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«En la calle del olvido, donde nada permanece, la ficción es la permanencia». (Ricardo Labra)

Por fin, el libro en línea que hace año y medio teníamos previsto publicar: Vientana.

Vientana reúne instantáneas fotográficas de 355 días del año 2010, a razón de una por día —con alguna excepción—, hechas con una cámara digital Canon (Ixus 970 IS) de bolsillo, en modo automático y sin retocar, desde la ventana de nuestro estudio anterior que daba a la calle Alejandro Casona, de Oviedo.

Ricardo Labra escribió el texto que acompaña a cada imagen, con el que dio vida literaria a esa calle y atrapó «la ficción en el marco de su realidad».

«El hombre que se mira en el espejo de esta calle, el reflejo de los demás».

Señoras y señores, pasen a Issuu, vean y léanlo todo:

En Pandiella y Ocio nos llena de satisfacción el haber podido editar, bajo la marca Luna de Abajo, el libro La vida por la letra de Eugenio Torrecilla que aquí mostramos.

Con un estilo muy lúcido y estético, Eugenio nos enseña en este libro, narrando la experiencia de los años claves de su larga vida lectora, cómo lograr que la palabra escrita, las letras que «yacen muertas» en los «amazacotados párrafos» cobren vida y nos descubran la «otra cara del mundo».

Vayan como avance de La vida por la letra estos dos párrafos que seguro no dejará indiferentes a nuestras colegas, diseñadores gráficos y editores que trabajan con la tipografía:

«Es necesario encontrar placer cuando se derrama la mirada sobre un conjunto de signos impresos por apretados que se muestren —a veces verdaderos ladrillos tipográficos (debajo hay playas)—, y mantener ese regusto de una página a otra. Leer: seguir interesado por cada frase, tanto la principal como las que a ella están subordinadas para matizarla y ampliar su sentido, paladeando la especial construcción, el sabor y la gracia de la trama formada, y a través de los párrafos que se abarcan con delectación, ver desarrollarse el argumento que nos involucra en sus incidencias y llega a marcar, o así parece mientras no se corte la lectura, nuestro propio destino.

Avezado a leer, quien posee tal hábito deja de percibir lo que está haciendo: transmigra. Y ya situado en otro plano, no avanza de palabra en palabra como un escolar, sino que las traspasa como el rayo de luz al cristal, para captar la imagen delineada por ellas. Entonces, a sus ojos, van abriéndose claros en el abigarrado amasijo de letras y la hoja de papel se transparenta.»

El acceso a la lectura de buenos libros de literatura no es fácil, exige un «lento aprendizaje». Hay quienes se inician en ella con la docencia a sus espaldas y el objetivo de la especialidad universitaria apuntando entre los renglones de los libros. Así se forman como «hombres de letras». Eugenio Torrecilla, médico jubilado, no pertenece a ese gremio, se ha formado en la lectura literaria sin intermediarios, a solas con su inquietud y sensibilidad nada comunes. Y lo ha aprovechado y aprendido tan bien que, como escribió Ricardo Labra, «Eugenio Torrecilla se ha convertido en estos tiempos de vedetismos literarios y de falsas erudiciones, en una auténtica lección, en un referente de como obrar y percibir la literatura». Y para los que hemos tenido la fortuna de tratarlo en la Tertulia Literaria de Langreo, un maestro que la dirigió de manera natural, sin que ni él ni los contertulios lo hubieran decidido o convenido.

↑ Sobrecubierta y cubierta anterior.

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La vida por la letra
• Eugenio Torrecilla
• 14,5 x 22,5 cm
• Encuadernación: tapa con sobrecubierta
• Tripa: una tinta sobre papel offset ahuesado de 100 g
• Sobrecubierta: tres tintas sobre papel Connoiseur Cotton de 160 g
• ISBN: 978-84-9704-479-0
Precio: 19 €

Interesados: hpandiella@gmail.com
Tel: 984 201 771

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«[…] En este libro, recogemos una muestra de los autores pertenecientes a la Asociación de Escritores de Asturias que con sus creaciones han querido sumarse al reconocimiento de la figura literaria que supone Ángel González. Sin duda, algunos de los escritores que aparecen en estas páginas han elegido sus textos debido a la influencia que el autor asturiano desplegó sobre ellos. Además, hemos querido iniciar la selección con las aportaciones del grupo Luna de Abajo que tanto tuvo que ver en el conocimiento público del poeta. […]

[…] Desde la evocación de la persona hasta la inevitable inspiración que produce la lectura de sus poemas, pasando por la sencilla, directa y propia manifestación literaria, las palabras se ordenan en cada página como por embrujo, para acabar dejando la impresión de ser, sencillamente, palabras con Ángel.»

[Del texto de presentación de Alejandra Sirvent]

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«Toda evocación del pasado es una fabulación, una ordenación interesada de los diversos materiales que se han ido sedimentando en las orillas del largo y, en la mayoría de los casos, sinuoso río de la experiencia. Cuando hablo de Ángel me asalta la impresión de que confundo el día de ayer con el del año pasado, que, además, es muy parecido al día de hoy (como puede comprobarse fácilmente). Los recuerdos de Ángel se me mezclan con los días sin Ángel, en una proporción confusa para la memoria. A veces tengo la sensación de estar viviendo unas copas por el Oviedo antiguo en su cálida compañía y de demorarme con él, sin prisa alguna en nuestros relojes, por la calle San Francisco, hasta que se apagan las últimas farolas, lo que solemos hacer con bastante frecuencia. Luego, a la hora de la despedida, me doy cuenta de mi error, de que tan sólo estaba transitando por un libro suyo, mientras —eso sí— se apagaban las últimas farolas por las calles de La Felguera. Ésta es una de las magias de la literatura, también uno de sus sobresaltos. Y es que Ángel siempre se me escapa por las esquinas del calendario, hasta que por el callejón de cualquier mes vuelve a aparecer con su sonrisa radiante y su voz de buen amigo.

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(↑Ampliar)

Ángel González es un poeta lógico, por eso resulta tan ilógico —mejor dicho, tan peligroso— para la lógica convencional, convirtiéndose en un verdadero azote para los crédulos, a los que en más de una ocasión ha conseguido escandalizar. En el libro 50 años de periodismo a ratos y otras prosas podemos encontrar abundantes ejemplos de este Ángel lógico. En un viaje a Utah, paraíso de los mormones, se encuentra en el aeropuerto con uno de los representantes de esta Iglesia, en misión evangelizadora: «[…] al que ahuyenté» —nos dice en su artículo— «encendiendo un cigarrillo y preguntándole por el bar (es bien sabido que para los mormones, los enemigos del alma son dos: el tabaco y el alcohol; así como para alejar a los vampiros no hay nada mejor que un diente de ajo, para mantener a distancia a los misioneros mormones la simple mención de un vaso de whisky es muchas veces igualmente eficaz)». Mas adelante, en otro capítulo de este libro, desea ver el retrato de William Blake en la abadía de Westminster, pero los oficios vespertinos iban a comenzar y, por lo tanto, los curiosos tenían que abandonar la abadía. Ángel se resiste a salir de aquel espacio sin haber cumplido su objetivo, por lo que finge una piedad anglicana que conmueve al edecán. En medio de las liturgias, tan depuradas, y de las voces de los niños cantores, el autor de Palabra sobre palabra llega a la siguiente conclusión: «Ahora comprendo que por los caminos de la estética se llega a muchas partes; Juan Ramón Jiménez decía que a la ética, yo pienso que incluso al error. Es tan bella la liturgia en la abadía de Westminster que, por unos instantes, dudo. Al final, todos acaban rezando por la reina, y la incredulidad vuelve a instalarse con firmeza en mi corazón».

