo, uno de los mejores ilustradores españoles actuales.

A continuación, tres enlaces sobre Eugenio y su libro:

El de Pepe Monteserín en la Nueva España, en su «La mar de Oviedo» del 3 de abril:

Luna de Abajo ha editado La vida por la letra, de «un viejo lector gravemente afectado por la letra, que se goza en su herida y procura que nunca cicatrice». El lector, también doctor, es Eugenio Torrecilla, erudito, pedagógico, fantástico, inteligente, poético y con finísimo sentido del humor. Asegura, en referencia al prestigio de los libros, que si no hubiera que leerlos, sería incontable el número de lectores […continuar leyendo]

La entrevista a Eugenio, también de Pepe Monteserín y en el mismo periódico (26 de abril):

«Meted la Biblia en mi féretro, como salvoconducto para el Más Allá»

Eugenio Torrecilla nació en El Entrego, pero a los 5 años su familia se trasladó por motivos laborales a una cuenca minera leonesa de cuyo nombre no quiere acordarse; allí cursó primaria, Bachillerato en León y Medicina en Valladolid. Se especializó en pediatría y eligió como destino Sama, donde reside desde 1958. En 1969 puso en marcha una tertulia literaria, que aún pervive. En abril de 2005 fue premiado por este periódico como «Asturiano del mes». Luna de Abajo acaba de editar su libro «La vida por la letra, autoficción y homenaje a la lectura y a la fantasía» […continuar leyendo]

Y la entrada que el escritor y fotógrafo Francisco J. Lauriño dedica al libro en su blog Blues de la luna que nos mira y que ha de descargarse en pdf pues no se trata de una simple reseña, es un estudio a fondo de La vida por la letra que Lauriño titula «Las dieciocho vidas de Eugenio Torrecilla». No se lo pierdan, imprescindible.

Si es difícil que en un texto de mil páginas quepa la vida de una persona (Luciano Sechard, Alexei Karamázov…, qué sé yo…, o aunque sea sólo un sesgo de ella), ¿cómo no iba a serlo mucho más en otro que junta menos de doscientas y que transmite una vida entera, desde la infancia perdida en los albores del siglo xx, hasta la pedestre realidad de hoy? [enlace al blog de Lauriño]

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La vida por la letra
• Eugenio Torrecilla
• 14,5 x 22,5 cm
• Encuadernación: tapa con sobrecubierta
• Tripa: una tinta sobre papel offset ahuesado de 100 g
• Sobrecubierta: tres tintas sobre papel Connoiseur Cotton de 160 g
• ISBN: 978-84-9704-479-0
Precio: 19 €

Interesados: info@pandiellayocio.com
Tel: 985 236 962

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En Pandiella y Ocio nos llena de satisfacción el haber podido editar, bajo la marca Luna de Abajo, el libro La vida por la letra de Eugenio Torrecilla que aquí mostramos.

Con un estilo muy lúcido y estético, Eugenio nos enseña en este libro, narrando la experiencia de los años claves de su larga vida lectora, cómo lograr que la palabra escrita, las letras que «yacen muertas» en los «amazacotados párrafos» cobren vida y nos descubran la «otra cara del mundo».

Vayan como avance de La vida por la letra estos dos párrafos que seguro no dejará indiferentes a nuestras colegas, diseñadores gráficos y editores que trabajan con la tipografía:

«Es necesario encontrar placer cuando se derrama la mirada sobre un conjunto de signos impresos por apretados que se muestren —a veces verdaderos ladrillos tipográficos (debajo hay playas)—, y mantener ese regusto de una página a otra. Leer: seguir interesado por cada frase, tanto la principal como las que a ella están subordinadas para matizarla y ampliar su sentido, paladeando la especial construcción, el sabor y la gracia de la trama formada, y a través de los párrafos que se abarcan con delectación, ver desarrollarse el argumento que nos involucra en sus incidencias y llega a marcar, o así parece mientras no se corte la lectura, nuestro propio destino.

Avezado a leer, quien posee tal hábito deja de percibir lo que está haciendo: transmigra. Y ya situado en otro plano, no avanza de palabra en palabra como un escolar, sino que las traspasa como el rayo de luz al cristal, para captar la imagen delineada por ellas. Entonces, a sus ojos, van abriéndose claros en el abigarrado amasijo de letras y la hoja de papel se transparenta.»

El acceso a la lectura de buenos libros de literatura no es fácil, exige un «lento aprendizaje». Hay quienes se inician en ella con la docencia a sus espaldas y el objetivo de la especialidad universitaria apuntando entre los renglones de los libros. Así se forman como «hombres de letras». Eugenio Torrecilla, médico jubilado, no pertenece a ese gremio, se ha formado en la lectura literaria sin intermediarios, a solas con su inquietud y sensibilidad nada comunes. Y lo ha aprovechado y aprendido tan bien que, como escribió Ricardo Labra, «Eugenio Torrecilla se ha convertido en estos tiempos de vedetismos literarios y de falsas erudiciones, en una auténtica lección, en un referente de como obrar y percibir la literatura». Y para los que hemos tenido la fortuna de tratarlo en la Tertulia Literaria de Langreo, un maestro que la dirigió de manera natural, sin que ni él ni los contertulios lo hubieran decidido o convenido.

↑ Sobrecubierta y cubierta anterior.

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La vida por la letra
• Eugenio Torrecilla
• 14,5 x 22,5 cm
• Encuadernación: tapa con sobrecubierta
• Tripa: una tinta sobre papel offset ahuesado de 100 g
• Sobrecubierta: tres tintas sobre papel Connoiseur Cotton de 160 g
• ISBN: 978-84-9704-479-0
Precio: 19 €

Interesados: hpandiella@gmail.com
Tel: 984 201 771

«[…] Brisas ligeras, título engañoso y excesivamente modesto, podía haberse llamado muy bien «Fuego nocturno», porque entre sus sombras —y abundan en él las sombras— crepita la llama que devora al poeta. Desvelado por frustraciones muy hondas (los sueños de la vigilia, alimentados por el ideal —esa «suelta llama del fuego» que prende en los corazones jóvenes— son difíciles de cumplir y dejan en el ánimo un regusto amargo) Alberto Vega parecía rehuir la confrontación del día y refugiarse en las tinieblas. «Y fue la noche suficiente cómplice», leíamos en el prólogo del libro, cuyo poema inicial repetía: «Vidas imposibles / cabalgando / la cintura de la noche. […]»

Eugenio Torrecilla (en Memoria de la noche)

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Brisas ligeras es el primer libro de Alberto Vega, publicado como edición de autor en 1980. El trabajo gráfico y de imprenta que trajo consigo serviría, junto con Memoria de la noche (en el que Alberto se nos muestra como el poeta definitivo que es), de iniciación a la aventura de Luna de Abajo. De ahí que el dibujo de la cubierta de Brisas ligeras sea también el motivo del cartel anunciador de la primera publicación de la editorial: el cuaderno Luna de Abajo número uno. Poesía en Asturias (1), de 1982. Reproducimos el cartel más abajo, cerrando esta entrada.

El poemario Brisas ligeras se recoge en el libro que recopila toda su obra, Alberto Vega. Plenilunio (obra completa 1980-2005) , editado el año pasado (ver «Plenilunio»).

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Bisas ligeras, 1980
• 15,5 x 21 cm, 36 páginas.
• Impreso a una tinta.
• Tirada: 400 ejemplares
• Agotado

american-express-0461c.jpg

La capacidad de soñar, felizmente
ha sido superada
por el crédito ilimitado
que todo lo limita.

Logro y símbolo
de la economía occidental.

Por lo que conviene soñar
a la carta
de la cuenta de resultados,
siempre en detrimento
de los elevados intereses
de la funesta imaginación

muy devaluada, por cierto,
en cualquier moneda
de cambio

y con muy poco, pero que muy poco

crédito.

***
«American express» es un poema del último libro de Ricardo Labra: El reino miserable (Madrid, Ediciones Vitruvio, 2008, p. 14).

angel-0498.jpg

↑Ángel González, el pasado 3 de diciembre, en el paraninfo de la Universidad de Oviedo.
Ha fallecido Ángel González, el poeta de la «inmediatez de la vida». Dos días después de la anterior entrada de este blog que abría con una caligrafía-retrato de Ángel realizada por Lázaro Enríquez para el cuaderno de Luna de abajo Angelgrafías, en 1999.

