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Hemos subido a Issuu el libro Luna de abajo número tres. Guía para un encuentro con Ángel González, en la versión que dio forma a la tercera edición impresa de 1997 (la primera es de 1985), con algunos retoques de adaptación a esta edición digital de 2013.

Decir Ángel González es pronunciar el nombre de una ciudad, de un poeta mayor de una generación fundamental en la literatura contemporánea española, de un modo de hacer y de entender la poesía, de una forma de estar y de permanecer en el tiempo. Para el grupo de amigos que en su día formamos Luna de abajo, Ángel González, es un punto de encuentro, sin quiebra, que moviliza afectos muy profundos. Su nombre se confunde con nuestros sueños y nuestras biografías. Con él hemos comprendido que toda publicación no deja de ser un misterio más que se añade a nuestro universo cotidiano. Y este libro, y Ángel González, continúan siéndolo. Nosotros bien lo sabemos.

El próximo 17 de febrero, miércoles, la Cátedra Emilio Alarcos Llorach inicia el ciclo de conferencias del año con Darío Villavueva, secretario de la Real Academia Española y su título Emilio Alarcos, las mejores palabras en el orden mejor. A propósito de Eternidad en vilo.

El libro Eternidad en vilo (Cátedra, 2009) es una recopilación póstuma de artículos e intervenciones de Alarcos. Dámaso Alonso y Jorge Guillén, de la Generación del 27, José Hierro y Ángel González, entre sus coetáneos, figuran entre los autores analizados por Alarcos en esta selección dirigida por el profesor José Luis García Martín.

• Miércoles, 17 de febrero 2010
19.30 horas
Aula Magna de la Universidad de Oviedo

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«[…] En este libro, recogemos una muestra de los autores pertenecientes a la Asociación de Escritores de Asturias que con sus creaciones han querido sumarse al reconocimiento de la figura literaria que supone Ángel González. Sin duda, algunos de los escritores que aparecen en estas páginas han elegido sus textos debido a la influencia que el autor asturiano desplegó sobre ellos. Además, hemos querido iniciar la selección con las aportaciones del grupo Luna de Abajo que tanto tuvo que ver en el conocimiento público del poeta. […]

[…] Desde la evocación de la persona hasta la inevitable inspiración que produce la lectura de sus poemas, pasando por la sencilla, directa y propia manifestación literaria, las palabras se ordenan en cada página como por embrujo, para acabar dejando la impresión de ser, sencillamente, palabras con Ángel.»

[Del texto de presentación de Alejandra Sirvent]

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«Toda evocación del pasado es una fabulación, una ordenación interesada de los diversos materiales que se han ido sedimentando en las orillas del largo y, en la mayoría de los casos, sinuoso río de la experiencia. Cuando hablo de Ángel me asalta la impresión de que confundo el día de ayer con el del año pasado, que, además, es muy parecido al día de hoy (como puede comprobarse fácilmente). Los recuerdos de Ángel se me mezclan con los días sin Ángel, en una proporción confusa para la memoria. A veces tengo la sensación de estar viviendo unas copas por el Oviedo antiguo en su cálida compañía y de demorarme con él, sin prisa alguna en nuestros relojes, por la calle San Francisco, hasta que se apagan las últimas farolas, lo que solemos hacer con bastante frecuencia. Luego, a la hora de la despedida, me doy cuenta de mi error, de que tan sólo estaba transitando por un libro suyo, mientras —eso sí— se apagaban las últimas farolas por las calles de La Felguera. Ésta es una de las magias de la literatura, también uno de sus sobresaltos. Y es que Ángel siempre se me escapa por las esquinas del calendario, hasta que por el callejón de cualquier mes vuelve a aparecer con su sonrisa radiante y su voz de buen amigo.

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(↑Ampliar)

Ángel González es un poeta lógico, por eso resulta tan ilógico —mejor dicho, tan peligroso— para la lógica convencional, convirtiéndose en un verdadero azote para los crédulos, a los que en más de una ocasión ha conseguido escandalizar. En el libro 50 años de periodismo a ratos y otras prosas podemos encontrar abundantes ejemplos de este Ángel lógico. En un viaje a Utah, paraíso de los mormones, se encuentra en el aeropuerto con uno de los representantes de esta Iglesia, en misión evangelizadora: «[…] al que ahuyenté» —nos dice en su artículo— «encendiendo un cigarrillo y preguntándole por el bar (es bien sabido que para los mormones, los enemigos del alma son dos: el tabaco y el alcohol; así como para alejar a los vampiros no hay nada mejor que un diente de ajo, para mantener a distancia a los misioneros mormones la simple mención de un vaso de whisky es muchas veces igualmente eficaz)». Mas adelante, en otro capítulo de este libro, desea ver el retrato de William Blake en la abadía de Westminster, pero los oficios vespertinos iban a comenzar y, por lo tanto, los curiosos tenían que abandonar la abadía. Ángel se resiste a salir de aquel espacio sin haber cumplido su objetivo, por lo que finge una piedad anglicana que conmueve al edecán. En medio de las liturgias, tan depuradas, y de las voces de los niños cantores, el autor de Palabra sobre palabra llega a la siguiente conclusión: «Ahora comprendo que por los caminos de la estética se llega a muchas partes; Juan Ramón Jiménez decía que a la ética, yo pienso que incluso al error. Es tan bella la liturgia en la abadía de Westminster que, por unos instantes, dudo. Al final, todos acaban rezando por la reina, y la incredulidad vuelve a instalarse con firmeza en mi corazón».