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(↑Ampliar)

Muchas veces he hablado sobre la línea de continuidad que existe —en mi opinión— entre el personaje que habita los poemas de Ángel González y el propio autor, trazada por un evidente nexo autográfico (por utilizar la expresión afortunada de Carlos Barral). Al igual que en sus poemas, con Ángel González puede suceder cualquier cosa, ya que lleva su herramienta —o su magia— lógica hasta los lugares más insospechados, que son aquellos por los que más le gusta transitar. La noche con Ángel se transforma casi siempre en un enigma que hay que saber descifrar con el misterioso capote de los sentimientos y de las ideas. Sólo entonces se podrá salir de ella, más o menos indemne, por la puerta ancha del alba. […]»

[Del texto de Ricardo Labra en el libro]

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(↑Ampliar)

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Palabras con Ángel
• Edita: Asociación de Escritores de Asturias
• 11,5 x 18 cm
• 32 páginas
• Tirada: 500 ejemplares
• Edición no venal
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Puede verse completo en Issuu
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Hace dieciséis años, durante los días 2, 3 y 4 de diciembre de 1992, se dieron cita en Oviedo dieciséis poetas para hablar de poesía y recitar sus poemas.

César Antonio Molina, Luis Alberto de Cuenca, Manuel Vázquez Montalbán, Antonio Martínez Sarrión, Ana Rossetti, Luis Antonio de Villena, Juan Luis Panero, Luis García Montero, Concha García, Jordi Virallonga, Almudena Guzmán, Jon Juaristi, Leopoldo Sánchez Torre, Luis Muñoz, José Luis Piquero, y Vicente Gallego fueron los escritores convocados.

Todos ellos, junto a otros de sus mismas promociones que no estuvieron en Oviedo, dieron forma al cuarto libro de Los Encuentros, Últimos veinte años de la poesía española. Un repaso a la lírica más reciente, coordinado por Miguel Munárriz.

En él se recogen los debates que tuvieron lugar entre estos poetas invitados y una «breve muestra» de un poema elegido por cada uno de ellos. También una antología, «Las horas contadas», dirigida por Ricardo Labra, en la que participan Jesús Munárriz, Miguel D’ors, Alejandro Duque Amusco, José Luis García Martín, Herme G. Donis, Fernando Beltrán, Alberto Vega, Ramiro Fonte, José María Parreño, Felipe Benítez Reyes, Jorge Riechmann e Immaculada Mengíbar. La antología se completa con reflexiones del quehacer poético de cada uno.

***
Miguel Munárriz, el artífice de Los Encuentros, escribió en el prólogo titulado «Oficio del poeta»:

«[…] Últimos veinte años de poesía española es una muestra del momento poético presente. Como podrá leerse en este libro, unos poetas apuestan por una personal meditación interior, por un ahondar en su mundo más recóndito, y otros, tal vez, por una propuesta «civil» comprometida con la realidad social que les rodea. Es, posiblemente, un tiempo de espera por una renovación poética, un tiempo de búsqueda por formas que traigan aires nuevos que añadir a nuestra importante tradición. Son, en cualquier caso, buenos tiempos para la lírica siquiera por la cantidad de poetas, porque ya se sabe que, de entre todo lo que hoy existe, el tiempo dejará escapar el agua para que el oro sedimente bien en el cedazo».

Y Ricardo Labra, en la presentación de la antología «Las horas contadas», lo que sigue:

«[…] Quizás en ninguna otra promoción literaria como ésta, se haya buscado con mayor empeño —más aún que en la generación o grupo del 50— la complicidad, el guiño fraternal, con el posible lector. Lo que parece que lleva a esta poesía, cada vez más, a «entrometerse» o «encarnarse» en los acontecimientos puntuales que invaden la cotidianidad, a no permanecer indiferente ante el acontecer humano. Para ello, y a través de elaborados personajes poemáticos que visten el ropaje de nuestros días e incorporan la voz —auténticos álter ego— del autor, intentan transmitir ciertos valores morales y éticos, una manera de ser, de estar, de permanecer, ante las construcciones y convencionalismos sociales, el sentido de la amistad, la relación amorosa o las leyes inapelables de la vida, como el paso del tiempo.

Son autores que huyen en sus textos poéticos de la irracionalidad, que desarrollan una poesía que responde y está gobernada por criterios lógicos, hecha a partir de un cierto distanciamiento escéptico —signo de nuestros días— y en todo momento bajo el dominio tutelar de la inteligencia. Que saben, que todo libro de poemas acaba siempre en las manos adecuadas.

Puede que al final de su producción poética los autores de esta tendencia literaria se encuentren, como en el cuento de Borges, ante su propio rostro. Y nosotros en él, nuestras emociones e interrogantes; las horas contadas de nuestro tiempo».

***
Las reflexiones de «Las horas contadas» fueron solicitadas por Ricardo Labra a cada participante «a través de cinco preguntas formuladas» acerca del método, motivaciones, impresiones sobre la evolución de la poesía, consideraciones teóricas y reflexión introductoria a la propia obra.

Transcribimos las de Alberto Vega:

1. No debo hablar de método de trabajo porque, para mí, escribir poemas no supone una ocupación, sino más bien una pre-ocupación. Cuando un primer borrador llega al papel ya tiene vocación de poema que el tiempo y las revisiones periódicas se encargan de «cerrar». De igual modo, a partir de un buen número de poemas en ciernes y de otros desechados, ellos mismos aportan los indicios y las pistas necesarias para transcrecer y conformarse en libro o colección de poemas.

2. Hay que dar por supuesto que una obra poética no se desarrolla únicamente tras una manera de sentir la literatura, sino —acaso y sobre todo— de sentir la vida. Me dicen más (y no es ninguna pose) algunas líneas cantadas de Luis Eduardo Aute, Silvio Rodríguez o Joaquín Sabina que todos los Guillenes, Aleixandres o Rafaeles que son y han sido. En cuanto a mis versos, creo que me colmaría el hecho de que «pudieran ser leídos / en noches como ésta / por gente como yo».

3. El poeta únicamente debería encontrarse inmerso en un personal e intransferible proceso de creación. Sospecho que hay otras gentes llamadas a colocar etiquetas y establecer rasgos comunes o diferenciales entre su hacer y el de otros. Son las mismas gentes las que supongo tengan impresiones sistematizadas sobre la evolución poética de los últimos veinticinco años o las últimas veinticinco décadas.

4. La poesía puede ser, en ocasiones, un objeto lingüístico de contemplación estética, una forma de comunicación, un singular método de conocimiento y —no por el contrario, sino además de— responder, en otros casos, a un buen número de distintos planteamientos. Ante asunto tan complejo, uno escribe y se describe entre la intuición y la mímesis (más o menos asumida), pero con escasa consideración a la teórica esa.

5. Dije en alguna ocasión, antes de dar título a uno de mis libros, que —consciente o inconscientemente— siempre se escribe para matar el Tiempo. Yo no lo conseguí ni creo lo consiga jamás, pero me consta —porque releo algunas noches poemas de quien fui— que algunas líneas certeras, emponzoñadas de cosas fáciles y verdaderas, lo han convocado de nuevo, entregado por unos instantes, aunque un tanto maltrecho.

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Últimos veinte años de la poesía española. Un repaso a la lírica más reciente
• 1993
• 22 x 28 cm, 224 páginas.
• 1.000 ejemplares.
Edita: Ayuntamiento de Oviedo
• Coordinación: Miguel Munárriz
• ISBN: 84-606-1596-0

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La capacidad de soñar, felizmente
ha sido superada
por el crédito ilimitado
que todo lo limita.