Conocí a Ángel González a través de Luna de Abajo, de mis amigos Ricardo Labra, Miguel Munárriz, Noelí Puente y Alberto Vega —también tristemente fallecido hace año y medio y al que Ángel González dedicó algunas elogiosas palabras en más de una ocasión—. Con mis compañeros de aventuras literarias he compartido muchas emociones poéticas. Una de ellas, especialmente intensa, fue la preparación y edición del libro Guía para un encuentro con Ángel González, en cuyo proceso editorial pudimos tratarlo en persona. Siempre hemos agradecido su generosa participación, la afectuosa amistad que inició.

Recuerdo con especial emoción la primera recepción que ofrecimos a Ángel, acompañado por Susana Rivera, en el patio de la casa de Alberto Vega, La Felguera, en julio de 1984. La respetuosa distancia protocolaria inicial que en apenas dos horas dio paso a la cercanía y confianza que sólo una guitarra y unos boleros de por medio pueden lograr. Y hubo más encuentros y más noches.

Aunque fui un asiduo lector de poesía hasta esos años ochenta, en Luna de Abajo era el grafista, no me dedicaba a escribir; una posición que establecía un punto de vista diferente en la elaboración de los proyectos. Pero gracias a mis amigos de Luna de Abajo empecé a leer a Cernuda, Gil de Biedma, Goytisolo, Brines y, por supuesto, a Ángel González.

Después, el tiempo que he dedicado a la lectura poética se tornó ocasional, disperso; pero siempre es una cita obligada releer a Ángel González, disfrutar con la lucidez y la inteligencia que manifiestan las condensadas reflexiones que dan forma a sus poemas, dotados de esa expresividad capaz de rebasar el género literario al que pertenecen. Sin perder su esencia poética, logran despertar el interés de cualquier lector no habituado a la poesía, como sólo los grandes saben hacerlo.

«Helios, se nos fue el calígrafo», fueron las palabras de Ángel que me dirigió tras saludarnos por última vez el pasado 3 de diciembre, al finalizar el acto homenaje de su investidura como doctor honoris causa en el paraninfo de la Universidad de Oviedo. Sirva otra angelgrafía de despedida, seguida de un texto inédito del propio Ángel González dedicado a las caligrafías de Lázaro Enríquez.

Descanse en paz.

Helios Pandiella

***

angelgrafias-35b.jpg

Todo amor es efímero

Ninguna era tan bella como tú
durante el fugaz momento en que te amaba:
urante el fugaz momento en que te amabaa:mi vida
entera.

(de Prosemas o menos, 1985)

***
Para la caligrafía de Lázaro Enríquez

Tocadas por las manos del calígrafo, las palabras escritas cantan en silencio. En realidad, la canción ha cesado ya tiempo, pero las evoluciones y los giros de su melodía no se desvanecieron en el aire. La huella de su vuelo persiste en el papel, y la canción se ve, se oye con los ojos.

Cantan las letras, se colorean, se agrupan a se dispersan en direcciones impensables. El calígrafo es, ante todo, pintor, un pintor figurativo cuyo modelo es el alfabeto. Las palabras aparecen como formas bellas en sí mismas, y el asombro ante esa belleza inesperada puede ser la causa de que en un primer momento nos desentendamos de su significado. Pero pasado ese primer momento de sorpresa, las palabras recuperan de pronto su cualidad de signos. Encontrar la belleza del significado de un texto tras haberlo admirado como forma pura es siempre un descubrimiento que nos coge por sorpresa. Y lo leemos al fin como nunca lo habíamos leído. El poema que surge por debajo de la caligrafía de Lázaro Enríquez es siempre un poema inédito, nuevo, lustral.

Ángel González

1984 es el año en el que Ricardo Labra publica La danza rota (Langreo, Luna de Abajo), su primer libro. Escrito con la vocación desbordante del autor que comienza, algunos poemas ya muestran la singular manera de ahorrar palabras que caracteriza su estilo posterior. Con la experiencia del que sabe administrarlas, evitará que los versos palidezcan y adelgacen hasta la significación anémica, una enfermedad muy común en la poesía de tantos quintaesenciadores actuales.

En La danza rota hay un poema titulado «Plenilunio» que transcribimos a continuación. Hará de esta entrada una suma necesaria a todas las anteriores que hemos ido publicando, dedicadas a Alberto Vega.

Plenilunio

(A Alberto Vega)

Fuiste en la noche
sigiloso y audaz
hacia las dunas

Allí la luna te obsequió
con el mejor de sus dones

***

plenilunio-industrial.jpg

También de 1984 es este paisaje industrial de La Felguera (Langreo, Asturias) ya desaparecido. Sirva para ilustrar este poema de un sólo verso de La danza rota:

Toqué muerte y sentí vida

***

«Subí con curioso entusiasmo, como siempre, hacia el altillo poético de la librería Ojanguren, uno de esos días en los que Lloviedo hace honor a su nombre más íntimo, y unos minutos después aquel tranquilo orbayo exterior se había transformado en un brusco, radiante y desapacible aguacero.

Abrir libros al azar tuvo siempre ese riesgo. Y un culpable esta vez con nombre y título en mis manos. Un desconocido Alberto Vega y un Memoria de la noche en el que creí encontrar la confirmación de que algo distinto estaba empezando a ocurrir en el panorama poético de aquellos primeros años ochenta. Por eso, lo desapacible de pronto del día en su sentido más literal. En su sentido más hermoso, más poético también. Unos versos que agitaban el corazón de aquel lector al azar.

Veinticinco años después, o un siglo después, o tanto tiempo después, a secas, y que cada uno ponga aquí la medida, el armario o las ventanas de sus cuartos crecientes, aquel autor alcanza su particular Plenilunio al reunirse ahora en un tomo imprescindible la totalidad de una obra que vararía después de aquella inicial Memoria, en títulos tan emblemáticos como Cuaderno de la ciudad, La luz usada o Historia de un nudo, por citar tan sólo tres desapacibles vetas de una obra cuyos títulos sirven por sí solos para intuir la fuerza ámbar y la verde o roja intemperie sucesiva de un poeta de la ciudad y para la ciudad, entendida ésta, por supuesto, en su sentido más simbólico e interior. O sea, el de la vida misma. Ese semáforo roto.

Porque Alberto Vega, poeta desde la experiencia más viva, poeta entrometido hasta las entrañas más profundas de todas aquellas superficies —grandes y pequeñas— que habitó con los ojos abiertos de sus palabras, habló siempre en sus versos de las cosas que pasan y los días que no ocurren, consciente de que no hay realidad sin imaginación, ni sueño remoto que no pueda viajar sentado de pronto en el asiento de al lado del tren o el autobús de cada mañana.

Que todos estos versos lo sean ahora a título póstumo, porque Alberto Vega (Langreo, 1956-2006) se viera abocado a encender antes de tiempo el largo cigarrillo de la muerte, es tan sólo un dato biográfico más, ajeno por entero a una columna que sólo lo será en esta ocasión, como aquel primer día, de llovida y radiante celebración porque los versos de uno de los poetas esenciales de los últimos tiempos están ahora a nuestro alcance en esta cuidadísima edición confeccionada con mimo y exigencia por sus amigos poetas del grupo Luna de Abajo —Miguel Munárriz, Ricardo Labra, Noelí Puente y Helios Pandiella— y porque el corazón de seres irrepetibles como Alberto Vega puede pararse, pero nunca muere…»

Fernando Beltrán

***

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[Ampliar 1, 2]

↑Presentación de la tercera edición corregida y aumentada de Guía para un encuentro con Ángel González, en el Club Prensa Asturiana de La Nueva España (Oviedo). Esta presentación formó parte del programa de actos de las jornadas Ángel González en la generación del 50. Diálogo con los poetas de la experiencia que Tribuna Ciudadana de Oviedo organizó los días 7 y 8 de noviembre de 1997. De izquierda a derecha, Noelí Puente, Alberto Vega, Ángel González, Ricardo Labra, Miguel Munárriz, Helios Pandiella y Fernando Beltrán. Arriba, Fernando Beltrán en primer plano, abre el acto. Abajo, Alberto Vega en un momento de su intervención. (Fotografías: Luisma Murias)

•••

Un año antes de fallecer Alberto Vega (2006), el 28 de junio de 2005 se presentaba en la Casa de Cultura de La Felguera (Asturias) su libro Estudio melódico del grito, editado por Visor. El acto, en el que participaron, por deseo del propio Alberto, sus compañeros de Luna de Abajo Ricardo Labra, Miguel Munárriz, Noelí Puente y Helios Pandiella, estuvo organizado por la Asociación Cauce del Nalón que preside Francisco Villar, referente ineludible de organización ciudadana en el actual Valle del Nalón.