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(↑Ampliar)

Muchas veces he hablado sobre la línea de continuidad que existe —en mi opinión— entre el personaje que habita los poemas de Ángel González y el propio autor, trazada por un evidente nexo autográfico (por utilizar la expresión afortunada de Carlos Barral). Al igual que en sus poemas, con Ángel González puede suceder cualquier cosa, ya que lleva su herramienta —o su magia— lógica hasta los lugares más insospechados, que son aquellos por los que más le gusta transitar. La noche con Ángel se transforma casi siempre en un enigma que hay que saber descifrar con el misterioso capote de los sentimientos y de las ideas. Sólo entonces se podrá salir de ella, más o menos indemne, por la puerta ancha del alba. […]»

[Del texto de Ricardo Labra en el libro]

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(↑Ampliar)

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Palabras con Ángel
• Edita: Asociación de Escritores de Asturias
• 11,5 x 18 cm
• 32 páginas
• Tirada: 500 ejemplares
• Edición no venal
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Puede verse completo en Issuu
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Hoy recordamos nuestra aportación gráfica a Los Encuentros titulados ¡Viva la literatura viva! que se celebraron los días 28 y 29 de noviembre de 1994 en el Salón de Té del Centro Cultural Campoamor de Oviedo.

Los Encuentros fue el evento literario anual más importante de Asturias en los noventa. Lo organizaba el Ayuntamiento de Oviedo a través de la Fundación Municipal de Cultura de entonces, y lo dirigía Miguel Munárriz.


Se iniciaron en mayo de 1987 con Encuentros con el 50. La voz poética de una generación, que contó con la presencia nada más y nada menos que de Claudio Rodríguez, Francisco Brines, Ángel González, José Agustín Goytisolo, José Manuel Caballero Bonald y Carlos Barral, entre otros.

Continuó con Los Encuentros: Narrativa 80 (1988), Encuentros Hispanoamericanos. Realidad y Ficción I (1990) y II (1991), Últimos veinte años de poesía española (1992), Otra mirada sobre el mismo paisaje. Encuentro con mujeres escritoras (1993), ¡Viva la literatura viva! (1994), 50 propuestas para el próximo milenio (1995), Ejercicios de estilo (1996), Para envolver el pescado (1997), Lunáticos (1998), y Opiniones contundentes (2000).

El libro ¡Viva la literatura viva!, cuya cubierta reproducimos, se editó en 1996 y en él se recogen las inervenciones de Mercedes Abad, Andrés Amorós, Mariano Arias, José Manuel Caballero Bonald, Fernando G. Delgado, Luis García Montero, Javier García Sánchez, Almudena Grandes, Ángel González, José María Guelbenzu, Juan Madrid y Rosa Regás que aportaron su experiencia lectora, hablaron de su libro favorito y respondieron a la pregunta «¿por qué leer a los clásicos?». Todo ello entre concursos de cuentos y poesía, talleres literarios, conciertos de jazz, animación teatral y un homenaje a Julio Cortázar, que inspiró la cabecera de El Glíglico, programa en formato periódico donde se recogían todo estas actividades.

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¡Viva la literatura viva!
• 1996
• 22 x 28 cm, 176 páginas.
• 1.000 ejemplares.
Edita: Ayuntamiento de Oviedo
• Coordinación: Miguel Munárriz
• ISBN: 84-88951-29-9

Es interesante señalar lo que acontece en Asturias durante el mes de mayo, relacionado con el mundo de las Letras:

A primeros, el día 5, los de la Llingua celebran el Día de les Lletres para promocionar la lengua universal que de Pajares para acá sirve para comunicarse con la Academia de la Llingua y la Oficina de Política Lingüística.

Y a finales, el martes 27, se organizan los actos del Premio Emilio Alarcos de Poesía en la lengua local que sólo hablan 400 millones de personas, más o menos.

Dos eventos que ilustran muy bien nuestra rica realidad plurilingüe.

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Premio Emilio Alarcos de Poesía 2008

En los actos de la séptima edición del Premio Emilio Alarcos de Poesía (una de las actividades encaminadas a recordar la figura del insigne filólogo, crítico literario y poeta) que dirige Josefina Martínez y organiza la Consejería de Cultura, se presentará el libro ganador de la anterior edición, Naranjas cada vez que te levantas, de Julio Rodríguez.

A continuación, la lectura del fallo del ganador de 2008. Y para cerrar, como en anteriores ediciones, un recital poético en el que este año intervendrán: José Luis García Martín, Aurora Luque, Josefina Martínez, Susana Rivera, Luis García Montero y Joaquín Sabina, el popular cantoautor de la expresiva imagen del dedo en la zeja (con «z»).

27 de mayo de 2008
Salón de Actos del Real Instituto de Estudios Asturianos (Palacio del Conde de Toreno. Plaza Porlier, 9, primera planta. Oviedo)
20.00 horas

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Eternidad en vilo

Antes, por la mañana, a las 12.00 horas, en el Campus del Milán y organizado por la Cátedra Emilio Alarcos, habrá un recital poético titulado Eternidad en vilo en homenaje a Ángel González. Participarán los mismos autores que lo harán por la tarde en el Premio Alarcos de Poesía, arriba citados.

Este 23 de abril, Día del Libro, se ha inaugurado en la Biblioteca de Asturias Ramón Pérez de Ayala de Oviedo una exposición bibliográfica dedicada a Ángel González, con el título: Lúcido Ángel. Ángel González, exposición bibliográfica (1925-2008).

El acto contó con un gran despliegue institucional, asistencia incluida del presidente del Principado de Asturias, Tini Areces, cumpliéndose aquello de que «la economía tira de la política y la política de la cultura» (¿qué nos deparará la recesión económica?).

La muestra permanecerá abierta al público hasta el día 1 de junio de 2008, en Oviedo, y posteriormente en Gijón en la Biblioteca Pública Jovellanos, desde el 5 de junio al 6 de julio de 2008.