Logro y símbolo
de la economía occidental.

Por lo que conviene soñar
a la carta
de la cuenta de resultados,
siempre en detrimento
de los elevados intereses
de la funesta imaginación

muy devaluada, por cierto,
en cualquier moneda
de cambio

y con muy poco, pero que muy poco

crédito.

***
«American express» es un poema del último libro de Ricardo Labra: El reino miserable (Madrid, Ediciones Vitruvio, 2008, p. 14).

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Durante los días 7 y 8 de noviembre de 1997 se celebró en Oviedo un importantísimo homenaje a Ángel González. Lo organizó la entonces entusiasta directiva de la asociación cultural Tribuna Ciudadana, formada, entre otros, por José Galán, Covadonga Bertrand, Adolfo Galán y presidida por Manuel Herrero, bajo la batuta de Ricardo Labra. Sus artífices dieron en llamar a este evento Ángel González en la generación del 50. Diálogo con los poetas de la experiencia.

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1984 es el año en el que Ricardo Labra publica La danza rota (Langreo, Luna de Abajo), su primer libro. Escrito con la vocación desbordante del autor que comienza, algunos poemas ya muestran la singular manera de ahorrar palabras que caracteriza su estilo posterior. Con la experiencia del que sabe administrarlas, evitará que los versos palidezcan y adelgacen hasta la significación anémica, una enfermedad muy común en la poesía de tantos quintaesenciadores actuales.

En La danza rota hay un poema titulado «Plenilunio» que transcribimos a continuación. Hará de esta entrada una suma necesaria a todas las anteriores que hemos ido publicando, dedicadas a Alberto Vega.

Plenilunio

(A Alberto Vega)

Fuiste en la noche
sigiloso y audaz
hacia las dunas

Allí la luna te obsequió
con el mejor de sus dones

***

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También de 1984 es este paisaje industrial de La Felguera (Langreo, Asturias) ya desaparecido. Sirva para ilustrar este poema de un sólo verso de La danza rota:

Toqué muerte y sentí vida

***

«Subí con curioso entusiasmo, como siempre, hacia el altillo poético de la librería Ojanguren, uno de esos días en los que Lloviedo hace honor a su nombre más íntimo, y unos minutos después aquel tranquilo orbayo exterior se había transformado en un brusco, radiante y desapacible aguacero.

Abrir libros al azar tuvo siempre ese riesgo. Y un culpable esta vez con nombre y título en mis manos. Un desconocido Alberto Vega y un Memoria de la noche en el que creí encontrar la confirmación de que algo distinto estaba empezando a ocurrir en el panorama poético de aquellos primeros años ochenta. Por eso, lo desapacible de pronto del día en su sentido más literal. En su sentido más hermoso, más poético también. Unos versos que agitaban el corazón de aquel lector al azar.

Veinticinco años después, o un siglo después, o tanto tiempo después, a secas, y que cada uno ponga aquí la medida, el armario o las ventanas de sus cuartos crecientes, aquel autor alcanza su particular Plenilunio al reunirse ahora en un tomo imprescindible la totalidad de una obra que vararía después de aquella inicial Memoria, en títulos tan emblemáticos como Cuaderno de la ciudad, La luz usada o Historia de un nudo, por citar tan sólo tres desapacibles vetas de una obra cuyos títulos sirven por sí solos para intuir la fuerza ámbar y la verde o roja intemperie sucesiva de un poeta de la ciudad y para la ciudad, entendida ésta, por supuesto, en su sentido más simbólico e interior. O sea, el de la vida misma. Ese semáforo roto.

Porque Alberto Vega, poeta desde la experiencia más viva, poeta entrometido hasta las entrañas más profundas de todas aquellas superficies —grandes y pequeñas— que habitó con los ojos abiertos de sus palabras, habló siempre en sus versos de las cosas que pasan y los días que no ocurren, consciente de que no hay realidad sin imaginación, ni sueño remoto que no pueda viajar sentado de pronto en el asiento de al lado del tren o el autobús de cada mañana.

Que todos estos versos lo sean ahora a título póstumo, porque Alberto Vega (Langreo, 1956-2006) se viera abocado a encender antes de tiempo el largo cigarrillo de la muerte, es tan sólo un dato biográfico más, ajeno por entero a una columna que sólo lo será en esta ocasión, como aquel primer día, de llovida y radiante celebración porque los versos de uno de los poetas esenciales de los últimos tiempos están ahora a nuestro alcance en esta cuidadísima edición confeccionada con mimo y exigencia por sus amigos poetas del grupo Luna de Abajo —Miguel Munárriz, Ricardo Labra, Noelí Puente y Helios Pandiella— y porque el corazón de seres irrepetibles como Alberto Vega puede pararse, pero nunca muere…»

Fernando Beltrán

***

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[Ampliar 1, 2]

↑Presentación de la tercera edición corregida y aumentada de Guía para un encuentro con Ángel González, en el Club Prensa Asturiana de La Nueva España (Oviedo). Esta presentación formó parte del programa de actos de las jornadas Ángel González en la generación del 50. Diálogo con los poetas de la experiencia que Tribuna Ciudadana de Oviedo organizó los días 7 y 8 de noviembre de 1997. De izquierda a derecha, Noelí Puente, Alberto Vega, Ángel González, Ricardo Labra, Miguel Munárriz, Helios Pandiella y Fernando Beltrán. Arriba, Fernando Beltrán en primer plano, abre el acto. Abajo, Alberto Vega en un momento de su intervención. (Fotografías: Luisma Murias)

•••

Un año antes de fallecer Alberto Vega (2006), el 28 de junio de 2005 se presentaba en la Casa de Cultura de La Felguera (Asturias) su libro Estudio melódico del grito, editado por Visor. El acto, en el que participaron, por deseo del propio Alberto, sus compañeros de Luna de Abajo Ricardo Labra, Miguel Munárriz, Noelí Puente y Helios Pandiella, estuvo organizado por la Asociación Cauce del Nalón que preside Francisco Villar, referente ineludible de organización ciudadana en el actual Valle del Nalón.

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↑En la mesa, presentando Estudio melódico del grito, Alberto Vega en el centro, acompañado por Ricardo Labra, Helios Pandiella Noelí Puente y Miguel Munárriz (fotografía de Fernando Castro). [Ampliar]

En esa fecha, a Cauce del Nalón le faltaban unos meses para cumplir diez años de actividad y en la memoria editada posteriormente con motivo de este décimo aniversario, le tocó a Ricardo Labra hacer un repaso de las actividades poéticas organizadas por la asociación. De la presentación del libro de Albero Vega y de su poesía, escribió lo que sigue:

«De todos los actos poéticos organizados por Cauce en estos diez años, puede que el más destacado y emotivo haya sido la presentación del libro de Alberto Vega Estudio melódico del grito, celebrado el 28 de junio de 2005, en la Casa de la Cultura de la Felguera. Esta presentación estuvo llena de profundos significados. Fue un acto definitivo para Alberto Vega, que ya no está con nosotros, para Luna de Abajo, que ya nunca volverá a reunirse de nuevo, para sus familiares, amigos, lectores y seguidores. Alberto Vega ha sido un poeta germinativo y fundamental para este valle, al que puso en hora poética, en el minuto exacto del vendaval estético de estos últimos años. Inteligente, sensitivo y hermético, salvo con las palabras más esenciales y necesarias, Alberto Vega trazó una obra unitaria en la que late con fuerza un personaje urbano, un antihéroe de la epopeya humana en la que estamos inmersos, lleno de valores, de solidaridad, de bonhomía. Alberto agita en sus versos la rabia de un mundo adocenado y en sordina, con la intención de restablecer, aunque sea por un instante, las dignidades perdidas y los sueños rotos. Su poesía es un canto de juventud, tan viejo como la juventud, tan joven como el mundo que se abre en nuestros ojos cada día como una página no hoyada. Sus noches y sus lunas, sus gatos y sus aceras, preludian la otra realidad, la única que puede modificar las cosas y acaso redimirnos o salvarnos de un vulgar destino escrito por la mano espuria de los convencionalismos castradores. Alberto Vega no precisó salir de esta comarca para escribir una obra de interés universal. Su ciudad es cualquier ciudad, por eso su ciudad es Langreo. El tiempo siempre corre a favor de los buenos poetas, y Alberto Vega no hará más que crecer en la valoración de su poesía. Su obra es un legado para todos nosotros.»