alberto-0002b.jpg

↑En la mesa, presentando Estudio melódico del grito, Alberto Vega en el centro, acompañado por Ricardo Labra, Helios Pandiella Noelí Puente y Miguel Munárriz (fotografía de Fernando Castro). [Ampliar]

En esa fecha, a Cauce del Nalón le faltaban unos meses para cumplir diez años de actividad y en la memoria editada posteriormente con motivo de este décimo aniversario, le tocó a Ricardo Labra hacer un repaso de las actividades poéticas organizadas por la asociación. De la presentación del libro de Albero Vega y de su poesía, escribió lo que sigue:

«De todos los actos poéticos organizados por Cauce en estos diez años, puede que el más destacado y emotivo haya sido la presentación del libro de Alberto Vega Estudio melódico del grito, celebrado el 28 de junio de 2005, en la Casa de la Cultura de la Felguera. Esta presentación estuvo llena de profundos significados. Fue un acto definitivo para Alberto Vega, que ya no está con nosotros, para Luna de Abajo, que ya nunca volverá a reunirse de nuevo, para sus familiares, amigos, lectores y seguidores. Alberto Vega ha sido un poeta germinativo y fundamental para este valle, al que puso en hora poética, en el minuto exacto del vendaval estético de estos últimos años. Inteligente, sensitivo y hermético, salvo con las palabras más esenciales y necesarias, Alberto Vega trazó una obra unitaria en la que late con fuerza un personaje urbano, un antihéroe de la epopeya humana en la que estamos inmersos, lleno de valores, de solidaridad, de bonhomía. Alberto agita en sus versos la rabia de un mundo adocenado y en sordina, con la intención de restablecer, aunque sea por un instante, las dignidades perdidas y los sueños rotos. Su poesía es un canto de juventud, tan viejo como la juventud, tan joven como el mundo que se abre en nuestros ojos cada día como una página no hoyada. Sus noches y sus lunas, sus gatos y sus aceras, preludian la otra realidad, la única que puede modificar las cosas y acaso redimirnos o salvarnos de un vulgar destino escrito por la mano espuria de los convencionalismos castradores. Alberto Vega no precisó salir de esta comarca para escribir una obra de interés universal. Su ciudad es cualquier ciudad, por eso su ciudad es Langreo. El tiempo siempre corre a favor de los buenos poetas, y Alberto Vega no hará más que crecer en la valoración de su poesía. Su obra es un legado para todos nosotros.»

***

Poeta en sol menor

Cuando era un enano, feliz y despeinado,
antes del buenas noches o el beso de mi madre
tenía la costumbre de arrugar las tardes,
para meterlas al abrigo de mi cama
de contrabando, en una manga del pijama.

Me demoraba luego en el umbral del sueño
desplegando de nuevo el mapa de sus horas,
reviviendo a mi modo los dones de ese día
—la cita con charito, el gol de la victoria—
con una sonrisa ancha de párpados cerrados.

Siempre a la luz oscura del silencio.

También recuerdo que tendía los agravios,
las afrentas, las ofensas, los muchos ninguneos
a un sol menor al que llamaba olvido.

Lo malo, lo peor, es que a esta fecha
aún no han secado del todo y apenas los sacudo
salpican mi memoria, mis lentes, mis poemas…

***

Puerto Paula

En ocasiones, con más humor que morbo
y sin nada en qué pensar, útil o provechoso,
así, como quien cursa
una imposible instancia a las alturas,
me demoro eligiendo un final para mi suerte,
la última secuencia de mi propia existencia.

Quiero dejarlo escrito: en ese trance siempre
la resaca de tu cuerpo me arrastra sin remedio
y sonrío lascivo y acabo deseando
morir frente a tus costas, compañera.
Desnudo como un náufrago en tus playas,
extraviado y feliz en nuestro mar de sábanas.

***

Quizás un corazón recoja lluvia

Probablemente buceando en mi escritorio
halle las letras o, no sé, las claves
de un nuevo y sumergido abecedario.

Tal vez en el fondo del vaso largo
de gin con agua tónica
o en la página cien de los libros más cercanos,
aquellos que al abrirlos cada día
crecen al ritmo de tu propia historia.

Quizá ni estén en este cuarto, han de traer
el aroma cabal de lo que ya no es
o el presagio futuro de lo que aún no ha sido.

Unas palabras, encontrar tan sólo unas palabras
y dirigirlas a todos y a cualquiera.
Pero de uno en uno: irrepetibles y secretas…

***

vega-7988b.jpg

↑Con Ángel González el 30 de mayo de 2005, en la cena de Casa Adela en Lada (Langreo, Asturias), posterior a un encuentro con el poeta organizado por Cauce y un mes antes de la presentación de Estudio melódico del grito, de Alberto Vega. De izquierda a derecha, de pie: Noelí Puente, Helios Pandiella, Ángel González, Fernanda Burón; sentados: Paula Granados, Alberto Vega y Ricardo Labra. [Ampliar]

***

Manifiesto

La palabra es muy útil, mas no sirve
para fertilizar el sexo de una espiga.
Sólo cuando roncan borrachos de fortuna
sueñan los gatos negros con números trece.

Las canciones más tristes anidan
sólo en algunas noches.

Lo malo del presente es que vivimos
grapados al dossier de los recuerdos.

Aunque fundar poemas reinventa su inventario
y abrasa un sol por venir, mientras le dibujamos
zapatos a los árboles, alas a los vasos,
puntiagudos violines al ruido del silencio…

***

Isla Tabarca

Según vendía el folleto de la agencia de viajes
aquellas calas, breves y escarpadas,
habían sido refugio de piratas
que hace siglos asolaron las costas que ahora son
residencia estival de sus tataranietos.

Yo estaba enmimismado, reactivando
lecturas juveniles (defoe, salgari, stevenson…),
ellas, a unos metros, jugaban desnudas a las palas
y de cuando en cuando se vestían de mar,
coronaban sus gracias de espuma y luz salada.

Apagué la sombrilla, encendí un ducados,
tras sacudir la toalla y replegar el diario
me alejé derrotado, silbando distraído
la balada más hermosa y amarga
escrita, en horas bajas, por un tal leonard cohen…

(La ausencia era la única arma posible
contra el supremo arsenal de sus cuerpos.)

***

Elecciones en el purgatorio

Antes no era distinto: los políticos,
cautelosos y limpios como gatos domésticos,
ya ocultaban su mierda entre nuestras cenizas.
Pero este tiempo de eurodólares enfermos
es bastante más cutre, más canalla.

Me salva el hecho —y cito textualmente
unas líneas a las que siempre vuelvo—
de que me gusten tanto los domingos mingos
y, muchísimo más, los martes mates,
besar sus pechos (sí, besar tus pechos),
echarme en su regazo y despeinarme.

He aparcado mi esperanza en doble fila,
me finjo un buen gregario y me demoro
sin rumbo ni sentido por las calles.
Y deposito en la urna de cada papelera
el inútil y abstracto voto en blanco de mi nadie.

***

Economía de medios (mejor: de miedos)

A veces suena el timbre del teléfono
y entra en casa el cartero, disfrazado de fax.

No le presto atención, mas algo en mi interior
me dice que una noche vendrá Dios
a cobrar la demora en la hipoteca de mi vida
simulando que me trae la cerveza y las pizzas
o un recibo impagado de la empresa del gas.

Entonces hará frío, será tarde
y en toda la ciudad no habrá un maldito
Banco de Horas abierto que me avale.

regreso-a-casa-8567b.jpg

↑Viñeta de la cubierta de Estudio melódico del grito. [Ampliar]

***
• Alverto Vega: Estudio melódico del grito
Colección Visor de Poesía, n.º 591
• Visor, 2005 (ISBN: 84-7522-591-8)
• 56 páginas.

***



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Buenas noches, amigos, ciudadanos, espías…

Te aguardaba en estos versos.

Entre la niebla cotidiana y unos granos de opio
elegí este horizonte de noches y fonemas
para mirar tus ojos frontalmente.

Ahora soy un príncipe encantado
bajo este aspecto de sapo un tanto lírico
que deberás besar
si quieres que este cuento acabe bien
para nosotros.
Créeme: Crée Créeme:
no hay orgullo ni bajeza en mis palabras.

Yo te aguardaba en estos versos desde siempre.