La exposición ha sido coordinada por Javier Lasheras, escritor, «activista de las letras» y expresidente de la Asociación de Escritores de Asturias. Un tipo solvente. No hay en Asturias, actualmente en activo (que conozcamos), una persona tan idónea para asumir estos encargos. Y eso que en esta región producir no produciremos mucho, ni crearemos riqueza, pero si se levanta una piedra es probable encontrar un escritor, un artista o un diseñador (por este orden). Ignoramos por qué las instituciones asturianas, tan infladas, no se aprovechan de él. Redundaría en beneficio de todos.

↑Javier Lasheras con la periodista Pilar Rubiera, de La Nueva España, poco antes del comienzo del acto inaugural de la exposición.

Para esta muestra se ha editado un libro que recoge la relación catalográfica de los fondos bibliográficos de la Biblioteca de Asturias Ramón Pérez de Ayala (Oviedo) y de la Biblioteca Pública Jovellanos (Gijón) sobre Ángel González, además de algunas de las Angelgrafías realizadas por Lázaro Enríquez en el año 1999 para Luna de Abajo y el texto «Diálogo con uno mismo a través de 5 preguntas formuladas», extraído de Guía para un encuentro con Ángel González, conjuntamente reproducidos en los paneles de la exposición que, según Javier Lasheras, sirven para orientar y tratar de sumergir al visitante en el sentido de la obra de Ángel y «en las que la escritura del calígrafo —signos y evocaciones dibujadas— dialoga con la voz del poeta».

El libro se completa con el estudio «Lúcido Ángel» de Javier Lasheras, 50 citas de diferentes y variopintos autores sobre la obra de Ángel González y nueve fotografías realizadas entre 1984 y 1997 con Ángel como único protagonista. Siete son de Pepe García, las hizo en 1984 para Luna de Abajo y una de ellas se publica en esta edición por primera vez. Con el retrato de Ángel González en la cubierta hemos querido rendir, implícito, un homenaje a nuestro querido Pepe García que tan pronto nos dejó.

↑Ángel González en Oviedo, 1984. La fotografía de Pepe García utilizada en la cubierta del libro, al completo.

↑Ángel González en una de las instalaciones de la fábrica Duro Felguera, (La Felguera, 1984) ya sin actividad, pocos años antes de su desmantelamiento. Fotografía inédita de Pepe García.

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Sirva para cerrar esta entrada un fragmento de «Lúcido Ángel», de Javier Lasheras:

«[…] más allá de la alta calidad de sus palabras, de sus notables conocimientos para su distribución en el verso, en la frase o en la estrofa, de la rima y de los ritmos, de las pausas, el tono, los encabalgamientos o las aliteraciones, más allá del fulgor de sus registros coloquiales y del acierto en el uso de muy variados tropos —por supuesto, en ocasiones arriesgados—, incluso más allá de sus temas y argumentos, Ángel González nos muestra y nos abre una ventana al encuentro de la lucidez y la emoción en la calle del arte poético, sin abandonar un compromiso y una constancia moral que como ciudadano del mundo ha sabido desplegar a lo largo de sus 50 años de escritura.»

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• 18 x 22 cm, 96 páginas.
• Edición no venal.
• Tirada: 500 ejemplares.
Promueve: Consejería de Cultura y Turismo
• Edita: Biblioteca de Asturias Ramón Pérez de Ayala
• Coordina: Javier Lasheras

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Durante los días 7 y 8 de noviembre de 1997 se celebró en Oviedo un importantísimo homenaje a Ángel González. Lo organizó la entonces entusiasta directiva de la asociación cultural Tribuna Ciudadana, formada, entre otros, por José Galán, Covadonga Bertrand, Adolfo Galán y presidida por Manuel Herrero, bajo la batuta de Ricardo Labra. Sus artífices dieron en llamar a este evento Ángel González en la generación del 50. Diálogo con los poetas de la experiencia.

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↑Ángel González, el pasado 3 de diciembre, en el paraninfo de la Universidad de Oviedo.
Ha fallecido Ángel González, el poeta de la «inmediatez de la vida». Dos días después de la anterior entrada de este blog que abría con una caligrafía-retrato de Ángel realizada por Lázaro Enríquez para el cuaderno de Luna de abajo Angelgrafías, en 1999.

Conocí a Ángel González a través de Luna de Abajo, de mis amigos Ricardo Labra, Miguel Munárriz, Noelí Puente y Alberto Vega —también tristemente fallecido hace año y medio y al que Ángel González dedicó algunas elogiosas palabras en más de una ocasión—. Con mis compañeros de aventuras literarias he compartido muchas emociones poéticas. Una de ellas, especialmente intensa, fue la preparación y edición del libro Guía para un encuentro con Ángel González, en cuyo proceso editorial pudimos tratarlo en persona. Siempre hemos agradecido su generosa participación, la afectuosa amistad que inició.

Recuerdo con especial emoción la primera recepción que ofrecimos a Ángel, acompañado por Susana Rivera, en el patio de la casa de Alberto Vega, La Felguera, en julio de 1984. La respetuosa distancia protocolaria inicial que en apenas dos horas dio paso a la cercanía y confianza que sólo una guitarra y unos boleros de por medio pueden lograr. Y hubo más encuentros y más noches.

Aunque fui un asiduo lector de poesía hasta esos años ochenta, en Luna de Abajo era el grafista, no me dedicaba a escribir; una posición que establecía un punto de vista diferente en la elaboración de los proyectos. Pero gracias a mis amigos de Luna de Abajo empecé a leer a Cernuda, Gil de Biedma, Goytisolo, Brines y, por supuesto, a Ángel González.