***

Poeta en sol menor

Cuando era un enano, feliz y despeinado,
antes del buenas noches o el beso de mi madre
tenía la costumbre de arrugar las tardes,
para meterlas al abrigo de mi cama
de contrabando, en una manga del pijama.

Me demoraba luego en el umbral del sueño
desplegando de nuevo el mapa de sus horas,
reviviendo a mi modo los dones de ese día
—la cita con charito, el gol de la victoria—
con una sonrisa ancha de párpados cerrados.

Siempre a la luz oscura del silencio.

También recuerdo que tendía los agravios,
las afrentas, las ofensas, los muchos ninguneos
a un sol menor al que llamaba olvido.

Lo malo, lo peor, es que a esta fecha
aún no han secado del todo y apenas los sacudo
salpican mi memoria, mis lentes, mis poemas…

***

Puerto Paula

En ocasiones, con más humor que morbo
y sin nada en qué pensar, útil o provechoso,
así, como quien cursa
una imposible instancia a las alturas,
me demoro eligiendo un final para mi suerte,
la última secuencia de mi propia existencia.

Quiero dejarlo escrito: en ese trance siempre
la resaca de tu cuerpo me arrastra sin remedio
y sonrío lascivo y acabo deseando
morir frente a tus costas, compañera.
Desnudo como un náufrago en tus playas,
extraviado y feliz en nuestro mar de sábanas.

***

Quizás un corazón recoja lluvia

Probablemente buceando en mi escritorio
halle las letras o, no sé, las claves
de un nuevo y sumergido abecedario.

Tal vez en el fondo del vaso largo
de gin con agua tónica
o en la página cien de los libros más cercanos,
aquellos que al abrirlos cada día
crecen al ritmo de tu propia historia.

Quizá ni estén en este cuarto, han de traer
el aroma cabal de lo que ya no es
o el presagio futuro de lo que aún no ha sido.

Unas palabras, encontrar tan sólo unas palabras
y dirigirlas a todos y a cualquiera.
Pero de uno en uno: irrepetibles y secretas…

***

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↑Con Ángel González el 30 de mayo de 2005, en la cena de Casa Adela en Lada (Langreo, Asturias), posterior a un encuentro con el poeta organizado por Cauce y un mes antes de la presentación de Estudio melódico del grito, de Alberto Vega. De izquierda a derecha, de pie: Noelí Puente, Helios Pandiella, Ángel González, Fernanda Burón; sentados: Paula Granados, Alberto Vega y Ricardo Labra. [Ampliar]

***

Manifiesto

La palabra es muy útil, mas no sirve
para fertilizar el sexo de una espiga.
Sólo cuando roncan borrachos de fortuna
sueñan los gatos negros con números trece.

Las canciones más tristes anidan
sólo en algunas noches.

Lo malo del presente es que vivimos
grapados al dossier de los recuerdos.

Aunque fundar poemas reinventa su inventario
y abrasa un sol por venir, mientras le dibujamos
zapatos a los árboles, alas a los vasos,
puntiagudos violines al ruido del silencio…

***

Isla Tabarca

Según vendía el folleto de la agencia de viajes
aquellas calas, breves y escarpadas,
habían sido refugio de piratas
que hace siglos asolaron las costas que ahora son
residencia estival de sus tataranietos.

Yo estaba enmimismado, reactivando
lecturas juveniles (defoe, salgari, stevenson…),
ellas, a unos metros, jugaban desnudas a las palas
y de cuando en cuando se vestían de mar,
coronaban sus gracias de espuma y luz salada.

Apagué la sombrilla, encendí un ducados,
tras sacudir la toalla y replegar el diario
me alejé derrotado, silbando distraído
la balada más hermosa y amarga
escrita, en horas bajas, por un tal leonard cohen…

(La ausencia era la única arma posible
contra el supremo arsenal de sus cuerpos.)

***

Elecciones en el purgatorio

Antes no era distinto: los políticos,
cautelosos y limpios como gatos domésticos,
ya ocultaban su mierda entre nuestras cenizas.
Pero este tiempo de eurodólares enfermos
es bastante más cutre, más canalla.

Me salva el hecho —y cito textualmente
unas líneas a las que siempre vuelvo—
de que me gusten tanto los domingos mingos
y, muchísimo más, los martes mates,
besar sus pechos (sí, besar tus pechos),
echarme en su regazo y despeinarme.

He aparcado mi esperanza en doble fila,
me finjo un buen gregario y me demoro
sin rumbo ni sentido por las calles.
Y deposito en la urna de cada papelera
el inútil y abstracto voto en blanco de mi nadie.

***

Economía de medios (mejor: de miedos)

A veces suena el timbre del teléfono
y entra en casa el cartero, disfrazado de fax.

No le presto atención, mas algo en mi interior
me dice que una noche vendrá Dios
a cobrar la demora en la hipoteca de mi vida
simulando que me trae la cerveza y las pizzas
o un recibo impagado de la empresa del gas.

Entonces hará frío, será tarde
y en toda la ciudad no habrá un maldito
Banco de Horas abierto que me avale.

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↑Viñeta de la cubierta de Estudio melódico del grito. [Ampliar]

***
• Alverto Vega: Estudio melódico del grito
Colección Visor de Poesía, n.º 591
• Visor, 2005 (ISBN: 84-7522-591-8)
• 56 páginas.

***



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Buenas noches, amigos, ciudadanos, espías…

Te aguardaba en estos versos.

Entre la niebla cotidiana y unos granos de opio
elegí este horizonte de noches y fonemas
para mirar tus ojos frontalmente.

Ahora soy un príncipe encantado
bajo este aspecto de sapo un tanto lírico
que deberás besar
si quieres que este cuento acabe bien
para nosotros.
Créeme: Crée Créeme:
no hay orgullo ni bajeza en mis palabras.

Yo te aguardaba en estos versos desde siempre.

***

Aunque se publicó en enero de 1986, Para matar el Tiempo, de Alberto Vega, entró en imprenta en diciembre de 1985, el año más fructífero de Luna de Abajo, el de Guía para un encuentro con Ángel González y los libros Vivir de milagro, de Miguel Munárriz y Último territorio, de Ricardo Labra. Para matar el tiempo fue el colofón de una intensa actividad que no se repetiría. Luna de Abajo dejaría de responder a la fuerza gravitatoria que la fijaba a «los charcos de la bocamina» (*) e iniciaría una trayectoria sin órbita fija, errática.

(*) Del poema Luna de abajo que Ángel González nos dedicó.

A continuación, se reproduce el texto de Alberto Vega que a modo de «explicación» abre Para matar el Tiempo y unos poemas del libro.