***

Aunque se publicó en enero de 1986, Para matar el Tiempo, de Alberto Vega, entró en imprenta en diciembre de 1985, el año más fructífero de Luna de Abajo, el de Guía para un encuentro con Ángel González y los libros Vivir de milagro, de Miguel Munárriz y Último territorio, de Ricardo Labra. Para matar el tiempo fue el colofón de una intensa actividad que no se repetiría. Luna de Abajo dejaría de responder a la fuerza gravitatoria que la fijaba a «los charcos de la bocamina» (*) e iniciaría una trayectoria sin órbita fija, errática.

(*) Del poema Luna de abajo que Ángel González nos dedicó.

A continuación, se reproduce el texto de Alberto Vega que a modo de «explicación» abre Para matar el Tiempo y unos poemas del libro.

***

Debo una explicación al posible lector. A lo largo de varios años se han ido agrupando estos poemas, escritos en su mayoría como puro ejercicio, como hipotética producción de un personaje de ficción —Manuel Pomar— nacido y recreado en horas de papel, soledad y domésticos fantasmas personales. A ello, probablemente, se deban los cambios de estilo, humor y concepción del poema que pudieran advertirse en el conjunto.

Después de las dudas pertinentes, decido firmar el libro con el propio nombre por varias razones, unas de orden lógico y otras de orden mágico.

Por una parte ocurre que, sencillamente, no me apetece jugar al juego de los heterónimos (los honorarios de un psiquiatra no están al alcance de cualquier economía).

De otro lado, dos líneas de Gil-Albert, recientemente leídas por azar en una vieja publicación periódica, arrojaron la luz última y definitiva sobre mi confusión y mis prejuicios:

Nos solemNos solemos disfrazar de lo que somos.
Nos solemSin saberlo, claro.

Al presente Para matar el tiempo, en un primer borrador, seguía un subtítulo: Infancia, delirio, amor y muerte de Manuel Pomar.

Creo que yo, ocasionalmente, me he disfrazado de ese hombre (es decir, de mí mismo).

Alberto Vega (noviembre de 1985)

para-matar-el-tiempo-03a.jpg
***

Parábola del hombre afortunado

Del sacamuelas aquel, mezquino, sifilítico,
entrampado y miserable hasta el sombrero,
que se fue sin dejar rastro, únicamente
tuvo noticia un primo algo lejano.

Parece que contaba (entre otras cosas
de interés limitado) lo bien que le había ido
en cierta isla exótica, gozando del cuidado
que algunas buenas gentes le prestaron.

Cualquier incrédulo podría ver las fotos:

él rodeado de frutos y mujeres,
él abrazado por jefes y hechiceros
que adornaban el pecho con extraños collares
de muelas cariadas y enseñaban
grotescos y felices sus dentaduras de oro.

***

El doble

Hay un problema entre nosotros: tú
sonríes a los gatos por la calle,
mientras yo cruzo los dedos y les temo
su memoria salvaje.

Pasan rostros anónimos y tú
les vas poniendo nombres y señales,
yo en cambio me descuido entre las nubes
y silbo si me place.

Hay un problema entre nosotros: tú
vives dentro de mí y eso es muy grave.

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***

Partimos con el sol naciente
albergando la frágil convicción
de que al fin todo acabaría siendo
aventura propicia para sentirnos uno
entre tanto sentimiento amordazado,
tanta vida y tanta muerte superpuestas.

Los segundos, estatuas de agua,
crecían al azar deshilvanando el tiempo.

Las nubes arriba, tambores de silencio
para el paso inexorable de los días.

Presentíamos la duda como espada enemiga
con quien batirnos en cada encrucijada.
El camino era incierto,
soñábamos con bellos precipicios
donde arrojar lo que de amargo pudiera acompañarnos.

***

Se adivinaban ya ríos ocultos
apenas iniciados
al viaje fabuloso, a las arduas geografías
coronadas por un rumor creciente
de cántaros y peces.

Una suerte de frutas abismales
—agridulces, lejanas—
fue el hallazgo primero de nuestros labios secos.

Luego una extraña alquimia de pieles recobradas,
un ligero sopor desde las sienes
(Rastros, lugares, encuentros clamorosos
volvían bajo un signo azul y cósmico
nacido como llama entre la nieve).

Al despertar nos deslumbró la imagen imperfecta
de una estrella labrada en espejos infinitos.

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***

Enamorados de Maureen O’Sullivan

Aunque sabíamos que era de otro hombre
nuestra envidia fue siempre
más que dudosa

(Tú Tar-zán.
Yo-ser-com- Yo-ser-com-pa-ñe-ra).

Y es que en el fondo nunca descubrimos
si aquella lúbrica mujer en blanco y negro
amaba al Rey veloz y suficiente
o al tímido salvaje amigo de los monos.

***

La chica del anuncio

Bien podría comprar esas bragas que anuncia
o tratar de encontrarla a través de su agencia,
pero no,
nada nada de eso,
tuve que enamorarme
como un niño de su imán y diariamente
mirarla de reojo por las calles más céntricas.

Últimamente pienso que si cambia la chica
de las vallas que nos venden su sonrisa
no haré por encontrarla a través de su agencia:

Compraré, por despecho, esas bragas que anuncia.

***

Dios ha muerto, Marx ha muerto
(y yo últimamente no me encuentro
nada bien)

El caso es que me busco entre las cosas
vecinas, entre tanto
vino bastardo y tertulia de provincias,
jugándome los pasos a una carta
marcada en la baraja del destino
con orlas de colores y falsos paraísos,
desafiando al tiempo entre mitos y flautas.

Por lo demás, ningún problema. Gracias.

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***
Características:
• Año 1986 (ISBN: 84-86375-04-05)
• 14,5 x 20,5 cm, 56 páginas.
• Tirada: 700 ejemplares.
• [Agotado]

***

Plenilunio

Roza pues con tus labios el dormido
pubis de la luna,
embriágate de lúbricas mareas,
azul bajo los astros, efímero, insaciable
recobra tus caminos, vuela o calla.

Neblina sigilosa o beso errante
vuélcate sin cuidado, sé tú mismo,
cabalga en el espacio que ambicionas
para tu suerte próxima
a lomos de una estrella incontenible.

Tendrás la llave de todo paraíso.

Cuesta un sueño abrazarse a los orígenes.

***

En 1981 Alberto Vega y yo pusimos en marcha la editorial Plenilunio, nombre elegido por Alberto. Memoria de la noche (1981) es el único libro editado bajo esta marca (el primero fue Brisas ligeras, en 1980, publicado como edición de autor) antes de ser impugnada administrativamente por su similitud con otra ya registrada. «Plenilunio» es también el título de uno de los poemas de Memoria de la noche y, gracias a Ricardo Labra, que lo supo ver de manera inmediata, el del libro que recopila toda su obra, Alberto Vega. Plenilunio (obra completa 1980-2005).

«Cuesta un sueño abrazarse a los orígenes», el último verso del poema, resultó premonitorio.

Borges nos daría la pista con su Luna de enfrente para reiniciar la aventura como Luna de Abajo, en 1982, con la decisiva colaboración de Álvaro Díaz Huici, editor de referencia (y amigo para siempre) al frente de su entonces ya mítica colección Aeda de poesía. Pero esto ya es otra historia.

Memoria de la noche consta de tres partes, «I. Memoria de la noche», «II. Signos de amor y muerte» y «III. Fatalidades». Cada una de ellas lleva una portadilla con el dibujo de una escalera exterior que da a una vieja casa, el mismo espacio escénico en el que se representan diferentes motivos y que se reproduce solitario en la cubierta del libro.

Helios Pandiella

***
De «I. Memoria de la noche»:

Noches: panteras del recuerdo

Pudieran ser
montañas vertebradas o infinitas
arenas de un reloj,

sombras desnudas que a tientas agolparan
gestos y miradas anteriores
a su regreso álgido y confuso.

Innumerablemente me abandono
a sus múltiples huellas:

ciertas noches vividas aún me turban,
como panteras inquietantes del recuerdo
vibran bajo las formas del poema.

***

Nocturno

Esos días son reptiles que te asaltan.

Y vuelves, tú lo sabes, desgarrado,
con esa llama sutil de interrogantes
bailándote en los ojos.

Y apartas los libros casi a manotazos
—fiebre, ginebra insomne,
música helada y sábanas de olvido—.

Y te hundes en la noche de tu cuarto
atroz y solitario
como un perro que se lame los testículos.