Después, el tiempo que he dedicado a la lectura poética se tornó ocasional, disperso; pero siempre es una cita obligada releer a Ángel González, disfrutar con la lucidez y la inteligencia que manifiestan las condensadas reflexiones que dan forma a sus poemas, dotados de esa expresividad capaz de rebasar el género literario al que pertenecen. Sin perder su esencia poética, logran despertar el interés de cualquier lector no habituado a la poesía, como sólo los grandes saben hacerlo.

«Helios, se nos fue el calígrafo», fueron las palabras de Ángel que me dirigió tras saludarnos por última vez el pasado 3 de diciembre, al finalizar el acto homenaje de su investidura como doctor honoris causa en el paraninfo de la Universidad de Oviedo. Sirva otra angelgrafía de despedida, seguida de un texto inédito del propio Ángel González dedicado a las caligrafías de Lázaro Enríquez.

Descanse en paz.

Helios Pandiella

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Todo amor es efímero

Ninguna era tan bella como tú
durante el fugaz momento en que te amaba:
urante el fugaz momento en que te amabaa:mi vida
entera.

(de Prosemas o menos, 1985)

***
Para la caligrafía de Lázaro Enríquez

Tocadas por las manos del calígrafo, las palabras escritas cantan en silencio. En realidad, la canción ha cesado ya tiempo, pero las evoluciones y los giros de su melodía no se desvanecieron en el aire. La huella de su vuelo persiste en el papel, y la canción se ve, se oye con los ojos.

Cantan las letras, se colorean, se agrupan a se dispersan en direcciones impensables. El calígrafo es, ante todo, pintor, un pintor figurativo cuyo modelo es el alfabeto. Las palabras aparecen como formas bellas en sí mismas, y el asombro ante esa belleza inesperada puede ser la causa de que en un primer momento nos desentendamos de su significado. Pero pasado ese primer momento de sorpresa, las palabras recuperan de pronto su cualidad de signos. Encontrar la belleza del significado de un texto tras haberlo admirado como forma pura es siempre un descubrimiento que nos coge por sorpresa. Y lo leemos al fin como nunca lo habíamos leído. El poema que surge por debajo de la caligrafía de Lázaro Enríquez es siempre un poema inédito, nuevo, lustral.

Ángel González

«Subí con curioso entusiasmo, como siempre, hacia el altillo poético de la librería Ojanguren, uno de esos días en los que Lloviedo hace honor a su nombre más íntimo, y unos minutos después aquel tranquilo orbayo exterior se había transformado en un brusco, radiante y desapacible aguacero.

Abrir libros al azar tuvo siempre ese riesgo. Y un culpable esta vez con nombre y título en mis manos. Un desconocido Alberto Vega y un Memoria de la noche en el que creí encontrar la confirmación de que algo distinto estaba empezando a ocurrir en el panorama poético de aquellos primeros años ochenta. Por eso, lo desapacible de pronto del día en su sentido más literal. En su sentido más hermoso, más poético también. Unos versos que agitaban el corazón de aquel lector al azar.

Veinticinco años después, o un siglo después, o tanto tiempo después, a secas, y que cada uno ponga aquí la medida, el armario o las ventanas de sus cuartos crecientes, aquel autor alcanza su particular Plenilunio al reunirse ahora en un tomo imprescindible la totalidad de una obra que vararía después de aquella inicial Memoria, en títulos tan emblemáticos como Cuaderno de la ciudad, La luz usada o Historia de un nudo, por citar tan sólo tres desapacibles vetas de una obra cuyos títulos sirven por sí solos para intuir la fuerza ámbar y la verde o roja intemperie sucesiva de un poeta de la ciudad y para la ciudad, entendida ésta, por supuesto, en su sentido más simbólico e interior. O sea, el de la vida misma. Ese semáforo roto.

Porque Alberto Vega, poeta desde la experiencia más viva, poeta entrometido hasta las entrañas más profundas de todas aquellas superficies —grandes y pequeñas— que habitó con los ojos abiertos de sus palabras, habló siempre en sus versos de las cosas que pasan y los días que no ocurren, consciente de que no hay realidad sin imaginación, ni sueño remoto que no pueda viajar sentado de pronto en el asiento de al lado del tren o el autobús de cada mañana.

Que todos estos versos lo sean ahora a título póstumo, porque Alberto Vega (Langreo, 1956-2006) se viera abocado a encender antes de tiempo el largo cigarrillo de la muerte, es tan sólo un dato biográfico más, ajeno por entero a una columna que sólo lo será en esta ocasión, como aquel primer día, de llovida y radiante celebración porque los versos de uno de los poetas esenciales de los últimos tiempos están ahora a nuestro alcance en esta cuidadísima edición confeccionada con mimo y exigencia por sus amigos poetas del grupo Luna de Abajo —Miguel Munárriz, Ricardo Labra, Noelí Puente y Helios Pandiella— y porque el corazón de seres irrepetibles como Alberto Vega puede pararse, pero nunca muere…»

Fernando Beltrán

***

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↑Presentación de la tercera edición corregida y aumentada de Guía para un encuentro con Ángel González, en el Club Prensa Asturiana de La Nueva España (Oviedo). Esta presentación formó parte del programa de actos de las jornadas Ángel González en la generación del 50. Diálogo con los poetas de la experiencia que Tribuna Ciudadana de Oviedo organizó los días 7 y 8 de noviembre de 1997. De izquierda a derecha, Noelí Puente, Alberto Vega, Ángel González, Ricardo Labra, Miguel Munárriz, Helios Pandiella y Fernando Beltrán. Arriba, Fernando Beltrán en primer plano, abre el acto. Abajo, Alberto Vega en un momento de su intervención. (Fotografías: Luisma Murias)

•••

Un año antes de fallecer Alberto Vega (2006), el 28 de junio de 2005 se presentaba en la Casa de Cultura de La Felguera (Asturias) su libro Estudio melódico del grito, editado por Visor. El acto, en el que participaron, por deseo del propio Alberto, sus compañeros de Luna de Abajo Ricardo Labra, Miguel Munárriz, Noelí Puente y Helios Pandiella, estuvo organizado por la Asociación Cauce del Nalón que preside Francisco Villar, referente ineludible de organización ciudadana en el actual Valle del Nalón.