***

Debo una explicación al posible lector. A lo largo de varios años se han ido agrupando estos poemas, escritos en su mayoría como puro ejercicio, como hipotética producción de un personaje de ficción —Manuel Pomar— nacido y recreado en horas de papel, soledad y domésticos fantasmas personales. A ello, probablemente, se deban los cambios de estilo, humor y concepción del poema que pudieran advertirse en el conjunto.

Después de las dudas pertinentes, decido firmar el libro con el propio nombre por varias razones, unas de orden lógico y otras de orden mágico.

Por una parte ocurre que, sencillamente, no me apetece jugar al juego de los heterónimos (los honorarios de un psiquiatra no están al alcance de cualquier economía).

De otro lado, dos líneas de Gil-Albert, recientemente leídas por azar en una vieja publicación periódica, arrojaron la luz última y definitiva sobre mi confusión y mis prejuicios:

Nos solemNos solemos disfrazar de lo que somos.
Nos solemSin saberlo, claro.

Al presente Para matar el tiempo, en un primer borrador, seguía un subtítulo: Infancia, delirio, amor y muerte de Manuel Pomar.

Creo que yo, ocasionalmente, me he disfrazado de ese hombre (es decir, de mí mismo).

Alberto Vega (noviembre de 1985)

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***

Parábola del hombre afortunado

Del sacamuelas aquel, mezquino, sifilítico,
entrampado y miserable hasta el sombrero,
que se fue sin dejar rastro, únicamente
tuvo noticia un primo algo lejano.

Parece que contaba (entre otras cosas
de interés limitado) lo bien que le había ido
en cierta isla exótica, gozando del cuidado
que algunas buenas gentes le prestaron.

Cualquier incrédulo podría ver las fotos:

él rodeado de frutos y mujeres,
él abrazado por jefes y hechiceros
que adornaban el pecho con extraños collares
de muelas cariadas y enseñaban
grotescos y felices sus dentaduras de oro.

***

El doble

Hay un problema entre nosotros: tú
sonríes a los gatos por la calle,
mientras yo cruzo los dedos y les temo
su memoria salvaje.

Pasan rostros anónimos y tú
les vas poniendo nombres y señales,
yo en cambio me descuido entre las nubes
y silbo si me place.

Hay un problema entre nosotros: tú
vives dentro de mí y eso es muy grave.

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***

Partimos con el sol naciente
albergando la frágil convicción
de que al fin todo acabaría siendo
aventura propicia para sentirnos uno
entre tanto sentimiento amordazado,
tanta vida y tanta muerte superpuestas.

Los segundos, estatuas de agua,
crecían al azar deshilvanando el tiempo.

Las nubes arriba, tambores de silencio
para el paso inexorable de los días.

Presentíamos la duda como espada enemiga
con quien batirnos en cada encrucijada.
El camino era incierto,
soñábamos con bellos precipicios
donde arrojar lo que de amargo pudiera acompañarnos.

***

Se adivinaban ya ríos ocultos
apenas iniciados
al viaje fabuloso, a las arduas geografías
coronadas por un rumor creciente
de cántaros y peces.

Una suerte de frutas abismales
—agridulces, lejanas—
fue el hallazgo primero de nuestros labios secos.

Luego una extraña alquimia de pieles recobradas,
un ligero sopor desde las sienes
(Rastros, lugares, encuentros clamorosos
volvían bajo un signo azul y cósmico
nacido como llama entre la nieve).

Al despertar nos deslumbró la imagen imperfecta
de una estrella labrada en espejos infinitos.

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***

Enamorados de Maureen O’Sullivan

Aunque sabíamos que era de otro hombre
nuestra envidia fue siempre
más que dudosa

(Tú Tar-zán.
Yo-ser-com- Yo-ser-com-pa-ñe-ra).

Y es que en el fondo nunca descubrimos
si aquella lúbrica mujer en blanco y negro
amaba al Rey veloz y suficiente
o al tímido salvaje amigo de los monos.

***

La chica del anuncio

Bien podría comprar esas bragas que anuncia
o tratar de encontrarla a través de su agencia,
pero no,
nada nada de eso,
tuve que enamorarme
como un niño de su imán y diariamente
mirarla de reojo por las calles más céntricas.

Últimamente pienso que si cambia la chica
de las vallas que nos venden su sonrisa
no haré por encontrarla a través de su agencia:

Compraré, por despecho, esas bragas que anuncia.

***

Dios ha muerto, Marx ha muerto
(y yo últimamente no me encuentro
nada bien)

El caso es que me busco entre las cosas
vecinas, entre tanto
vino bastardo y tertulia de provincias,
jugándome los pasos a una carta
marcada en la baraja del destino
con orlas de colores y falsos paraísos,
desafiando al tiempo entre mitos y flautas.

Por lo demás, ningún problema. Gracias.

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***
Características:
• Año 1986 (ISBN: 84-86375-04-05)
• 14,5 x 20,5 cm, 56 páginas.
• Tirada: 700 ejemplares.
• [Agotado]

***

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El Ayuntamiento de Langreo, con María Esther Díaz García de alcaldesa, ha tenido el acierto de editar, a propuesta de la asociación Cauce del Nalón presidida por Francisco Villar, el libro Alberto Vega. Plenilunio (obra completa 1980-2005) que recopila toda la poesía del langreano Alberto Vega (1956-2005). Una iniciativa que constituye un doble reconocimiento y homenaje al que es un importante poeta español contemporáneo y al que fuera empleado municipal, responsable del Área de Cultura y Juventud del Ayuntamiento de Langreo desde 1985 e impulsor de numerosos proyectos culturales.

En su edición hemos participado sus compañeros de Luna de Abajo Ricardo Labra, Miguel Munárriz, Noelí Puente y Helios Pandiella. Luna de Abajo figura como marca editorial en el libro.

A continuación, cuatro fragmentos de los textos introductorios escritos por cada uno de nosotros para el libro, intercalados con poemas que Alberto nos dedicó en diferentes entregas poéticas.

***
El título Plenilunio de esta recopilación de la obra de Alberto Vega, lo explica Ricardo Labra:

[…] «Plenilunio no es un facsímile de los libros de Alberto Vega, pero sí contiene cada uno de sus poemas, de sus palabras, de sus guiños y destellos, para que de sus páginas surjan las lecturas sosegadas, las antologías temáticas y los estudios críticos que pongan en valor su valiosa obra.

El título de esta recopilación, Plenilunio, lo puso el propio Vega con la intención de nombrar a una editorial de poesía, sin saber que en aquel momento le estaba poniendo nombre a su obra poética. ¿Quién podía saberlo entonces? Al realizar las últimas correcciones del libro nos hemos dado cuenta de ello, por eso, con emoción, se lo devolvemos.» […]

***
Centro

para Ricardo

Hay un sabor a nada en cada trago,
en cada gesto avanza una prisa sin olas,
sin sentido los pájaros
sobrevuelan la luz roja de un semáforo,

fruta imposible y vana. Crece un canto
de peces de latón y hojas enfermas
en oídos abstractos,
un rumor a hombre solo por debajo del ruido.

Yo camino despacio

(Es decir, estoy vivo).