***

El texto que sigue aparecíó escrito en las solapas de Memoria de la noche y es de Eugenio Torrecilla, alma de la tertulia literaria de Langreo y de alguna forma maestro admirado por la generación del poeta:

«Con esta nueva entrega, esa voz de la noche que es el verso de Alberto Vega vuelve a dejarse oír. Ya su libro anterior, mejor que Brisas ligeras, título engañoso y excesivamente modesto, podía haberse llamado muy bien «Fuego nocturno», porque entre sus sombras —y abundan en él las sombras— crepita la llama que devora al poeta. Desvelado por frustraciones muy hondas (los sueños de la vigilia, alimentados por el ideal —esa «suelta llama del fuego» que prende en los corazones jóvenes— son difíciles de cumplir y dejan en el ánimo un regusto amargo) Alberto Vega parecía rehuir la confrontación del día y refugiarse en las tinieblas. «Y fue la noche suficiente cómplice», leíamos en el prólogo del libro, cuyo poema inicial repetía: «Vidas imposibles / cabalgando / la cintura de la noche».

De la continuidad de su tránsito por esa oscuridad propicia, nos da referencia ahora en Memoria de la noche. Y entre la algarabía confusa que nos despierta a los plácidos burgueses, por encima de «el ruido y la furia» desatados por los muchachos que cruzan bajo nuestras ventanas arrastrando «la pobre loba» de su juventud —que decía Machado— llega de nuevo esta voz articulada y precisa, intérprete del clamor de estos «ciudadanos de la noche / pálidos restos de luna y marihuana» cuyo paso nos inquieta. En la poética que abre el libro, deja bien claro su propósito de «ahondar en el grito ritual» y bucear en el «infortunio colectivo», traduciendo aquel grito en «equivalencias literarias».

Debe el lector, por tanto, hacer un esfuerzo y descifrar el mensaje de una generación incomprendida que le llega en estos versos.

Hay desencanto en el presente Memoria, hay rabia contenida. Son noches sin lunas decorativas las de Alberto Vega, aunque en ellas clarea el consuelo humano del amor —si bien amor y muerte van ligados en el título de uno de los tres capítulos que componen el tomo.

Le es difícil a nuestro poeta encontrar su camino vital en la oscuridad. Por algo acude a estos versos de García Lorca para reunir el primer grupo de poemas: «He visto que las cosas / cuando buscan su curso encuentran su vacío».

Se trata del vacío existencial que se extiende ante el hombre, más allá de la zanja donde yacen las ilusiones. La lucidez engendra desiertos, pero aún en ellos existe un caudal de agua subterránea que se manifiesta en la maravilla de los espejismos. Y es necesario avanzar sobre la arena estéril, o entre las sombras, avanzar siempre con un sueño en la mente. «Sueña el árbol…» ¿Cómo no ha de soñar el hombre, «sombra incierta cobijada / bajo sueños…»? Efectivamente, Alberto Vega, «así el hombre».

***

De «II. Signos de amor y muerte»:

III. Rito

No, no hay nada aquí
(o apenas un constante desatino).
Nada en el cuarto:
únicamente el mundo que se agolpa.

(Nosotros, una gota que desborda
la música del vaso.
Auténticos al menos si libres la quimera.
Nosotros, conciencia de los necios
que fingen y envejecen
en tanto apuestan la derrota de su vida
a una carta marcada por la dueña costumbre).

No hay geometrías, ni lazos, ni verdades,
ni paraísos líquidos, ni huellas.
Tan sólo un cuerpo, un ser tan sólo,
despoblado, mar de dos, forjado a tientas.

***

VI. Fin

Piensa en quien así habla,
sólo un hombre
o soberbio mendigo, voz resuelta
que llama pan al lecho y aborrece
las horas destempladas como flechas,

que se embriaga de sol y de aguacero
tras el paisaje de la hembra luminosa
en esas noches absolutas y confusas,
plenas de libertad y encrucijadas,
decrépitas de estrellas, gritos, almas.

(Y mirabas al techo y te decía:
en amor nos embarcamos ciegamente
para eludir nuestra esclava condición
de hombres atravesados por la urgencia
de lo que no poseemos…)

***

De «III. Fatalidades»:

Así el hombre

Sueña el árbol en su trono solitario
un capricho de trinos y alamedas.
Las ciudades con un soplo de azahares.

La vieja luna besa
el delicado cuello de los cisnes.
Araña tierra seca el vertebrado rayo.

Brama el toro, se miente
nacido para el asta de su fuerza.
La errante nave ondea su esperanza imbatida.

Así el hombre:
sombra incierta cobijada
bajo sueños,
pasiones pa pasiones
pasiopasiopasiopasioy megalomanías.

***

Legado del buen suicida

«Su ritmo se quebró, mi voz abriga
ladridos de silencio.

Lo confieso, ya no estoy enamorado
de la canción aquella que os decía,
si en mis labios duelen versos de infortunio
sabed que los leí de vuestros ojos.

Amargo fin de mis híbridas pasiones,
de mis gentiles máscaras,
de todo
lo que fuera tan mío y tan ajeno…

Si en mis labios duelen versos de infortunio
también en vuestros ojos, también en vuestros ojos».

***
Característcas:
• Año 1981 (ISBN: 84-300-5325-5)
• 15 x 21 cm, 48 páginas.
• Impreso a una tinta.
• Tirada: 1.000 ejemplares.
• [Agotado]

***

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El Ayuntamiento de Langreo, con María Esther Díaz García de alcaldesa, ha tenido el acierto de editar, a propuesta de la asociación Cauce del Nalón presidida por Francisco Villar, el libro Alberto Vega. Plenilunio (obra completa 1980-2005) que recopila toda la poesía del langreano Alberto Vega (1956-2005). Una iniciativa que constituye un doble reconocimiento y homenaje al que es un importante poeta español contemporáneo y al que fuera empleado municipal, responsable del Área de Cultura y Juventud del Ayuntamiento de Langreo desde 1985 e impulsor de numerosos proyectos culturales.

En su edición hemos participado sus compañeros de Luna de Abajo Ricardo Labra, Miguel Munárriz, Noelí Puente y Helios Pandiella. Luna de Abajo figura como marca editorial en el libro.

A continuación, cuatro fragmentos de los textos introductorios escritos por cada uno de nosotros para el libro, intercalados con poemas que Alberto nos dedicó en diferentes entregas poéticas.

***
El título Plenilunio de esta recopilación de la obra de Alberto Vega, lo explica Ricardo Labra:

[…] «Plenilunio no es un facsímile de los libros de Alberto Vega, pero sí contiene cada uno de sus poemas, de sus palabras, de sus guiños y destellos, para que de sus páginas surjan las lecturas sosegadas, las antologías temáticas y los estudios críticos que pongan en valor su valiosa obra.

El título de esta recopilación, Plenilunio, lo puso el propio Vega con la intención de nombrar a una editorial de poesía, sin saber que en aquel momento le estaba poniendo nombre a su obra poética. ¿Quién podía saberlo entonces? Al realizar las últimas correcciones del libro nos hemos dado cuenta de ello, por eso, con emoción, se lo devolvemos.» […]

***
Centro

para Ricardo

Hay un sabor a nada en cada trago,
en cada gesto avanza una prisa sin olas,
sin sentido los pájaros
sobrevuelan la luz roja de un semáforo,

fruta imposible y vana. Crece un canto
de peces de latón y hojas enfermas
en oídos abstractos,
un rumor a hombre solo por debajo del ruido.

Yo camino despacio

(Es decir, estoy vivo).

De Cuaderno de la Ciudad (1984)

***
Noelí Puente:

[…] «Un poeta local y universal a la vez. Local porque muchos de sus poemas se desarrollan en un paisaje físico que reconocemos, en una ciudad que es la nuestra, nuestra cuenca, nuestra Felguera. Y universal porque a la vez trasciende esos límites físicos y ese espacio se convierte en la ciudad que cada lector lleva dentro, encuéntrese éste en La Felguera o en Madrid, en Sevilla o en Nueva York. Es un poeta moderno, en el sentido bodeleriano, que deja meridianamente clara su actitud ética en cada uno de sus poemas. Una clase de poeta que demuestra cómo escribir verdadera poesía no es un ejercicio de bibliografía aplicada, sino un acto de talento creador cruzado con la vida.» […]

***
Día martes no trece

Con Noelí Puente

Era incapaz de escribir una palabra
ese martes cualquiera que refiero.

Era un martes —ya dije— como otro cualquiera,
si al menos fuera lunes —me dije— qué sencillo
culparle del asunto: Quién no sabe
que es un día nefasto y sin ningún prestigio.