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↑En la mesa, presentando Estudio melódico del grito, Alberto Vega en el centro, acompañado por Ricardo Labra, Helios Pandiella Noelí Puente y Miguel Munárriz (fotografía de Fernando Castro). [Ampliar]

En esa fecha, a Cauce del Nalón le faltaban unos meses para cumplir diez años de actividad y en la memoria editada posteriormente con motivo de este décimo aniversario, le tocó a Ricardo Labra hacer un repaso de las actividades poéticas organizadas por la asociación. De la presentación del libro de Albero Vega y de su poesía, escribió lo que sigue:

«De todos los actos poéticos organizados por Cauce en estos diez años, puede que el más destacado y emotivo haya sido la presentación del libro de Alberto Vega Estudio melódico del grito, celebrado el 28 de junio de 2005, en la Casa de la Cultura de la Felguera. Esta presentación estuvo llena de profundos significados. Fue un acto definitivo para Alberto Vega, que ya no está con nosotros, para Luna de Abajo, que ya nunca volverá a reunirse de nuevo, para sus familiares, amigos, lectores y seguidores. Alberto Vega ha sido un poeta germinativo y fundamental para este valle, al que puso en hora poética, en el minuto exacto del vendaval estético de estos últimos años. Inteligente, sensitivo y hermético, salvo con las palabras más esenciales y necesarias, Alberto Vega trazó una obra unitaria en la que late con fuerza un personaje urbano, un antihéroe de la epopeya humana en la que estamos inmersos, lleno de valores, de solidaridad, de bonhomía. Alberto agita en sus versos la rabia de un mundo adocenado y en sordina, con la intención de restablecer, aunque sea por un instante, las dignidades perdidas y los sueños rotos. Su poesía es un canto de juventud, tan viejo como la juventud, tan joven como el mundo que se abre en nuestros ojos cada día como una página no hoyada. Sus noches y sus lunas, sus gatos y sus aceras, preludian la otra realidad, la única que puede modificar las cosas y acaso redimirnos o salvarnos de un vulgar destino escrito por la mano espuria de los convencionalismos castradores. Alberto Vega no precisó salir de esta comarca para escribir una obra de interés universal. Su ciudad es cualquier ciudad, por eso su ciudad es Langreo. El tiempo siempre corre a favor de los buenos poetas, y Alberto Vega no hará más que crecer en la valoración de su poesía. Su obra es un legado para todos nosotros.»

***

Poeta en sol menor

Cuando era un enano, feliz y despeinado,
antes del buenas noches o el beso de mi madre
tenía la costumbre de arrugar las tardes,
para meterlas al abrigo de mi cama
de contrabando, en una manga del pijama.

Me demoraba luego en el umbral del sueño
desplegando de nuevo el mapa de sus horas,
reviviendo a mi modo los dones de ese día
—la cita con charito, el gol de la victoria—
con una sonrisa ancha de párpados cerrados.

Siempre a la luz oscura del silencio.

También recuerdo que tendía los agravios,
las afrentas, las ofensas, los muchos ninguneos
a un sol menor al que llamaba olvido.

Lo malo, lo peor, es que a esta fecha
aún no han secado del todo y apenas los sacudo
salpican mi memoria, mis lentes, mis poemas…

***

Puerto Paula

En ocasiones, con más humor que morbo
y sin nada en qué pensar, útil o provechoso,
así, como quien cursa
una imposible instancia a las alturas,
me demoro eligiendo un final para mi suerte,
la última secuencia de mi propia existencia.

Quiero dejarlo escrito: en ese trance siempre
la resaca de tu cuerpo me arrastra sin remedio
y sonrío lascivo y acabo deseando
morir frente a tus costas, compañera.
Desnudo como un náufrago en tus playas,
extraviado y feliz en nuestro mar de sábanas.

***

Quizás un corazón recoja lluvia

Probablemente buceando en mi escritorio
halle las letras o, no sé, las claves
de un nuevo y sumergido abecedario.

Tal vez en el fondo del vaso largo
de gin con agua tónica
o en la página cien de los libros más cercanos,
aquellos que al abrirlos cada día
crecen al ritmo de tu propia historia.

Quizá ni estén en este cuarto, han de traer
el aroma cabal de lo que ya no es
o el presagio futuro de lo que aún no ha sido.

Unas palabras, encontrar tan sólo unas palabras
y dirigirlas a todos y a cualquiera.
Pero de uno en uno: irrepetibles y secretas…

***

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↑Con Ángel González el 30 de mayo de 2005, en la cena de Casa Adela en Lada (Langreo, Asturias), posterior a un encuentro con el poeta organizado por Cauce y un mes antes de la presentación de Estudio melódico del grito, de Alberto Vega. De izquierda a derecha, de pie: Noelí Puente, Helios Pandiella, Ángel González, Fernanda Burón; sentados: Paula Granados, Alberto Vega y Ricardo Labra. [Ampliar]

***

Manifiesto

La palabra es muy útil, mas no sirve
para fertilizar el sexo de una espiga.
Sólo cuando roncan borrachos de fortuna
sueñan los gatos negros con números trece.

Las canciones más tristes anidan
sólo en algunas noches.

Lo malo del presente es que vivimos
grapados al dossier de los recuerdos.