De Cuaderno de la Ciudad (1984)

***
Noelí Puente:

[…] «Un poeta local y universal a la vez. Local porque muchos de sus poemas se desarrollan en un paisaje físico que reconocemos, en una ciudad que es la nuestra, nuestra cuenca, nuestra Felguera. Y universal porque a la vez trasciende esos límites físicos y ese espacio se convierte en la ciudad que cada lector lleva dentro, encuéntrese éste en La Felguera o en Madrid, en Sevilla o en Nueva York. Es un poeta moderno, en el sentido bodeleriano, que deja meridianamente clara su actitud ética en cada uno de sus poemas. Una clase de poeta que demuestra cómo escribir verdadera poesía no es un ejercicio de bibliografía aplicada, sino un acto de talento creador cruzado con la vida.» […]

***
Día martes no trece

Con Noelí Puente

Era incapaz de escribir una palabra
ese martes cualquiera que refiero.

Era un martes —ya dije— como otro cualquiera,
si al menos fuera lunes —me dije— qué sencillo
culparle del asunto: Quién no sabe
que es un día nefasto y sin ningún prestigio.

Era un ir y venir de pensamientos romos
tras la castrada lujuria de las letras,
una trampa tendida en lo más hondo:
Allí donde no reina más que el tedio

(Era el silencio quien rondaba por mi casa,
quien se acercaba de puntillas a mis versos)

De Historia de un nudo (1992)

***
Miguel Munárriz:

«[…] Si la poesía moderna y la modernidad existe por Baudelaire tú también has inventado esa ciudad cosmopolita en la que nunca viviste y le aceleraste el corazón y la convertiste en ti mismo y peleaste en ella la palabra aristocrática y esbelta con el vulgo apestoso y maloliente del crimen. Inventaste como él los dominios excelsos de la poesía que sube del infierno y busca la protección del Ángel, el tiempo perdido y recobrado por la voz que redime la poesía. […]»

***
Perfume de una flor pisada en las aceras

Con Miguel Munárriz

Demasiadas aceras, hemos visto
cruzar miles de rostros
anónimos en busca de un pensamiento claro.

Podría cambiar todo
si existiera un dios cercano y bondadoso
en la ciudad del agobio y la costumbre.

Podría cambiar todo
al embriagarnos de gestos y palabras
si no sabe ya el vino más que a niebla

(Al descubrir que ser feliz no estriba
en hacer únicamente lo que quieres,
sino en querer simplemente lo que haces).

De Historia de un nudo (1992)

***
Helios Pandiella:

[…] Alberto decía que el poeta es un «solitario solidario», un defensor de lo inútil, «aquello que no tiene valor de cambio en una sociedad instrumentalizada», solidario con «la soledad de fondo de cada hombre». Razones éticas y estéticas profundas con las que explicaba su vocación y dedicación a la poesía que, para un descreído como yo, no avalan por sí mismas al buen poeta. Y Alberto es un buen poeta, universal, las cualidades de su poesía se deben únicamente a su personal voz, a su intransferible manera de decir; por lo que nunca precisó una oficina de política lingüística para existir. Buen poeta no porque quiso, sino porque pudo.

***
Trama

para Helios

Al norte del recuerdo cuántas horas
de fatigar aceras…

Qué niño fuimos, qué dibujo de tiza
lentamente se borra de los muros,
dónde la adolescente imaginada
como un beso profundo entre dos sueños,
o es acaso mentira que solíamos
de bar en bar desalojar el miedo
y alzar guitarras contra el aire clandestino,
que todos los caminos se incendiaron
para nosotros de falsos paraísos
y luego el duro golpe de un cuerpo despoblado…

Tal vez es la ciudad quien nos inventa
y a su capricho traza nuestras vidas
como intrincados signos de su propia historia.

De Cuaderno de la Ciudad (1984)

***
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Y el poema que cierra su último libro Estudio melódico del grito (Visor, 2005):

Un soneto disonante

No quisiera morirme sin haber vivido,
sin haber exprimido el zumo de mis horas.
Como quien rompe un acta levantado a solas
multiplico por cero las cifras del destino.

Siempre olvido el paraguas en el bar,
el sombrero del tiempo sobre mi cabeza.
Algunos días grises me inyecto en las arterias
la gota que rebosa el vaso del azar.

Deshilvanados trazos de rimas arrimadas.
Balas que silban a espaldas del presente.
Fronteras transgredidas con pasaporte falso.

Soy transparente a la luz de la memoria.
Vuelvo a calzar los pasos en mis zapatos viejos.
Y lamo las heridas del tiempo en estos versos…

***
Características:
• 15,5 x 21,5 cm, 296 páginas.
• Impreso a una (interior) y dos (cubierta) tintas.
• Tirada: 2.000 ejemplares
• PVP: 8 €
• Interesados: info@pandiellayocio.com

***

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Encuentro

Esta ciudad no tiene rostro.

Un hombre sueña flores de Ketama,
mientras dobla la esquina de los días
y le arden los ojos busca en vano
el tren azul que silba en sus zapatos.

Una mujer regresa de París,
camina por las calles con el hijo
que no tuvo, en vano se detiene
ante un hombre al que ya no reconoce.

Esta ciudad no tiene rostro.

***
De todos los libros de Alberto Vega, siempre sentí especial predilección por Cuaderno de la Ciudad (Luna de Abajo, 1984), tanto por el poemario como por su peculiar edición, cuya característica distintiva se debe a una feliz propuesta de Noelí Puente. Me reitero en ello tras el proceso de compaginación del libro Alberto Vega. Plenilunio (obra completa 1980-2005) que ha editado el Ayuntamiento de Langreo y que se presentará el próximo viernes, 19 de octubre, en la Casa de Cultura de La Felguera.

Cuaderno de la ciudad parece «un libro menor» que «salió de la imprenta disfrazado de libreta, de añejo y pobre cuaderno escolar» según Vega, pero destinado a ser un gran libro con el paso del tiempo. En él sólo envejece el motivo de un dibujo mío, de 1980, titulado A la busca de lo que pasó al lado, el otro día y que sustituyó al habitual de la escena de animales salvajes que se reproducía en aquellas libretas escolares de hace cuarenta años.

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(↑Hacer click para aumentar)

***
Fantasma

para Michi

Un fantasma es quien te llama por tu nombre
de forma inesperada
en una calle concurrida, entonces sientes
que se confunden en su rostro tus edades
—algo así como un vértigo inconcreto—
mientras buscas al azar en el desván del tiempo
la sombra más antigua del perfil que olvidaste.

Si en cuestión de segundos recuperas la infancia
y ese amigo lejano te sonríe
con la misma mirada con que lo hiciera antaño,
date por satisfecho, le has devuelto
al mundo de los vivos.

Por idéntica razón habrás resucitado

***
José Luis García Martín escribió, a modo de epílogo de Cuaderno de la Ciudad, un texto de indudable interés y calidad. Reproduzco los cuatro últimos párrafos:

«Las aceras insistentemente fatigadas (el adjetivo remite a Borges), las calles invadidas por desconocidos, el refugio de algún bar, cierta plaza con muchachas —también los gatos nocturnos y en celo—, tales son los vagos elementos urbanos que se mencionan en estos poemas. No hay culturalismo ni referencias concretas: Alberto Vega habla de cualquier ciudad, de la cárcel sin muros donde erramos todos.

Sin muros y sin escapatoria: «No soy yo quien ha salido esta mañana», leemos en el poema Viaje, irreales resultan cuantos pasos creemos dar fuera de su angosto perímetro.

Un hombre deshabitado entre la solitaria multitud de una ciudad que está en todas partes y en ninguna. Ése es el tema de este libro.

La ciudad como marco inexistente de una ausencia. Una ciudad de palabras asordinadas y pudorosas que nos conmueven con su cernudiana queja por «vivir sin estar viviendo».