Era un ir y venir de pensamientos romos
tras la castrada lujuria de las letras,
una trampa tendida en lo más hondo:
Allí donde no reina más que el tedio

(Era el silencio quien rondaba por mi casa,
quien se acercaba de puntillas a mis versos)

De Historia de un nudo (1992)

***
Miguel Munárriz:

«[…] Si la poesía moderna y la modernidad existe por Baudelaire tú también has inventado esa ciudad cosmopolita en la que nunca viviste y le aceleraste el corazón y la convertiste en ti mismo y peleaste en ella la palabra aristocrática y esbelta con el vulgo apestoso y maloliente del crimen. Inventaste como él los dominios excelsos de la poesía que sube del infierno y busca la protección del Ángel, el tiempo perdido y recobrado por la voz que redime la poesía. […]»

***
Perfume de una flor pisada en las aceras

Con Miguel Munárriz

Demasiadas aceras, hemos visto
cruzar miles de rostros
anónimos en busca de un pensamiento claro.

Podría cambiar todo
si existiera un dios cercano y bondadoso
en la ciudad del agobio y la costumbre.

Podría cambiar todo
al embriagarnos de gestos y palabras
si no sabe ya el vino más que a niebla

(Al descubrir que ser feliz no estriba
en hacer únicamente lo que quieres,
sino en querer simplemente lo que haces).

De Historia de un nudo (1992)

***
Helios Pandiella:

[…] Alberto decía que el poeta es un «solitario solidario», un defensor de lo inútil, «aquello que no tiene valor de cambio en una sociedad instrumentalizada», solidario con «la soledad de fondo de cada hombre». Razones éticas y estéticas profundas con las que explicaba su vocación y dedicación a la poesía que, para un descreído como yo, no avalan por sí mismas al buen poeta. Y Alberto es un buen poeta, universal, las cualidades de su poesía se deben únicamente a su personal voz, a su intransferible manera de decir; por lo que nunca precisó una oficina de política lingüística para existir. Buen poeta no porque quiso, sino porque pudo.

***
Trama

para Helios

Al norte del recuerdo cuántas horas
de fatigar aceras…

Qué niño fuimos, qué dibujo de tiza
lentamente se borra de los muros,
dónde la adolescente imaginada
como un beso profundo entre dos sueños,
o es acaso mentira que solíamos
de bar en bar desalojar el miedo
y alzar guitarras contra el aire clandestino,
que todos los caminos se incendiaron
para nosotros de falsos paraísos
y luego el duro golpe de un cuerpo despoblado…

Tal vez es la ciudad quien nos inventa
y a su capricho traza nuestras vidas
como intrincados signos de su propia historia.

De Cuaderno de la Ciudad (1984)

***
alberto-vega-dibujo.jpg

Y el poema que cierra su último libro Estudio melódico del grito (Visor, 2005):

Un soneto disonante

No quisiera morirme sin haber vivido,
sin haber exprimido el zumo de mis horas.
Como quien rompe un acta levantado a solas
multiplico por cero las cifras del destino.

Siempre olvido el paraguas en el bar,
el sombrero del tiempo sobre mi cabeza.
Algunos días grises me inyecto en las arterias
la gota que rebosa el vaso del azar.

Deshilvanados trazos de rimas arrimadas.
Balas que silban a espaldas del presente.
Fronteras transgredidas con pasaporte falso.

Soy transparente a la luz de la memoria.
Vuelvo a calzar los pasos en mis zapatos viejos.
Y lamo las heridas del tiempo en estos versos…

***
Características:
• 15,5 x 21,5 cm, 296 páginas.
• Impreso a una (interior) y dos (cubierta) tintas.
• Tirada: 2.000 ejemplares
• PVP: 8 €
• Interesados: info@pandiellayocio.com

***

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Encuentro

Esta ciudad no tiene rostro.

Un hombre sueña flores de Ketama,
mientras dobla la esquina de los días
y le arden los ojos busca en vano
el tren azul que silba en sus zapatos.

Una mujer regresa de París,
camina por las calles con el hijo
que no tuvo, en vano se detiene
ante un hombre al que ya no reconoce.

Esta ciudad no tiene rostro.

***
De todos los libros de Alberto Vega, siempre sentí especial predilección por Cuaderno de la Ciudad (Luna de Abajo, 1984), tanto por el poemario como por su peculiar edición, cuya característica distintiva se debe a una feliz propuesta de Noelí Puente. Me reitero en ello tras el proceso de compaginación del libro Alberto Vega. Plenilunio (obra completa 1980-2005) que ha editado el Ayuntamiento de Langreo y que se presentará el próximo viernes, 19 de octubre, en la Casa de Cultura de La Felguera.

Cuaderno de la ciudad parece «un libro menor» que «salió de la imprenta disfrazado de libreta, de añejo y pobre cuaderno escolar» según Vega, pero destinado a ser un gran libro con el paso del tiempo. En él sólo envejece el motivo de un dibujo mío, de 1980, titulado A la busca de lo que pasó al lado, el otro día y que sustituyó al habitual de la escena de animales salvajes que se reproducía en aquellas libretas escolares de hace cuarenta años.

a-la-busca.jpg

(↑Hacer click para aumentar)

***
Fantasma

para Michi

Un fantasma es quien te llama por tu nombre
de forma inesperada
en una calle concurrida, entonces sientes
que se confunden en su rostro tus edades
—algo así como un vértigo inconcreto—
mientras buscas al azar en el desván del tiempo
la sombra más antigua del perfil que olvidaste.

Si en cuestión de segundos recuperas la infancia
y ese amigo lejano te sonríe
con la misma mirada con que lo hiciera antaño,
date por satisfecho, le has devuelto
al mundo de los vivos.

Por idéntica razón habrás resucitado

***
José Luis García Martín escribió, a modo de epílogo de Cuaderno de la Ciudad, un texto de indudable interés y calidad. Reproduzco los cuatro últimos párrafos:

«Las aceras insistentemente fatigadas (el adjetivo remite a Borges), las calles invadidas por desconocidos, el refugio de algún bar, cierta plaza con muchachas —también los gatos nocturnos y en celo—, tales son los vagos elementos urbanos que se mencionan en estos poemas. No hay culturalismo ni referencias concretas: Alberto Vega habla de cualquier ciudad, de la cárcel sin muros donde erramos todos.

Sin muros y sin escapatoria: «No soy yo quien ha salido esta mañana», leemos en el poema Viaje, irreales resultan cuantos pasos creemos dar fuera de su angosto perímetro.

Un hombre deshabitado entre la solitaria multitud de una ciudad que está en todas partes y en ninguna. Ése es el tema de este libro.

La ciudad como marco inexistente de una ausencia. Una ciudad de palabras asordinadas y pudorosas que nos conmueven con su cernudiana queja por «vivir sin estar viviendo».

***
Perdedor

para Noe

Entonces era joven, tenía los bolsillos
llenos de golondrinas,
por el contrario en la cabeza le anidaron
aves un tanto raras, pájaros del deseo.
Sus amigos se casaban los domingos
casi tranquilamente
o morían de golpe sin cuidarse
de dejar cuatro letras explicando
qué razón poderosa
les había empujado a esquivar la mirada,
cambiar de acera o sonreír con cara
de imbéciles profundos ante un pez de colores

(Esta banal historia no tendría
la menor importancia de no ser por el hombre
que navegaba ríos de ginebra
y hablaba solo en un café mientras se hundía
entre las piernas abiertas de la noche).

***
Según Ricardo Labra «La poesía de Vega tiene a la ciudad como argumento, como palimpsesto instrumental de la mayoría de sus poemas. Una ciudad sin nombre y sin rostro, anónima y universal, pero con un perfil nítido e inconfundible. Una ciudad amiga y enemiga, una ciudad amada y cainita, una ciudad áspera y germinal en cuyas sombras se debate el personaje poético del autor de Cuaderno de la ciudad, atrapado en la trama fatal de sus calles como un nuevo Ulises urbano o un Teseo en el laberinto de un destino demasiado previsible.»

Por mi parte, subrayar lo obvio en estos tiempos en que las particularidades pueblerinas han adquirido rango de normas oficiales, que la poesía para el hombre que «dobla la esquina de los días» en la «ciudad sin rostro», «anónima» de Alberto Vega está escrita —dada su vocación universal— en la misma lengua que utilizan para comunicarse los habitantes de Madrid, La Habana, Caracas o Buenos Aires, posibles lectores de cualesquiera de estas u otras ciudades de habla hispana que pudieran identificarse con los versos de Alberto Vega sin que medie traducción alguna. Porque el idioma en la poesía es, como la piel en el cuerpo humano, su mayor órgano. Las emociones estéticas, la Belleza, las verdades trascendentes no hacen un buen poema, lo hacen las palabras elegidas, exactamente esas y no otras, para componerlo según la personal manera de decir del poeta. La que nos importa.