Aunque fundar poemas reinventa su inventario
y abrasa un sol por venir, mientras le dibujamos
zapatos a los árboles, alas a los vasos,
puntiagudos violines al ruido del silencio…

***

Isla Tabarca

Según vendía el folleto de la agencia de viajes
aquellas calas, breves y escarpadas,
habían sido refugio de piratas
que hace siglos asolaron las costas que ahora son
residencia estival de sus tataranietos.

Yo estaba enmimismado, reactivando
lecturas juveniles (defoe, salgari, stevenson…),
ellas, a unos metros, jugaban desnudas a las palas
y de cuando en cuando se vestían de mar,
coronaban sus gracias de espuma y luz salada.

Apagué la sombrilla, encendí un ducados,
tras sacudir la toalla y replegar el diario
me alejé derrotado, silbando distraído
la balada más hermosa y amarga
escrita, en horas bajas, por un tal leonard cohen…

(La ausencia era la única arma posible
contra el supremo arsenal de sus cuerpos.)

***

Elecciones en el purgatorio

Antes no era distinto: los políticos,
cautelosos y limpios como gatos domésticos,
ya ocultaban su mierda entre nuestras cenizas.
Pero este tiempo de eurodólares enfermos
es bastante más cutre, más canalla.

Me salva el hecho —y cito textualmente
unas líneas a las que siempre vuelvo—
de que me gusten tanto los domingos mingos
y, muchísimo más, los martes mates,
besar sus pechos (sí, besar tus pechos),
echarme en su regazo y despeinarme.

He aparcado mi esperanza en doble fila,
me finjo un buen gregario y me demoro
sin rumbo ni sentido por las calles.
Y deposito en la urna de cada papelera
el inútil y abstracto voto en blanco de mi nadie.

***

Economía de medios (mejor: de miedos)

A veces suena el timbre del teléfono
y entra en casa el cartero, disfrazado de fax.

No le presto atención, mas algo en mi interior
me dice que una noche vendrá Dios
a cobrar la demora en la hipoteca de mi vida
simulando que me trae la cerveza y las pizzas
o un recibo impagado de la empresa del gas.

Entonces hará frío, será tarde
y en toda la ciudad no habrá un maldito
Banco de Horas abierto que me avale.

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↑Viñeta de la cubierta de Estudio melódico del grito. [Ampliar]

***
• Alverto Vega: Estudio melódico del grito
Colección Visor de Poesía, n.º 591
• Visor, 2005 (ISBN: 84-7522-591-8)
• 56 páginas.

***



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Buenas noches, amigos, ciudadanos, espías…

Te aguardaba en estos versos.

Entre la niebla cotidiana y unos granos de opio
elegí este horizonte de noches y fonemas
para mirar tus ojos frontalmente.

Ahora soy un príncipe encantado
bajo este aspecto de sapo un tanto lírico
que deberás besar
si quieres que este cuento acabe bien
para nosotros.
Créeme: Crée Créeme:
no hay orgullo ni bajeza en mis palabras.

Yo te aguardaba en estos versos desde siempre.

***

Aunque se publicó en enero de 1986, Para matar el Tiempo, de Alberto Vega, entró en imprenta en diciembre de 1985, el año más fructífero de Luna de Abajo, el de Guía para un encuentro con Ángel González y los libros Vivir de milagro, de Miguel Munárriz y Último territorio, de Ricardo Labra. Para matar el tiempo fue el colofón de una intensa actividad que no se repetiría. Luna de Abajo dejaría de responder a la fuerza gravitatoria que la fijaba a «los charcos de la bocamina» (*) e iniciaría una trayectoria sin órbita fija, errática.

(*) Del poema Luna de abajo que Ángel González nos dedicó.

A continuación, se reproduce el texto de Alberto Vega que a modo de «explicación» abre Para matar el Tiempo y unos poemas del libro.

***

Debo una explicación al posible lector. A lo largo de varios años se han ido agrupando estos poemas, escritos en su mayoría como puro ejercicio, como hipotética producción de un personaje de ficción —Manuel Pomar— nacido y recreado en horas de papel, soledad y domésticos fantasmas personales. A ello, probablemente, se deban los cambios de estilo, humor y concepción del poema que pudieran advertirse en el conjunto.

Después de las dudas pertinentes, decido firmar el libro con el propio nombre por varias razones, unas de orden lógico y otras de orden mágico.

Por una parte ocurre que, sencillamente, no me apetece jugar al juego de los heterónimos (los honorarios de un psiquiatra no están al alcance de cualquier economía).

De otro lado, dos líneas de Gil-Albert, recientemente leídas por azar en una vieja publicación periódica, arrojaron la luz última y definitiva sobre mi confusión y mis prejuicios:

Nos solemNos solemos disfrazar de lo que somos.
Nos solemSin saberlo, claro.

Al presente Para matar el tiempo, en un primer borrador, seguía un subtítulo: Infancia, delirio, amor y muerte de Manuel Pomar.

Creo que yo, ocasionalmente, me he disfrazado de ese hombre (es decir, de mí mismo).

Alberto Vega (noviembre de 1985)

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***

Parábola del hombre afortunado

Del sacamuelas aquel, mezquino, sifilítico,
entrampado y miserable hasta el sombrero,
que se fue sin dejar rastro, únicamente
tuvo noticia un primo algo lejano.

Parece que contaba (entre otras cosas
de interés limitado) lo bien que le había ido
en cierta isla exótica, gozando del cuidado
que algunas buenas gentes le prestaron.

Cualquier incrédulo podría ver las fotos:

él rodeado de frutos y mujeres,
él abrazado por jefes y hechiceros
que adornaban el pecho con extraños collares
de muelas cariadas y enseñaban
grotescos y felices sus dentaduras de oro.

***

El doble

Hay un problema entre nosotros: tú
sonríes a los gatos por la calle,
mientras yo cruzo los dedos y les temo
su memoria salvaje.