***
Perdedor

para Noe

Entonces era joven, tenía los bolsillos
llenos de golondrinas,
por el contrario en la cabeza le anidaron
aves un tanto raras, pájaros del deseo.
Sus amigos se casaban los domingos
casi tranquilamente
o morían de golpe sin cuidarse
de dejar cuatro letras explicando
qué razón poderosa
les había empujado a esquivar la mirada,
cambiar de acera o sonreír con cara
de imbéciles profundos ante un pez de colores

(Esta banal historia no tendría
la menor importancia de no ser por el hombre
que navegaba ríos de ginebra
y hablaba solo en un café mientras se hundía
entre las piernas abiertas de la noche).

***
Según Ricardo Labra «La poesía de Vega tiene a la ciudad como argumento, como palimpsesto instrumental de la mayoría de sus poemas. Una ciudad sin nombre y sin rostro, anónima y universal, pero con un perfil nítido e inconfundible. Una ciudad amiga y enemiga, una ciudad amada y cainita, una ciudad áspera y germinal en cuyas sombras se debate el personaje poético del autor de Cuaderno de la ciudad, atrapado en la trama fatal de sus calles como un nuevo Ulises urbano o un Teseo en el laberinto de un destino demasiado previsible.»

Por mi parte, subrayar lo obvio en estos tiempos en que las particularidades pueblerinas han adquirido rango de normas oficiales, que la poesía para el hombre que «dobla la esquina de los días» en la «ciudad sin rostro», «anónima» de Alberto Vega está escrita —dada su vocación universal— en la misma lengua que utilizan para comunicarse los habitantes de Madrid, La Habana, Caracas o Buenos Aires, posibles lectores de cualesquiera de estas u otras ciudades de habla hispana que pudieran identificarse con los versos de Alberto Vega sin que medie traducción alguna. Porque el idioma en la poesía es, como la piel en el cuerpo humano, su mayor órgano. Las emociones estéticas, la Belleza, las verdades trascendentes no hacen un buen poema, lo hacen las palabras elegidas, exactamente esas y no otras, para componerlo según la personal manera de decir del poeta. La que nos importa.

Helios Pandiella

***
Zona

Aún se llena de muchachas y de círculos
la plaza aquella, giran todavía
en la tarde los colores de sus ropas
por las calles del barrio hasta perderse luego
entre el humo delirante y las cervezas

(Ellos saben que a la hora acostumbrada
se irá tanto deseo de los ojos.

Algunos permanecen aguardando la música
improbable y feliz de una aventura).

Yo nunca más he vuelto, aunque se dice
que un hombre sin pasado algunas noches
—especialmente tristes— contempla las paredes
y fuma silencioso y se emborracha
y paga con decoro y se va y nadie sabe
que ha cumplido una cita con sus sueños de aire.

***
Características:
Alberto Vega: Cuaderno de la ciudad, Langreo, Luna de abajo, 1984 (ISBN: 84-300-5325-5)
• 15,5 x 21,5 cm, 28 páginas.
• Impreso a una tinta.
• Tirada: 500 ejemplares.
• [Agotado]

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Luna de abajo número cinco (1990)

Arthur Rimbaud y Paul Verlaine, James Fenton, Roger Wolfe, Carlos Bousoño, José Agustín Goytisolo, Carlos Barral, Ángel González, Mario Benedetti, Emilio Alarcos Llorach, Ricardo Labra, Daniel Moyano, Bárbara Jacobs, Luis Sepúlveda, Hugo Martínez y Alberto Piquero.

Fotografías de Nieto, Herminio Sánchez. Esculturas de Adolfo Manzano.

*****
«Cuando un cuadro se pinta sobre otro cuadro, ocultando el anterior, un secreto vínculo los une para siempre, se produce una ósmosis de formas y colores, un sucederse de líneas con unas relaciones muy sutiles. De modo que el cuadro resultante, el que nosotros percibimos, no sería el mismo sin el otro: la parte más profunda que lo sustenta. Como nosotros no seríamos los mismos sin nuestros sueños, sin nuestras obsesiones, sin nuestro pasado.

Un poema suele escribirse de forma parecida (aunque el autor no pueda percatarse de ello) sobre otros muchos poemas. Los desechados anteriormente, las palabras eliminadas como una materia sobrante, los poemas leídos de otros poetas que forman parte del universo literario de cada escritor, la tradición de la propia lengua, esa otra lectura parecida a la herencia de la sangre; lo mismo puede decirse de otros estilos literarios.

Al presentar este cuaderno tenemos la impresión de que ha sido escrito sobre otros muchos cuadernos. Porque muchos han sido los deseos y los trazados que desde la oscuridad —no desde el olvido— mantienen firmes los caracteres y los grafismos de estas páginas. […]»

(Ricardo Labra, Langreo, octubre de 1990)

*****
• 17 x 24 cm, 160 páginas.
• Impreso a una y dos tintas.
• Tirada: 500 ejemplares.
• [20 euros]

(Últimos ejemplares)

Contacto:
helios@pandiellayocio.com

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Luna de abajo número 2/7. «Poesía y pintura» (1999):

José Hierro, Manuel Herrero, Fernando Beltrán, Luis Alberto de Cuenca y Luis Antonio de Villena.

• Composiciones caligráficas de dos poemas de Ángel González por Lázaro Enríquez e ilustraciones de Elías y Antonio Acebal.

***
La poesía está inmersa en cada una de las experiencias y de los procesos humanos, en nuestra relación simbólica con el tiempo, también en la más prosaica, señalada por la cotidianeidad. Perfilar el perímetro de la poesía, establecer sus contornos, podría conducirnos al último rincón de la memoria.

A las relaciones que se pueden considerar como evidentes, «poesía y teatro», «poesía y cine», habría que ir añadiendo otras cada vez más sutiles «poesía y poder», «poesía y democracia», o aquellas de índole más íntima, de marcado acento subjetivo, «poesía y soledad», «poesía y pasión», e incluso las aparentemente paradójicas, «poesía y lenguaje matemático», «poesía y ciencia»; la enumeración podría ser incesante. Quizás, porque nuestro conocimiento de lo que entendemos por realidad, tanto física como emocional, material como temporal, está basado en la analogía, la contradicción, la paradoja, la sinécdoque, la metáfora… Sustancia que no esencia de lo poético.

Pocas expresiones artísticas, si exceptuamos a la música, mantienen una relación tan rica y compleja con la poesía como la pintura, aun tratándose de dos artes tan distintas en lo que se refiere a sus medios de expresión y modos de percepción.

Decía Leonardo da Vinci que la pintura debía ser considerada «hermana de la música»; pienso que no resulta arriesgado trasladar este paralelismo a la poesía, que también está hermanada con la pintura, ya que la pintura se ha servido de la poesía para elaborar interesantes propuestas estéticas, y no digamos a la inversa. Sólo hace falta contemplar los numerosos movimientos poéticos y pictóricos de este siglo, buena prueba de las estrechas interrelaciones que existen entre los dos territorios creativos.

La pintura es un arte espacial; la poesía, un arte temporal. Muchos son los pintores que han intentado vencer el límite preciso de su frontera creativa para acercarse a la dimensión temporal de la literatura, cargando de acentos la materia de sus cuadros. En el caso de los poetas, por llevarlo a un extremo, el ideal sería alcanzar la metáfora en la que estén implícitas todas las demás; es decir, alcanzar el símbolo primordial, el grafismo cargado de profunda significación y, al mismo tiempo, de esencialidad espacial.

Dos orillas creativas, dos ángulos que tratan de iluminar el mosaico en el que estamos inmersos; hay cuadros que tenemos la impresión de haber leído y poemas que en nuestra memoria permanecen representados como un lienzo.