Helios Pandiella

***
Zona

Aún se llena de muchachas y de círculos
la plaza aquella, giran todavía
en la tarde los colores de sus ropas
por las calles del barrio hasta perderse luego
entre el humo delirante y las cervezas

(Ellos saben que a la hora acostumbrada
se irá tanto deseo de los ojos.

Algunos permanecen aguardando la música
improbable y feliz de una aventura).

Yo nunca más he vuelto, aunque se dice
que un hombre sin pasado algunas noches
—especialmente tristes— contempla las paredes
y fuma silencioso y se emborracha
y paga con decoro y se va y nadie sabe
que ha cumplido una cita con sus sueños de aire.

***
Características:
Alberto Vega: Cuaderno de la ciudad, Langreo, Luna de abajo, 1984 (ISBN: 84-300-5325-5)
• 15,5 x 21,5 cm, 28 páginas.
• Impreso a una tinta.
• Tirada: 500 ejemplares.
• [Agotado]

•••

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Luna de abajo número uno. Poesía en Asturias (I) (1982)

Francisco Álvarez Velasco, Rosa Espada, Víctor Botas, Álvaro Díaz Huici y Juan Manuel Muñiz.

Ilustraciones de Bartholomé, Alejandro Mieres, Paredes, Ramón Rodríguez y Carlos Sierra.

*****
Profundizar en la mediocre relación que mantenemos con las cosas que nos rodean, parece ser vocación o empeño de poetas. Pero la realidad no puede afrontarse como algo unívoco e inmóvil: los signos se permutan al roce de unas sílabas y, aunque el centro persevere en su inútil geometría, se alzan entonces puentes de luz que multiplican el trazado, los posibles caminos entre soledad y ensueño.

El lenguaje poético aparece así entre continuos interrogantes, que deberán ser dilucidados a través de los propios ojos del lector —siempre habrá una atmósfera, un rincón, un verso que asalta y luego sobrevuela…— y nunca como una mera propuesta, rígida en sus formas e insalvable fuera de su tipografía mas o menos ejemplar.

Nace un cuaderno bajo un símbolo de evidente fertilidad. Sobre su palma de arena comienzan a caminar los poetas. Por lo demás, el tiempo —mano de orfebre— aquilatará nuevas presencias y hará de trigo y paja las piras de memoria o de ceniza que más le convengan.

Alberto Vega (Langreo, agosto de 1982)

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• 20 x 52 cm, 64 páginas.
• Impreso a una tinta.
• Tirada: 777 ejemplares.
• [16 euros]

(Últimos ejemplares)

Contacto:
heliospandiella@pandiellayocio.net

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Luna de abajo número dos. Poesía en Asturias (II) (1984)

José Luis García Martín, Fernando Menéndez, Pedro Luis Menéndez, Miguel Munárriz, Alberto Vega.

Ilustraciones de Bonhome, Manuel Beltrán, Kiker, Legazpi, Lombardía y Vicente Iglesias.

« […] no existe el verdadero sentido de un texto. Ni autoridad del autor. Sea lo que sea lo que haya querido decir, ha escrito lo que ha escrito. Una vez publicado, un texto es como un aparato que cada cual puede utilizar a su guisa y según sus medios, no puede asegurarse que el constructor lo use mejor que otro. Por lo demás, si sabe bien lo que quiso hacer, ese conocimiento le enturbiará siempre la percepción de lo que ha hecho.»

Paul Valéry

• 20 x 52 cm, 64 páginas.
• Impreso a una y dos tintas tintas.
• Tirada: 777 ejemplares.
• [Agotado]

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Luna de abajo número cuatro (1987)

José Agustín Goytisolo, Luis Ríus, Ángel Guache, Fernando Abascal Cobo.

Ilustraciones de Galano, Pelayo Ortega, César Miranda y Ángel Guache.

*****
«La estrella de mar, como un signo o un oscuro presagio, apareció un día en la bañera».

«Aquel verano, en su cumpleaños, recibió como regalo una pequeña caja de acuarelas. Cada atardecer se situaba frente al mar y pintaba los movimientos de las olas».

(de «Las sombras del tiempo», Ángel Guache)

*****
• 20 x 25 cm, 56 páginas.
• Impreso a una y dos tintas.
• Tirada: 500 ejemplares.
• [16 euros]

(Últimos ejemplares)

Contacto:
helios@pandiellayocio.com

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Luna de abajo número cinco (1990)

Arthur Rimbaud y Paul Verlaine, James Fenton, Roger Wolfe, Carlos Bousoño, José Agustín Goytisolo, Carlos Barral, Ángel González, Mario Benedetti, Emilio Alarcos Llorach, Ricardo Labra, Daniel Moyano, Bárbara Jacobs, Luis Sepúlveda, Hugo Martínez y Alberto Piquero.

Fotografías de Nieto, Herminio Sánchez. Esculturas de Adolfo Manzano.

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«Cuando un cuadro se pinta sobre otro cuadro, ocultando el anterior, un secreto vínculo los une para siempre, se produce una ósmosis de formas y colores, un sucederse de líneas con unas relaciones muy sutiles. De modo que el cuadro resultante, el que nosotros percibimos, no sería el mismo sin el otro: la parte más profunda que lo sustenta. Como nosotros no seríamos los mismos sin nuestros sueños, sin nuestras obsesiones, sin nuestro pasado.

Un poema suele escribirse de forma parecida (aunque el autor no pueda percatarse de ello) sobre otros muchos poemas. Los desechados anteriormente, las palabras eliminadas como una materia sobrante, los poemas leídos de otros poetas que forman parte del universo literario de cada escritor, la tradición de la propia lengua, esa otra lectura parecida a la herencia de la sangre; lo mismo puede decirse de otros estilos literarios.

Al presentar este cuaderno tenemos la impresión de que ha sido escrito sobre otros muchos cuadernos. Porque muchos han sido los deseos y los trazados que desde la oscuridad —no desde el olvido— mantienen firmes los caracteres y los grafismos de estas páginas. […]»

(Ricardo Labra, Langreo, octubre de 1990)

*****
• 17 x 24 cm, 160 páginas.
• Impreso a una y dos tintas.
• Tirada: 500 ejemplares.
• [20 euros]

(Últimos ejemplares)

Contacto:
helios@pandiellayocio.com

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Luna de abajo número seis (1991-1992)

Jaime Gil de Biedma, Francisco Brines, Luis García Montero, Fernando Beltrán, Felipe Benítez Reyes, Pere Rovira, Álvaro Salvador, Ramiro Fonte, Luis Eduardo Aute, Miguel Rojo, Jorge Edwards, Juan Cruz Ruiz, Martín Casariego, Mariano Arias y Paco Ignacio Taibo I.

Fotografías de Ana Muller, Nieto y Miguel Rojo.

*****
«[…] ¿Qué es lo que un autor de poesía pretende hacer con su obra, con su empeño literario? Es una pregunta tópica por recurrente, que los escritores conocemos muy bien porque se nos suele formular con cierta frecuencia. En cambio, a nadie se le ocurriría preguntar a un actor o un cantante: ¿y usted qué pretende hacer con su canción o con su trabajo teatral? […]»

(Jaime Gil de Biedma, pág. 11)

*****
• 17 x 24 cm, 208 páginas.
• Impreso a una y dos tintas.
• Tirada: 500 ejemplares.
• [Agotado]

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Luna de abajo número 1/7. «Cinco tonos para una generación» (1998):

Fernando Beltrán, Felipe Benítez Reyes, Luis García Montero, José María Parreño y Alberto Vega.

Compuesto con el tipo Sabon, diseñado en 1965 por Jan Tschichold.

Tschichold, que en su juventud había sido un entusiasta divulgador de la estética de la Bauhaus, recupera, con el paso de los años, el interés por la tradición tipográfica y aborda con eficacia este proyecto que le proponen desarrollar un grupo de impresores alemanes. Para ello, basándose en la familia Garamond, diseñó un tipo que constituyó un hito en el diseño tipográfico contemporáneo, pues lo hizo para ser utilizado con la composición manual, con la monotipia, la linotipia y, conforme avanzaba el proyecto, la fotocomposición. Un resultado al que se puede aplicar el principio de Stanley Morison de que un buen diseño tipográfico debe ser invisible.