Pasan rostros anónimos y tú
les vas poniendo nombres y señales,
yo en cambio me descuido entre las nubes
y silbo si me place.

Hay un problema entre nosotros: tú
vives dentro de mí y eso es muy grave.

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***

Partimos con el sol naciente
albergando la frágil convicción
de que al fin todo acabaría siendo
aventura propicia para sentirnos uno
entre tanto sentimiento amordazado,
tanta vida y tanta muerte superpuestas.

Los segundos, estatuas de agua,
crecían al azar deshilvanando el tiempo.

Las nubes arriba, tambores de silencio
para el paso inexorable de los días.

Presentíamos la duda como espada enemiga
con quien batirnos en cada encrucijada.
El camino era incierto,
soñábamos con bellos precipicios
donde arrojar lo que de amargo pudiera acompañarnos.

***

Se adivinaban ya ríos ocultos
apenas iniciados
al viaje fabuloso, a las arduas geografías
coronadas por un rumor creciente
de cántaros y peces.

Una suerte de frutas abismales
—agridulces, lejanas—
fue el hallazgo primero de nuestros labios secos.

Luego una extraña alquimia de pieles recobradas,
un ligero sopor desde las sienes
(Rastros, lugares, encuentros clamorosos
volvían bajo un signo azul y cósmico
nacido como llama entre la nieve).

Al despertar nos deslumbró la imagen imperfecta
de una estrella labrada en espejos infinitos.

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***

Enamorados de Maureen O’Sullivan

Aunque sabíamos que era de otro hombre
nuestra envidia fue siempre
más que dudosa

(Tú Tar-zán.
Yo-ser-com- Yo-ser-com-pa-ñe-ra).

Y es que en el fondo nunca descubrimos
si aquella lúbrica mujer en blanco y negro
amaba al Rey veloz y suficiente
o al tímido salvaje amigo de los monos.

***

La chica del anuncio

Bien podría comprar esas bragas que anuncia
o tratar de encontrarla a través de su agencia,
pero no,
nada nada de eso,
tuve que enamorarme
como un niño de su imán y diariamente
mirarla de reojo por las calles más céntricas.

Últimamente pienso que si cambia la chica
de las vallas que nos venden su sonrisa
no haré por encontrarla a través de su agencia:

Compraré, por despecho, esas bragas que anuncia.

***

Dios ha muerto, Marx ha muerto
(y yo últimamente no me encuentro
nada bien)

El caso es que me busco entre las cosas
vecinas, entre tanto
vino bastardo y tertulia de provincias,
jugándome los pasos a una carta
marcada en la baraja del destino
con orlas de colores y falsos paraísos,
desafiando al tiempo entre mitos y flautas.

Por lo demás, ningún problema. Gracias.

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***
Características:
• Año 1986 (ISBN: 84-86375-04-05)
• 14,5 x 20,5 cm, 56 páginas.
• Tirada: 700 ejemplares.
• [Agotado]

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Luna de abajo número cinco (1990)

Arthur Rimbaud y Paul Verlaine, James Fenton, Roger Wolfe, Carlos Bousoño, José Agustín Goytisolo, Carlos Barral, Ángel González, Mario Benedetti, Emilio Alarcos Llorach, Ricardo Labra, Daniel Moyano, Bárbara Jacobs, Luis Sepúlveda, Hugo Martínez y Alberto Piquero.

Fotografías de Nieto, Herminio Sánchez. Esculturas de Adolfo Manzano.

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«Cuando un cuadro se pinta sobre otro cuadro, ocultando el anterior, un secreto vínculo los une para siempre, se produce una ósmosis de formas y colores, un sucederse de líneas con unas relaciones muy sutiles. De modo que el cuadro resultante, el que nosotros percibimos, no sería el mismo sin el otro: la parte más profunda que lo sustenta. Como nosotros no seríamos los mismos sin nuestros sueños, sin nuestras obsesiones, sin nuestro pasado.

Un poema suele escribirse de forma parecida (aunque el autor no pueda percatarse de ello) sobre otros muchos poemas. Los desechados anteriormente, las palabras eliminadas como una materia sobrante, los poemas leídos de otros poetas que forman parte del universo literario de cada escritor, la tradición de la propia lengua, esa otra lectura parecida a la herencia de la sangre; lo mismo puede decirse de otros estilos literarios.

Al presentar este cuaderno tenemos la impresión de que ha sido escrito sobre otros muchos cuadernos. Porque muchos han sido los deseos y los trazados que desde la oscuridad —no desde el olvido— mantienen firmes los caracteres y los grafismos de estas páginas. […]»

(Ricardo Labra, Langreo, octubre de 1990)

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• 17 x 24 cm, 160 páginas.
• Impreso a una y dos tintas.
• Tirada: 500 ejemplares.
• [20 euros]

(Últimos ejemplares)

Contacto:
helios@pandiellayocio.com

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Luna de abajo número 2/7. «Poesía y pintura» (1999):

José Hierro, Manuel Herrero, Fernando Beltrán, Luis Alberto de Cuenca y Luis Antonio de Villena.

• Composiciones caligráficas de dos poemas de Ángel González por Lázaro Enríquez e ilustraciones de Elías y Antonio Acebal.

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La poesía está inmersa en cada una de las experiencias y de los procesos humanos, en nuestra relación simbólica con el tiempo, también en la más prosaica, señalada por la cotidianeidad. Perfilar el perímetro de la poesía, establecer sus contornos, podría conducirnos al último rincón de la memoria.