Ricardo Labra (Langreo, marzo de 1999)

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• Compuesto con la familia tipográfica Mrs Eaves, diseñada por Zuzana Licko de Emigre, en 1996.

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En el cuadernillo Mrs Eaves editado por Emigre en 1996, Zuzana Licko nos cuenta las razones que le indujeron a diseñar el tipo Mrs Eaves. A Zuzana siempre le había sorprendido la gran diferencia existente entre el diseño de un tipo impreso tipográficamente y el obtenido mediante fotocomposición del mismo diseño tipográfico; no tanto por las diferencias obvias entre medios tecnológicos diferentes, como por la falta de viveza obtenida por el sistema de la fotocomposición, aún a pesar de haber logrado una gran perfección en el aprovechamiento del espacio.

La renovación digital propagó el desarrollo en esa dirección, la de perfeccionar las mejoras técnicas logradas por la fotocomposición, al mismo tiempo que, según ella, reducidos los inconvenientes mecánicos, potenciaría la libertad expresiva y variedad de interpretaciones en la formación de los tipos basados en los del pasado. Y lo reflexiona, resucitando un «viejo favorito», pero desafiando el común método reduccionista de interpretar a los clásicos.

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(↑El cuaderno Mrs Eaves abierto. Hacer click para aumentar)

Manifiesta sentirse muy atraída por Baskerville e identificada con él, por haber sido muy criticada su obra tipográfica en su vida y posteriormente. Cita algunos textos, como el de D. B. Updike, en su libro Printing types (1922): «Por lo que vemos en las hojas impresas de Baskerville, las fuentes parecen muy perfectas, y sin embargo, en cierto modo, no tienen nada del sencillo encanto de la letra de Caslon. Es cierto que los tipos tientan a la vista. Los coetáneos de Baskerville, que también pensaban así, lo atribuían a su papel satinado y a su densa tinta negra. ¿Era este el defecto real? la dificultad era, supongo yo, que en sus diseños de tipos, la mano del experto en escritura se traicionaba a sí mismo al hacerlos demasiado iguales, demasiado perfectos, demasiado ‘elegantes’, y por eso atraían demasiado aparente y artificialmente, con una especie de refinamiento afectado, estéril.», e incide en su tesis de que los tipos legibles lo son por los hábitos de los lectores aferrados por la exposición repetida de determinados tipos, hábitos que cambian cada cierto tiempo.

El tipo Baskerville es de los denominados de transición por sus contrastes entre los trazos gruesos y finos —pocos años más tarde estos contrastes los desarrollaría Bodoni de manera más radical—, y ha sido asimilado como un tipo clásico de texto, a pesar de la vehemencia crítica con que se le trató.

No obstante, Zuzana Licko se plantea el reto de explorar un sendero no recorrido. El tipo Baskerville podía ser nuevo en su época gracias al desarrollo de las tecnologías de impresión y de fabricación de papel y su reto estaba motivado por el desarrollo de papeles más suaves y blancos, así como de una tinta de imprimir negra intensa. Pero lo que Zuzana ha intentado retener del tipo Baskerville es su claridad y ligereza, reduciendo el contraste, dibujando los caracteres de caja baja con una proporción más ancha que los de caja alta, y reduciendo la altura de la «x» con respecto a éstos. Por eso Mrs Eaves tiene el aspecto de un cuerpo menor que las minúsculas de las figuras tipográficas corrientes. Es su interpretación de la legible Baskerville.

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Luna de abajo número 2/7. «Poesía y pintura» (1999)
• 16,5 x 24 cm, 32 páginas.
• Impreso a cuatricromía.
• Tirada: 1.000 ejemplares.
• [Agotado]

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• Premio Motiva de 1999, en la categoría Diseño Editorial. Publicaciones periódicas.

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Bibliografía:
Premios Motiva 99, Oviedo, Asociación de Diseñadores Gráficos de Asturias (AGA), catálogo, 2000, pág. 14.

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Pocos cuentos son tan crueles como los que se han escrito para despertar a los niños, para mostrarles el mundo que les espera a la vuelta de la infancia, lleno de perdices abatidas y de sueños rotos. Muchos padres cumplen con esa obligación cada noche, y cuando cierran el libro coloreado de apariencia inofensiva, tiemblan, mientras contemplan y dan el último beso al durmiente.

Lejos de ser una ingenua conquista de lo imaginario estos precisos artefactos narrativos son un asalto, y un salto, a la realidad. Caperucita Roja es uno de esos cuentos que estremecen y continúan acompañándonos el resto de la vida, mientras atravesamos el bosque de los años. Crece como un prodigioso hongo dentro de nuestra memoria, en el que vamos encarnando cada uno de sus personajes. ¿Pero tú quién eres? —podría preguntarnos el niño que fuimos con los ojos muy abiertos—, ¿el lobo o el guardabosque, la resignada abuelita o Caperucita que llora por su perdida inocencia?

El diseñador Antonio Acebal, del estudio Forma, ha realizado una versión visual del cuento eterno de Caperucita Roja. Más que dibujos parecen fotografías del mundo inconsciente, del territorio onírico que a veces nos interroga. Pepe Monteserín ha reescrito este cuento desde ese espacio interior, cerrado y hermético de las ilustraciones, también de sus recuerdos, desde los que afloran las voces cruzadas de un cuento que no deja de crecer.

No existe nada más perturbador que un cuento para adultos escrito como si fuera para los niños.

Ricardo Labra

* * *
Algunas páginas:

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(Hacer click en cada una de las imágenes para ampliarlas)

***
Tarzana

Es la segunda vez que utilizamos en Luna de abajo una tipografía diseñada por Zuzana Licko, pues el número 2/7 lo compusimos con la familia tipográfica Mrs Eaves, y en sus páginas 26 y 27 aparece una amplia reseña de esta diseñadora. Para este cuaderno Caperucita y el lobo… hemos seleccionado la Tarzana, de 1998, porque siendo un tipo de palo seco, con el sentido geométrico que ello implica, el dibujo de sus caracteres, como la «k» o la «E», le confieren un aire informal que no compromete la legibilidad y, a nuestro entender, se adapta muy bien al estilo de mínimos recursos y gran efectividad visual de Caperucita y el lobo…, un cuento de textos muy cortos y poca variedad de grafías, logrando un interesante equilibrio entre, según palabras de la propia Zuzana, «neutralidad» y «expresividad».

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(Ampliar)

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Venta de originales
Todavía está a la venta la estampación serigráfica de la ilustración de Antonio Acebal de la página 11 (tres tintas sobre papel Creysse de 250 g/m2, estampadas en los talleres de grabado de la Escuela de Arte de Oviedo, con una tirada de 75 serigrafías numeradas y firmadas por el autor).

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Contacto: helios@pandiellayocio.com

Luna de abajo número 8 (2002)
• 24 x 16,5 cm, 24 páginas.
• Impreso a cuatricromía.
• Tirada: 800 ejemplares.

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• Premio Motiva 2003 en la categoría Revista. Boletín. Periódico.
• Seleccionado en el Select 2003 (Meeting & Select, Encuentro da la Comunicación Visual y el Diseño Gráfico, SING, Madrid) y recogido en el libro Select B. Graphic Design from Spain (2004).

Bibliografía:
Select B. Graphic Design from Spain, Barcelona, Index Boook, 2004, pp. 92-93 (ISBN: 84-89994-81-1).
Catálogo Motiva 2000-2003, Oviedo, Asociación de Diseñadores Gráficos de Asturias (AGA), 2003, pp. 150-151 (ISBN: 84-607-8901-2).

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