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Jan Tschichold formó parte en Alemania del Círculo de los Nuevos Diseñadores Publicitarios en 1927, entre cuyos fundadores se encontraba el dadaísta Kurt Schwitters, convertido en diseñador gráfico profesional, —la sociedad de esta época ya empezaba a demandar un grafismo publicitario renovado y las aparentemente caóticas provocaciones dadaístas aportaron, paradójicamente, en su aspecto gráfico, nuevas pautas publicitarias que grandes firmas comerciales supieron aprovechar—.

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En 1926 fue designado por Paul Renner —el creador de la Futura— para enseñar tipografía y rotulación en Munich —es en este tiempo cuando publica Die Neue Typographie (1928)—, hasta que los nazis lo acusan de crear una tipografía antigermana. Forzado a abandonar Alemania, en 1933 se refugia en Suiza, donde ejerce como profesor en la Escuela de Artes y Oficios de Basilea.

En 1935 publica Typographische Gestaltung (La creación tipográfica), uno de sus libros más importantes, con otra apreciación detallada sobre los principios del diseño tipográfico y en el que admite también un lugar para la tipografía simétrica o clásica, polemizando con muchos de sus seguidores.

En 1946 es invitado por la editorial Penguin Books a desarrollar el diseño de su colección de bolsillo. Durante tres años, Tschichold diseña para esa editorial más de 500 libros.

Sabon (1965) es su última obra importante, su único tipo producido comercialmente.

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• 16,5 x 24 cm, 32 páginas.
• Impreso a cuatricromía.
• Tirada: 500 ejemplares.
• [Agotado]

• Premio Motiva de 1999, en la categoría Diseño Editorial. Publicaciones periódicas.

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Bibliografía:
Premios Motiva 99 (catálogo), Oviedo, Asociación de Diseñadores Gráficos de Asturias (AGA), 2000, pág. 14.

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Luna de abajo número 2/7. «Poesía y pintura» (1999):

José Hierro, Manuel Herrero, Fernando Beltrán, Luis Alberto de Cuenca y Luis Antonio de Villena.

• Composiciones caligráficas de dos poemas de Ángel González por Lázaro Enríquez e ilustraciones de Elías y Antonio Acebal.

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La poesía está inmersa en cada una de las experiencias y de los procesos humanos, en nuestra relación simbólica con el tiempo, también en la más prosaica, señalada por la cotidianeidad. Perfilar el perímetro de la poesía, establecer sus contornos, podría conducirnos al último rincón de la memoria.

A las relaciones que se pueden considerar como evidentes, «poesía y teatro», «poesía y cine», habría que ir añadiendo otras cada vez más sutiles «poesía y poder», «poesía y democracia», o aquellas de índole más íntima, de marcado acento subjetivo, «poesía y soledad», «poesía y pasión», e incluso las aparentemente paradójicas, «poesía y lenguaje matemático», «poesía y ciencia»; la enumeración podría ser incesante. Quizás, porque nuestro conocimiento de lo que entendemos por realidad, tanto física como emocional, material como temporal, está basado en la analogía, la contradicción, la paradoja, la sinécdoque, la metáfora… Sustancia que no esencia de lo poético.

Pocas expresiones artísticas, si exceptuamos a la música, mantienen una relación tan rica y compleja con la poesía como la pintura, aun tratándose de dos artes tan distintas en lo que se refiere a sus medios de expresión y modos de percepción.

Decía Leonardo da Vinci que la pintura debía ser considerada «hermana de la música»; pienso que no resulta arriesgado trasladar este paralelismo a la poesía, que también está hermanada con la pintura, ya que la pintura se ha servido de la poesía para elaborar interesantes propuestas estéticas, y no digamos a la inversa. Sólo hace falta contemplar los numerosos movimientos poéticos y pictóricos de este siglo, buena prueba de las estrechas interrelaciones que existen entre los dos territorios creativos.

La pintura es un arte espacial; la poesía, un arte temporal. Muchos son los pintores que han intentado vencer el límite preciso de su frontera creativa para acercarse a la dimensión temporal de la literatura, cargando de acentos la materia de sus cuadros. En el caso de los poetas, por llevarlo a un extremo, el ideal sería alcanzar la metáfora en la que estén implícitas todas las demás; es decir, alcanzar el símbolo primordial, el grafismo cargado de profunda significación y, al mismo tiempo, de esencialidad espacial.

Dos orillas creativas, dos ángulos que tratan de iluminar el mosaico en el que estamos inmersos; hay cuadros que tenemos la impresión de haber leído y poemas que en nuestra memoria permanecen representados como un lienzo.

Ricardo Labra (Langreo, marzo de 1999)

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• Compuesto con la familia tipográfica Mrs Eaves, diseñada por Zuzana Licko de Emigre, en 1996.

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En el cuadernillo Mrs Eaves editado por Emigre en 1996, Zuzana Licko nos cuenta las razones que le indujeron a diseñar el tipo Mrs Eaves. A Zuzana siempre le había sorprendido la gran diferencia existente entre el diseño de un tipo impreso tipográficamente y el obtenido mediante fotocomposición del mismo diseño tipográfico; no tanto por las diferencias obvias entre medios tecnológicos diferentes, como por la falta de viveza obtenida por el sistema de la fotocomposición, aún a pesar de haber logrado una gran perfección en el aprovechamiento del espacio.

La renovación digital propagó el desarrollo en esa dirección, la de perfeccionar las mejoras técnicas logradas por la fotocomposición, al mismo tiempo que, según ella, reducidos los inconvenientes mecánicos, potenciaría la libertad expresiva y variedad de interpretaciones en la formación de los tipos basados en los del pasado. Y lo reflexiona, resucitando un «viejo favorito», pero desafiando el común método reduccionista de interpretar a los clásicos.

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(↑El cuaderno Mrs Eaves abierto. Hacer click para aumentar)

Manifiesta sentirse muy atraída por Baskerville e identificada con él, por haber sido muy criticada su obra tipográfica en su vida y posteriormente. Cita algunos textos, como el de D. B. Updike, en su libro Printing types (1922): «Por lo que vemos en las hojas impresas de Baskerville, las fuentes parecen muy perfectas, y sin embargo, en cierto modo, no tienen nada del sencillo encanto de la letra de Caslon. Es cierto que los tipos tientan a la vista. Los coetáneos de Baskerville, que también pensaban así, lo atribuían a su papel satinado y a su densa tinta negra. ¿Era este el defecto real? la dificultad era, supongo yo, que en sus diseños de tipos, la mano del experto en escritura se traicionaba a sí mismo al hacerlos demasiado iguales, demasiado perfectos, demasiado ‘elegantes’, y por eso atraían demasiado aparente y artificialmente, con una especie de refinamiento afectado, estéril.», e incide en su tesis de que los tipos legibles lo son por los hábitos de los lectores aferrados por la exposición repetida de determinados tipos, hábitos que cambian cada cierto tiempo.

El tipo Baskerville es de los denominados de transición por sus contrastes entre los trazos gruesos y finos —pocos años más tarde estos contrastes los desarrollaría Bodoni de manera más radical—, y ha sido asimilado como un tipo clásico de texto, a pesar de la vehemencia crítica con que se le trató.

No obstante, Zuzana Licko se plantea el reto de explorar un sendero no recorrido. El tipo Baskerville podía ser nuevo en su época gracias al desarrollo de las tecnologías de impresión y de fabricación de papel y su reto estaba motivado por el desarrollo de papeles más suaves y blancos, así como de una tinta de imprimir negra intensa. Pero lo que Zuzana ha intentado retener del tipo Baskerville es su claridad y ligereza, reduciendo el contraste, dibujando los caracteres de caja baja con una proporción más ancha que los de caja alta, y reduciendo la altura de la «x» con respecto a éstos. Por eso Mrs Eaves tiene el aspecto de un cuerpo menor que las minúsculas de las figuras tipográficas corrientes. Es su interpretación de la legible Baskerville.

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Luna de abajo número 2/7. «Poesía y pintura» (1999)
• 16,5 x 24 cm, 32 páginas.
• Impreso a cuatricromía.
• Tirada: 1.000 ejemplares.
• [Agotado]

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• Premio Motiva de 1999, en la categoría Diseño Editorial. Publicaciones periódicas.

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Bibliografía:
Premios Motiva 99, Oviedo, Asociación de Diseñadores Gráficos de Asturias (AGA), catálogo, 2000, pág. 14.

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