A las relaciones que se pueden considerar como evidentes, «poesía y teatro», «poesía y cine», habría que ir añadiendo otras cada vez más sutiles «poesía y poder», «poesía y democracia», o aquellas de índole más íntima, de marcado acento subjetivo, «poesía y soledad», «poesía y pasión», e incluso las aparentemente paradójicas, «poesía y lenguaje matemático», «poesía y ciencia»; la enumeración podría ser incesante. Quizás, porque nuestro conocimiento de lo que entendemos por realidad, tanto física como emocional, material como temporal, está basado en la analogía, la contradicción, la paradoja, la sinécdoque, la metáfora… Sustancia que no esencia de lo poético.

Pocas expresiones artísticas, si exceptuamos a la música, mantienen una relación tan rica y compleja con la poesía como la pintura, aun tratándose de dos artes tan distintas en lo que se refiere a sus medios de expresión y modos de percepción.

Decía Leonardo da Vinci que la pintura debía ser considerada «hermana de la música»; pienso que no resulta arriesgado trasladar este paralelismo a la poesía, que también está hermanada con la pintura, ya que la pintura se ha servido de la poesía para elaborar interesantes propuestas estéticas, y no digamos a la inversa. Sólo hace falta contemplar los numerosos movimientos poéticos y pictóricos de este siglo, buena prueba de las estrechas interrelaciones que existen entre los dos territorios creativos.

La pintura es un arte espacial; la poesía, un arte temporal. Muchos son los pintores que han intentado vencer el límite preciso de su frontera creativa para acercarse a la dimensión temporal de la literatura, cargando de acentos la materia de sus cuadros. En el caso de los poetas, por llevarlo a un extremo, el ideal sería alcanzar la metáfora en la que estén implícitas todas las demás; es decir, alcanzar el símbolo primordial, el grafismo cargado de profunda significación y, al mismo tiempo, de esencialidad espacial.

Dos orillas creativas, dos ángulos que tratan de iluminar el mosaico en el que estamos inmersos; hay cuadros que tenemos la impresión de haber leído y poemas que en nuestra memoria permanecen representados como un lienzo.

Ricardo Labra (Langreo, marzo de 1999)

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• Compuesto con la familia tipográfica Mrs Eaves, diseñada por Zuzana Licko de Emigre, en 1996.

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En el cuadernillo Mrs Eaves editado por Emigre en 1996, Zuzana Licko nos cuenta las razones que le indujeron a diseñar el tipo Mrs Eaves. A Zuzana siempre le había sorprendido la gran diferencia existente entre el diseño de un tipo impreso tipográficamente y el obtenido mediante fotocomposición del mismo diseño tipográfico; no tanto por las diferencias obvias entre medios tecnológicos diferentes, como por la falta de viveza obtenida por el sistema de la fotocomposición, aún a pesar de haber logrado una gran perfección en el aprovechamiento del espacio.

La renovación digital propagó el desarrollo en esa dirección, la de perfeccionar las mejoras técnicas logradas por la fotocomposición, al mismo tiempo que, según ella, reducidos los inconvenientes mecánicos, potenciaría la libertad expresiva y variedad de interpretaciones en la formación de los tipos basados en los del pasado. Y lo reflexiona, resucitando un «viejo favorito», pero desafiando el común método reduccionista de interpretar a los clásicos.

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(↑El cuaderno Mrs Eaves abierto. Hacer click para aumentar)

Manifiesta sentirse muy atraída por Baskerville e identificada con él, por haber sido muy criticada su obra tipográfica en su vida y posteriormente. Cita algunos textos, como el de D. B. Updike, en su libro Printing types (1922): «Por lo que vemos en las hojas impresas de Baskerville, las fuentes parecen muy perfectas, y sin embargo, en cierto modo, no tienen nada del sencillo encanto de la letra de Caslon. Es cierto que los tipos tientan a la vista. Los coetáneos de Baskerville, que también pensaban así, lo atribuían a su papel satinado y a su densa tinta negra. ¿Era este el defecto real? la dificultad era, supongo yo, que en sus diseños de tipos, la mano del experto en escritura se traicionaba a sí mismo al hacerlos demasiado iguales, demasiado perfectos, demasiado ‘elegantes’, y por eso atraían demasiado aparente y artificialmente, con una especie de refinamiento afectado, estéril.», e incide en su tesis de que los tipos legibles lo son por los hábitos de los lectores aferrados por la exposición repetida de determinados tipos, hábitos que cambian cada cierto tiempo.

El tipo Baskerville es de los denominados de transición por sus contrastes entre los trazos gruesos y finos —pocos años más tarde estos contrastes los desarrollaría Bodoni de manera más radical—, y ha sido asimilado como un tipo clásico de texto, a pesar de la vehemencia crítica con que se le trató.

No obstante, Zuzana Licko se plantea el reto de explorar un sendero no recorrido. El tipo Baskerville podía ser nuevo en su época gracias al desarrollo de las tecnologías de impresión y de fabricación de papel y su reto estaba motivado por el desarrollo de papeles más suaves y blancos, así como de una tinta de imprimir negra intensa. Pero lo que Zuzana ha intentado retener del tipo Baskerville es su claridad y ligereza, reduciendo el contraste, dibujando los caracteres de caja baja con una proporción más ancha que los de caja alta, y reduciendo la altura de la «x» con respecto a éstos. Por eso Mrs Eaves tiene el aspecto de un cuerpo menor que las minúsculas de las figuras tipográficas corrientes. Es su interpretación de la legible Baskerville.

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Luna de abajo número 2/7. «Poesía y pintura» (1999)
• 16,5 x 24 cm, 32 páginas.
• Impreso a cuatricromía.
• Tirada: 1.000 ejemplares.
• [Agotado]

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• Premio Motiva de 1999, en la categoría Diseño Editorial. Publicaciones periódicas.

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Bibliografía:
Premios Motiva 99, Oviedo, Asociación de Diseñadores Gráficos de Asturias (AGA), catálogo, 2000, pág. 14.

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